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Medio Ambiente

El tema de nuestro tiempo

La sostenibilidad y los dilemas que trae consigo son un tema tan esencial que supondrán nuestro futuro.

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26
marzo
2026

Vagamos entre la incertidumbre, en una realidad compleja y cada día más cercana a la «modernidad líquida» de Bauman, sin saber qué es lo importante ni hacia dónde volcar nuestros esfuerzos, lo que genera aún mayor desasosiego. Con una tecnología deificada, pero por contra efímera, que hoy no satisface por sus servidumbres e incertidumbres. Y una velocidad de cambio que, si bien sentimos hoy vertiginosa, en otra época también se vivió con miedo, pero mayor esperanza. La sensación de «policrisis» nos inunda, complicando poner el foco en aquello donde podamos construir algo.

Si nos obligaran a escoger el tema de nuestro tiempo, uno debería irse a tendencias estructurales, de largo plazo. Sería algo que por su importancia viniera de lejos, pero que se mostrara agravado en la actualidad y con un futuro que la lógica señalara inaplazable. Un tema venerado y odiado, pero sólo por las ideologías contrapuestas, no por la razón que pone las cosas en su sitio. Seguro sería un tema complejo, y por su extensión, global.

Pues bien, la sostenibilidad y los dilemas que trae consigo son un tema tan esencial que supondrán nuestro futuro. No importa el color del partido político, ni la ideología, ni los lobbies, en unas décadas superaremos los 10.000 millones de habitantes, buena noticia para cualquier especie, pero una amenaza para un planeta de recursos finitos con nuestro modelo de sociedad. Los pilares que lo mantienen lo suponen todo: sociedad, medioambiente y economía. Un orden el de este trípode que varía sin importar, salvo indefensión, mientras se acepte su equilibrio. De ingenuos sería forzarlo, porque perdería la virtud de mantenerse en el tiempo o simplemente de funcionar.

Y es que, en el mundo real, el impacto cero no existe. Desde que el hombre nace y cubre sus necesidades (obviemos volver a cazar con la lanza de sílex, el decrecimiento no ha lugar), se altera la naturaleza. Aunque cada vez mejor resuelto, la industria no funciona en una burbuja, y los recursos naturales no renovables y algunos que lo son se consumen con el uso, pese a los intentos de circularidad. La entropía actúa de continuo con la naturaleza, no sólo por nuestras acciones.

Sin embargo, el mundo busca salida a la situación actual, no se espera a acuerdos internacionales. Asume la necesidad de comportarse con el planeta, pero priman otras cosas: «First grub, then ethics» (B.Brecht). Poner de acuerdo ambos acercamientos a la realidad es la única solución. Es el futuro.

Habrá decisiones que nos lleven a vivir en un planeta más inhóspito y menos generoso, mientras que con otras más acertadas continuaremos disfrutando períodos de abundancia. Pero todo dilema obliga a decidir. 

Debemos defender que quizás se pueda cambiar una cosa por la otra, huir del todo o nada y de la falta de diálogo meditado que tanto daño hace al modelo de sostenibilidad y cambiarlo por una postura de comprensión. Comprender que es inútil ser tajante y asumir cómo el progreso continúa para que esto siga funcionando, para aceptar lo que llega ahora.

En cuanto entendamos la situación de catástrofe, aceptaremos que unas cosas lograrán solucionarse de manera ideal, mientras otras se tendrán que compensar. Aceptaremos que hay que adaptarse a lo inevitable, ya que siempre vamos por detrás de lo que ocurre; la sociedad es producto de la acción humana, pero no del diseño humano, según el pensamiento de F. A. Hayek.

Hoy, la sostenibilidad, o nuestro alejamiento de ella, mide o valora nuestros actos. Por ello, debemos emplearla correctamente y con detalle, como el mejor instrumento para contribuir al desarrollo de la sociedad que deseamos. Será la medida de las compensaciones que aceptamos, el juicio final de nuestras decisiones. Y si al elegir una solución en principio sostenible aceptamos una serie de intercambios con ella que por ingenuidad o indolencia terminen agotando la solución, nos alejaremos de igual forma de la sostenibilidad.

Hoy, se entiende cómo, al querer mitigar el cambio climático descarbonizando mediante energías limpias, necesitaremos adecuar la cadena de suministro completa a la nueva demanda. Esto exige la extracción de recursos y la alteración del medioambiente. Algo ineludible que acompaña a las soluciones que buscamos, ya que pocas decisiones aparecen sin intercambio; el desafío es lograr un buen equilibrio.

No pudo de mejor manera E. Morin definir el desafío de complejidad en la globalidad: existe complejidad mientras sean inseparables los componentes diferentes que constituyen un todo. Parece que no hemos entendido que la sostenibilidad es un desafío de gran complejidad, donde los problemas ambientales, sociales y económicos no son singulares, van de la mano. Existe un tejido «interdependiente, interactivo, interretroactivo» que los vuelve uno. 

La sociedad puede aceptar ciertos esfuerzos a la hora de perseguir una economía más sostenible, pero se le debe explicar la importancia de los intercambios o compensaciones que incluyen las decisiones que toma. De otra manera, condenaremos a la sostenibilidad al rechazo o la desafección, por suponer erróneamente que el ser humano tolera de forma gratuita el sufrimiento.


Luis de la Torre de Palacios es director de la Cátedra Robeco (UPM) en Sostenibilidad y Recursos Primarios. Pfsor. ENAE Business School.

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