Plásticos biobasados
La innovación en el sector del plástico mira hacia la naturaleza
La bioeconomía y los productos biobasados reivindican su valor como solución con capacidad transformadora de la cadena de valor del plástico.
Artículo
Si quieres apoyar el periodismo de calidad y comprometido puedes hacerte socio de Ethic y recibir en tu casa los 4 números en papel que editamos al año a partir de una cuota mínima de 30 euros, (IVA y gastos de envío a ESPAÑA incluidos).
COLABORA2026
Artículo
El plástico es un material conocido por su versatilidad, que lo convierte en un aliado fundamental para muchas actividades humanas. Desde hace años, también lo es por la enorme capacidad de innovación de su industria, embarcada en un viraje transformador de su cadena de valor en clave sostenible. El reciclaje o la bioeconomía y las soluciones basadas en la naturaleza son algunas de las paradas más emblemáticas de ese viaje. Para reflexionar sobre las implicaciones y los desafíos de los plásticos biobasados, materiales que se piensan desde el inicio de la cadena de valor y que, frente a las tradicionales fuentes fósiles, se producen desde la regeneración orgánica, Ethic y Plastics Europe celebraron un encuentro en el que representantes institucionales, investigadores científicos y empresas debatieron sobre el potencial de la innovación y la economía cuando se piensa, desde el principio, en el origen.
«Tendemos a creer que innovar es hacer cosas cada vez más pequeñas, complejas y difíciles de producir. Sin embargo, algunas de las soluciones que podemos necesitar en la actualidad se encuentran en laboratorios que llevan millones de años funcionando», apuntó Luis Quevedo, quien actuó como maestro de ceremonias, en el arranque del evento. Unas soluciones basadas en la naturaleza que es necesario compaginar con la creciente necesidad de «materiales funcionales, escalables y económicamente viables, y todo ello sin comprometer unos límites ambientales cada vez más exigentes», recordó este divulgador científico.
Apuesta europea
Los productos de plástico biobasados llevan prácticamente un cuarto de siglo entre nosotros. Sin embargo, su implantación es todavía muy escasa: únicamente menos del 1% de los productos de plástico que hoy se comercializan en el mercado están basados en estas tecnologías. Europa es consciente de este déficit y desde la Comisión se están poniendo en marcha diversas medidas encaminadas a repensar la cadena de valor del plástico. Una de estas propuestas es Biotech Act, la iniciativa reglamentaria de la Comisión Europea destinada a potenciar la competitividad, la biofabricación y la soberanía tecnológica en biotecnología.
«La situación en Oriente Medio tiene que hacernos reflexionar sobre cómo Europa puede ser menos vulnerable respecto al acceso a esos materiales que son fundamentales en nuestro día a día. Y la bioeconomía La bioeconomía puede ayudar a Europa a ser más competitiva y resiliente siendo menos dependiente», señaló Luis Planas Herrera, miembro del Gabinete de Medio Ambiente, Resiliencia Hídrica y Economía Circular Competitiva de la Comisión Europea, protagonista del primer diálogo de la jornada.
Repensar el origen
Las bases de la bioeconomía fueron objeto de debate en el siguiente segmento de la jornada. Alicia Martín, directora general de Plastics Europe en la región Ibérica, vaticinó que los «biobasados serán una palanca clave para la innovación y la descarbonización de la cadena de valor del plástico». Eso sí, no como solución aislada, sino «dentro de un mix en el que también estarán el plástico reciclado y otras soluciones complementarias», puntualizó.
Luis Planas Herrera: «La bioeconomía puede ayudar a Europa a ser más competitiva y resiliente siendo menos dependiente»
Martín hizo referencia a la normativa como elemento esencial para avanzar en la senda del bioplástico. En este sentido, reclamó «un marco normativo claro y con definiciones precisas que eviten confusión y prevengan el greenwashing; criterios de sostenibilidad armonizados y un mercado tractor que permita escalar a través de objetivos vinculantes de contenido biobasado, compra pública verde y esquemas de responsabilidad ampliada del productor que incluyan contenido bio».
«La bioeconomía y la economía circular son, si no la economía del presente, la del futuro inmediato», afirmó Alberto Quijano, director general de Medio Ambiente y Cambio Climático de la Consejería de Fomento, Vivienda, Ordenación del Territorio y Medio Ambiente de Cantabria. La comunidad autónoma cántabra ha puesto en marcha una estrategia conjunta que incluye ambos conceptos, en una doble apuesta con derivadas tanto económicas como sociales. Y es que, según expuso Quijano, «estas soluciones, además de generar valor añadido a los productos, favorecen la cohesión territorial y permiten fijar población en lugares más despoblados».
Ana Plaza, directora de Comunicación de la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (ASAJA), incidió en la importancia de hacer una comunicación muy didáctica de cuestiones que a veces cuesta trasladar a la opinión pública: «Bioeconomía, biogás o biocombustibles son conceptos que suenan lejanos pero describen realidades que el agricultor y el ganadero conocen de sobra. El reto no es explicarle al campo lo que es la bioeconomía, sino que quienes la desarrollan aprendan también a escuchar y a hablar con quienes llevan generaciones practicándola sin saberlo. El problema no es de comprensión, es de traducción. Y esa traducción es nuestra responsabilidad».
Por su parte, Margarita de Gregorio, secretaria general de Bioplat —la Plataforma Tecnológica y de Innovación Española en Biocircularidad— y CEO de la Asociación Española de Biocircularidad (Biocirc), subrayó la importancia de impulsar modelos biocirculares capaces de cerrar ciclos productivos de base orgánica como vía para «sustituir progresivamente una economía basada en recursos fósiles por una economía desfosilizada, mucho más autónoma y territorialmente conectada».
