Cinco claves para entender la Cumbre del Clima de París

El acuerdo debería entrar en vigor en 2020, con vocación de perdurar hasta 2050

Según la AEI, la temperatura global del planeta aumentaría 2,7ºC en 2100, sobrepasando los +2ºC recomendados

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Representantes de 195 países, más la Unión Europea, se darán cita entre el 30 de noviembre y el 11 de diciembre en París para intentar poner al mundo en la senda de una economía baja en carbono. Las expectativas de alcanzar un resultado favorable son altas y las señales que apuntan a que nada será como antes, pero el hecho de que esta reunión sea ya la vigesimoprimera de la Convención de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático revela que no será tarea fácil. Os dejamos cinco claves para entender una conferencia (COP 21) que algunos ven como el principio del fin de la era de los combustibles fósiles:

1. El acuerdo debe ser vinculante

Se busca acuerdo universal y vinculante. Esta es la premisa básica -cómo hacer que todos los países cumplan sus compromisos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero- y el principal escollo a salvar. El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, no cuenta con la suficiente fuerza en el Congreso y el Senado norteamericanos para aprobar un acuerdo con compromisos vinculantes y busca una fórmula flexible que le permita respaldar un pacto internacional, pero que solo le obligue a cumplir leyes o compromisos nacionales. Enfrente tiene a la Unión Europea y China, que quieren compromisos de mitigación vinculantes. La pista de cómo podría ser finalmente el acuerdo la ha dado la declaración final de la reunión del G-20 hace unos días en Antalya (Turquía): «con fuerza legal», «aplicable a todos» y «ambicioso, justo, equilibrado, duradero y dinámico».

2. Un pacto universal

Maquillaje americano incluido, si la apuesta del G-20 saliera adelante sería un paso de gigante. Hay que tener en cuenta que el protocolo de Kioto, del que actualmente está vigente un segundo periodo de cumplimiento que se extiende hasta 2020, solo vincula a la Unión Europea, Noruega, Australia y Croacia, cuyas emisiones apenas representan el 11% del global. Ni Estados Unidos -primer emisor per cápita y segundo tras China en cifras absolutas-, que nunca ratificó el protocolo de Kioto, ni otros grandes emisores como Japón, Canadá y Rusia, que acabaron abandonando el acuerdo, están obligados a reducir emisiones antes de 2020, cuando se pretende que empiece a funcionar el pacto que salga de París y que ya incluiría responsabilidades para todos los países y cubriría casi el 100% de las emisiones. El acuerdo de París debería entrar en vigor en 2020, con vocación de perdurar hasta 2050.

3. Repartir las cuotas de emisión

Cerca de 170 países responsables del 95% de las emisiones han remitido a Naciones Unidas sus compromisos de reducción de emisiones a 2025 o 2030. Sin embargo, estos planes nacionales son del todo insuficientes para lograr el objetivo de que la temperatura no aumente más allá de 2ºC a final de siglo sobre el nivel preindustrial, límite considerado seguro por el Panel de Expertos en Cambio Climático (IPCC). Con los compromisos que ahora mismo hay sobre la mesa la temperatura global del planeta aumentaría 2,7ºC en 2100, según la Agencia Internacional de la Energía.

4. Mayor ambición

El acuerdo de París debería incluir un mecanismo para revisar estos objetivos al alza cada cinco años, de manera que con el tiempo vayan siendo más ambiciosos y permitan poner al mundo cuanto antes en la senda para no superar esos famosos 2ºC en 2100. Pero el tiempo juega en nuestra contra. Los últimos datos de la Oficina Meteorológica del Reino Unido (MetOffice) apuntan a que 2015 no solo será el año más cálido desde que se tienen registros, sino que se cerrará con una temperatura que por primera vez será de 1ºC por encima del nivel preindustrial. Es importante, por tanto, introducir en el acuerdo una referencia a ese largo plazo, con una cifra de reducción de emisiones a 2050, por ejemplo.

5. Ayudar a los más desfavorecidos

Este es uno de los puntos cruciales de la negociación: cómo ayudar a los países en desarrollo a adaptarse para afrontar los impactos de un planeta más cálido y un clima más extremo. La cuestión principal es quiénes aportarán los 100.000 millones de dólares anuales a partir de 2020 comprometidos en la Cumbre de Copenhague (2009), que deberían servir a los países en desarrollo para acceder a las tecnologías más limpias, reducir la deforestación y protegerse del impacto del cambio climático. Está por ver qué países contribuyen a ese fondo porque, si solo fuesen los desarrollados, potencias como China y otras emergentes quedarían fuera, cuando ya tienen índices de desarrollo y rentas per cápita superiores a algunos llamados ricos, si bien son esos países «desarrollados» los que han provocado el problema.


COMENTARIOS

  1. Me cuesta creer que una simple cumbre cambie un ápice nuestro insostenible sistema de sobreproducción, consumismo y explotación de recursos naturales


  2. Lina: Una cumbre no es la solución a nuestros problemas, pero es fundamental establecer una agenda para conseguirlo. Además, ayuda a que aumente la concienciación de la gente, lo que a su vez presiona a las empresas y a los gobiernos para que apliquen medidas contra el cambio climático. También los ODM fueron criticados por su “utopía” y hoy la pobreza severa representa la mitad que en el 2000. No seamos dramáticos


  3. Los científicos dicen que la temperatura aumentará más de 2 grados… ya veremos si en 2020 seguimos existiendo o nos habremos cargado definitivamente el planeta


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