Otro soplo de aire (caliente) en la era Trump

Según la Casa Blanca, este cambio de rumbo se debe, sencillamente, a que el cambio climático «no entra en sus prioridades»

El director de la Agencia de Protección Ambiental pretende acabar con las políticas de contención
de emisiones

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Hay una cosa que no se le puede achacar a Donald Trump: de las promesas dadas en campaña, por muy desbarradas que fueran, ninguna era una pose ficticia para rascar votos. Visto el rigor de su hoja de ruta en sus apenas tres meses de mandato, parece dispuesto a cumplirlas todas.

El muro con la frontera de México va adquiriendo forma de decreto, incluido el gravamen del 20% de las importaciones del país vecino para endosarle el coste de la obra. Más prisa aún se dio para cerrar las fronteras a los ciudadanos de siete países musulmanes, aunque el poder judicial  haya echado para atrás su medida, por el momento. Y acaba de exigirle a Europa (o lo que es lo mismo: a Angela Merkel, en su primer encuentro de la semana pasada) que apoquine más porcentaje de su PIB a armamento y aumente así su contribución a las arcas de la OTAN.

Justo después de intentar desmantelar, infructuosamente, el plan de acceso a la salud de Obama, con la oposición incluso de los sectores más radicales de su partido, era cuestión de tiempo que atacara a otra de las reformas mas importantes del expresidente demócrata: su política ambiental para frenar el cambio climático. Hoy firmará una orden ejecutiva para echar atrás las medidas más importantes tomadas por Obama en la anterior legislatura y, sobre todo, desviará el foco que priorizaba reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera.

Según un comunicado de la Casa Blanca, este cambio de rumbo se debe, sencillamente, a que el calentamiento global «no entra en las prioridades» del presidente. Y añaden que no descartan «salirse unilateralmente» del Acuerdo de París para controlar el aumento de la temperatura global de aquí a 2030 que firmaron el año pasado 103 países. A Trump le bastará con denunciarlo dentro de dos años para iniciar el proceso conforme a las leyes internacionales. El efecto arrastre en muchos de los otros firmantes sería probable, y se repetiría el fracaso del Protocolo de Kioto, que Estados Unidos, bajo el mandato de George Bush, aprobó pero no llegó a ratificar.

La llamada Orden Ejecutiva de Independencia Energética pretende eliminar el Plan de Acción del Clima, que recortaba las emisiones de gases contaminantes del sector del carbón a base de gravámenes e incentivos. Los límites se habían establecido durante el mandato de Obama con miras a reducir las emisiones un 30% de aquí a 2030 con respecto a los niveles de 2005.

Trump también revisará la directiva de su antecesor llamada Plan de Energías Limpias, que impuso restricciones específicas a las plantas energéticas y provocó un fuerte rechazo en el Partido Republicano. «Se puede responder al cambio climático sin dañar la economía gracias al carbón limpio, la energía nuclear e incluso las renovables», explicaba este lunes un asesor de La Casa Blanca, sin dar más detalles.

En cualquier caso, estos pasos dados por el magnate en sentido contrario a lo que clama el resto del planeta eran de sobra predecibles, porque no ha parado de vocear su intención de darlos ya incluso antes de presentarse las primarias de su propio partido. Al actual presidente del país más poderoso del mundo, que considera que «el cambio climático es una invención de China para dañar la productividad de la economía estadounidense», le ha faltado tiempo para detraer recursos de la Agencia de Protección Ambiental Ambiental (EPA) y trasvasarlos a defensa, esto es: la industria armamentística.

No extraña que desde la agencia no hayan emitido ni media protesta, si tenemos en cuenta que Trump colocó en la dirección, al poco de llegar al poder, a otro negacionista del calentamiento global, Scott Pruitt. Precisamente, con el cometido principal de gestionar el desmantelamiento las políticas medioambientales de Obama.


COMENTARIOS

  1. Otro joputa”


  2. Será hijo de la gran puta.