¿Quiso quemar Carlos III ‘Las Tres Gracias’?
La corte del rey Carlos III destacó por su gran mojigatería y, a pesar de ello, contaba entre sus posesiones con uno de los cuadros más revolucionarios, por lo explícito de sus desnudos, de su momento histórico: ‘Las Tres Gracias’ de Rubens.
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En ocasiones, las ideas preconcebidas que tenemos de determinados momentos y personajes históricos pueden llevarnos a crear o creer bulos que se generan alrededor de los mismos.
Tendemos a pensar en la Edad Media europea como un período terriblemente oscuro y yermo de avances cuando los estudios históricos nos revelan que no alcanzó tales extremos de negrura. Al contrario, durante aquellos años Occidente vio nacer instituciones tan importantes como las universidades. Otro ejemplo es que llegamos a considerar al filósofo Nietzsche (1844-1900) como precursor del nazismo, cuando la obra en que se basa dicha consideración, La voluntad de poder, y de cuyas ideas se apropió Hitler (1889-1945), fue editada por la hermana del pensador tras su muerte, a partir de varios fragmentos descontextualizados a los que ella misma añadió algunas aportaciones.
En ocasiones, tópicos del estilo se generan por la confluencia del sentir mayoritario de las personas que vivieron determinada época histórica sobre un personaje de cierta relevancia durante dicho período. En España, cuando reinaba Carlos III (1716-1788) en la segunda mitad del siglo XVIII, la sociedad atravesaba un período de severa carestía. Además, en aquellos tiempos la pintura española comenzó una transformación al abrir sus puertas a numerosas escuelas pictóricas extranjeras. Pero el arte, para el pueblo llano, se limitaba al que podía observar en los lugares de culto religioso.
A Carlos III se le recuerda como uno de los monarcas españoles que con más ahínco alimentó el amplio catálogo artístico de España. Adquirió numerosas obras que, con el tiempo, se han convertido en piezas icónicas del Museo del Prado. Entre ellas, el único Rembrandt con que cuenta el museo, Judith en el banquete de Holofernes. El regente mostró tanto ímpetu en su objetivo de enriquecer la colección real de pinturas que, entre otros apodos que le ha regalado la historia, llegó a ser conocido como el «dictador de las Artes».
Años antes de su reinado, otro monarca, Felipe IV (1605-1665), también había adquirido numerosas pinturas de la máxima relevancia. Entre estas, la inigualable obra de Pedro Pablo Rubens (1577-1640) Las Tres Gracias. Una obra que el artista había realizado para su colección privada, como parece demostrar el hecho de que estuviese pintada sobre madera de roble y no sobre un lienzo. Otros cuadros privados del autor, como retratos de diferentes miembros de su familia no destinados a la venta ni nacidos de ningún encargo, están igualmente ejecutados sobre este material. A su muerte, se procedió a subastar sus bienes, y entre ellos figuraba este mítico cuadro con que se hizo Felipe IV.
Las Tres Gracias fueron colgadas, junto a otras célebres pinturas, en el real Alcázar de Madrid, ubicado donde actualmente lo está el Palacio Real. Si bien el monarca no tenía reparo alguno en exhibir la desnudez de aquellos cuerpos femeninos que tan magistralmente compusiese Rubens, tanto esta como otras pinturas con desnudos permanecían la mayor parte del tiempo tapadas, para evitar que la reina, más púdica que su consorte, pudiese verlos. Y así permaneció hasta que, en 1734 se incendió el edificio.
Tanto la pintura de Rubens como otras muchas de artistas tan excelsos como Durero, Mantegna, Tintoretto, Velázquez, Tiziano o Caravaggio pudieron ser rescatadas del incendio y se repartieron entre diferentes dependencias reales y del clero. Sería ya reinando Carlos III cuando dichas obras se reuniesen de nuevo y se sumasen a las muchas que el regente había adquirido.
En tiempos de Carlos III, los cuadros de la colección real que contenían desnudos permanecían escondidos
Cierto es que hablamos de una época en que reinaba una moral recatada, y que pinturas con desnudos tan rotundos como los de Las Tres Gracias quedaban lejos de poder ser admirados por el pueblo llano. También lo es que Carlos III prefería agasajar a este con obras arquitectónicas menos cuestionables y que lograsen ganarle su favor. Estas circunstancias tal vez hayan motivado que llegue hasta nuestros días una anécdota que carece de certificación histórica. Se dice que Carlos III, indignado ante la exhibición de aquellas tres figuras femeninas en absoluta desnudez, llegó a ordenar que se procediese a su quema. Tal vez el incendio del Alcázar, ubicación original del cuadro, y la mojigatería de la corte hayan conformado este popular bulo.
Lo cierto es que Las Tres Gracias no fueron quemadas, que se recluyeron durante años, junto a otras obras pictóricas que incluían desnudos, en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, que de allí pasarían una sala reservada del Museo del Prado y que en 1839 quedaría definitivamente expuesta ante el público toda su magnificencia en una de las salas recién creadas para la pintura flamenca.
Vivimos tiempos en que los bulos surgen como por generación espontánea. El origen suelen ser tópicos como el de la moral reinante en nuestro país mientras reinaba Carlos III, pero cuentan además con una intencionalidad poco edificante para nuestro avance como sociedad. En el caso del bulo acerca de la quema de Las Tres Gracias, tal vez se trate únicamente de un deseo de añadirle mitología a un cuadro ya de por sí mítico.
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