De Gregorio defendió que la biocircularidad constituye una palanca clave para acelerar el desarrollo de la bioeconomía europea y advirtió de que Europa no debe imponerse barreras innecesarias al despliegue de las soluciones biobasadas. En este sentido, señaló que «hay que superar la división artificial entre los usos energéticos y no energéticos de la biomasa, porque el petróleo nunca ha tenido esa frontera: históricamente ha podido transformarse y craquearse en instalaciones integradas capaces de obtener múltiples productos finales de forma simultánea, aprovechando sinergias tecnológicas y económicas esenciales para viabilizar los procesos. Si incorporamos una visión verdaderamente integradora de la bioeconomía y la biocircularidad, avanzaremos en soberanía estratégica, competitividad industrial y aprovechamiento eficiente del carbono renovable en todos los sectores de la economía».
Caso de éxito
A pesar de que la bioeconomía sigue teniendo una implantación limitada, existen destacados casos de éxito que ponen de manifiesto su enorme potencial. Uno de ellos es el de Benviro, Premio Princesa de Girona CreaEmpresa 2026. Patricia Aymá es su cofundadora, presidenta y CTO. «Somos la primera empresa europea que ha validado industrialmente la producción de bioplástico biodegradable por bacterias a partir de residuos orgánicos. Ahora trabajamos en acelerar la adopción de los bioplásticos en el mercado mediante formulaciones adaptadas a líneas de producción actuales y orientadas a diferentes aplicaciones en sectores como la agricultura, la alimentación y la cosmética», afirmó.
Esta biotecnóloga, que se considera a sí misma «entrenadora de bacterias», explicó cómo la biotecnología abre un importante nicho de empleo para las nuevas generaciones. «Hay que superar aún importantes retos regulatorios, de mercado y de desinformación, pero tenemos muchas oportunidades de crear motores de economía con propósito que están a nuestro alcance».
De la naturaleza al producto
Precisamente de realidades tangibles trató la última mesa de la jornada. En ella, José Antonio Costa, director gerente de AIMPLAS, Instituto Tecnológico del Plástico, recordó que «ya existen numerosos bioproductos en los ámbitos del embalaje, la agricultura, la electrónica verde, la medicina o la automoción». Sin embargo, a pesar de estos avances, el mercado sigue siendo pequeño. ¿Por qué? Costa destacó tres grandes cuellos de botella: «Las materias primas, en las que Europa está rezagada por su falta de autonomía estratégica y las trabas regulatorias. La escalabilidad, es decir, cómo lo llevamos al mercado. Y, por último, un mercado en el que hay demasiada confusión. Porque si a los profesionales nos cuesta a veces diferenciar las implicaciones de cada material, imaginemos al consumidor».
Paula Sanabria, directora senior EMEAI, Marketing y Desarrollo Comercial, Soluciones Circulares y de Bajo Carbono en LyondellBasell, resaltó los esfuerzos realizados en los últimos años por la compañía en la producción de material bio atribuido y reciclado como estrategia para incrementar la circularidad de los plásticos y reducir su huella de carbono. Un esfuerzo que han tenido que contar muy bien tanto a sus clientes como a los reguladores. «No estábamos acostumbrados a tener que explicar nuestros procesos productivos, pero ahora ese relato es un factor clave, porque los clientes y los reguladores tienen que encontrar sentido a cómo hacer encajar esas soluciones en su negocio y legislaciones».
Alicia Martín: «Los biobasados serán una palanca clave para la innovación y la descarbonización de la cadena de valor del plástico»
También Repsol se encuentra en pleno proceso de transformación industrial en línea con su estrategia para alcanzar su compromiso de cero emisiones netas en 2050. «Estamos transformando nuestros complejos industriales en hubs multienergéticos más competitivos y haciendo más eficientes nuestros procesos para reducir sus emisiones de CO2. En la actualidad tenemos dos biorrefinerías en España, una ya en marcha y otra que entra en producción próximamente. Estas biorrefinerías nutren de materia prima a nuestros negocios. Gracias a ellas, podemos ofrecer a nuestros clientes soluciones a escala industrial como los combustibles de origen 100% renovable, Repsol Nexa, o la gama de materiales biocirculares Repsol Reciclex®», expuso Noemí Artal, gerente de Reciclex en Repsol.
También intervino Javier Mena, coordinador científico de CLaMber (Instituto Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario y Forestal de Castilla-La Mancha, IRIAF), un centro público que cuenta con una biorrefinería de segunda generación que trabaja con biomasa para obtener bioproductos a escala demostrativa. «Ayudamos a las empresas a pasar del laboratorio a la fabricación a una escala intermedia, reduciendo riesgos y costes reales de operación», explicó. ¿Qué hace falta para incrementar esa velocidad de transmisión de los planteamientos teóricos al mercado? «Más investigación para mejorar eficiencia y aprovechar todos los compuestos de valor de la biomasa», concluyó Mena.
El cierre del evento, a cargo de Luis Quevedo, maestro de ceremonias, dejó una idea de fondo. Poco a poco, los biomateriales dejan de ser una promesa marginal para empezar a ocupar un lugar real.
La naturaleza no es solo origen; es también método, un sistema que lleva millones de años resolviendo problemas con eficiencia, economía y equilibrio. Y es ahí donde hay una vía, porque avanzar en circularidad es una de las formas más rápidas, accesibles y fiables de reducir el impacto de los plásticos.
Para lograrlo, se requiere ciencia, industria, regulación, inversión y colaboración. Ese es el reto que queda por delante y también la oportunidad de hacer que los plásticos biobasados no sean solo una alternativa, sino una parte natural de la nueva economía.










COMENTARIOS