TENDENCIAS
Sociedad

Los jóvenes y el alcohol, ¿cambian los patrones?

Aunque el alcohol sigue presente en la adolescencia, su consumo y las conductas extremas están disminuyendo. Al mismo tiempo, aparecen iniciativas y tendencias que fomentan un consumo más consciente.

¿QUIERES COLABORAR CON ETHIC?

Si quieres apoyar el periodismo de calidad y comprometido puedes hacerte socio de Ethic y recibir en tu casa los 4 números en papel que editamos al año a partir de una cuota mínima de 30 euros, (IVA y gastos de envío a ESPAÑA incluidos).

COLABORA
20
enero
2026

Es divertido, anima las fiestas, produce una sensación agradable, ayuda a sobrellevar un bajón emocional o facilita la desinhibición y las relaciones sociales. Estos son los motivos principales por los que los jóvenes de hoy consumen alcohol, según la última edición de la Encuesta sobre el Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias (ESTUDES) del Ministerio de Sanidad, publicada en noviembre de 2025. Así se presenta el alcohol cuando empezamos a beber, aunque conozcamos las consecuencias: enfermedades hepáticas, cardíacas, cáncer y trastornos de salud mental y del comportamiento. Según la Organización Mundial de la Salud, el alcohol está relacionado con más de 200 enfermedades, traumatismos y otros problemas de salud. A pesar de todo, nos cuesta ver el alcohol como una droga. Su consumo está tan normalizado que, a menudo, damos más explicaciones por no beber alcohol que por beberlo.

De hecho, el alcohol sigue siendo, con diferencia, la droga más consumida entre adolescentes. Según la encuesta ESTUDES, el 73,9% del alumnado de entre 14 y 18 años afirma haber consumido alcohol alguna vez en su vida. Si se acota el periodo a los 30 días previos a la encuesta, el 51,8% había bebido alcohol, el 24,7% había practicado binge drinking (consumo en atracón) y el 17,2% reconocía haberse emborrachado. El inicio del consumo, además, se produce a edades muy tempranas. Quienes han probado el alcohol lo hicieron por primera vez, de media, a los 13,9 años, un dato que prácticamente no ha variado desde 2012. El consumo semanal empieza, en promedio, a los 14,8 años, mientras que la primera borrachera ocurre alrededor de los 14,6 años. Aun así, el informe muestra algunas mejoras respecto a 2023, especialmente en el consumo reciente, lo que apunta algunos cambios en los patrones de consumo juvenil.

Si echamos la vista más atrás, este cambio de tendencia es más evidente. En 1996, cuando se publicó la primera edición de esta encuesta, el consumo de alcohol estaba todavía más extendido: el 81,7% de adolescentes había bebido en los doce meses previos y el 40% lo hacía al menos un día a la semana. Los episodios de consumo intensivo también eran más frecuentes: durante el mes anterior a la encuesta, el 27,7% había tomado cinco o más copas en un intervalo de tres horas y el 41% se había emborrachado alguna vez en su vida.

Los datos reflejan una disminución progresiva del consumo general y de las conductas más extremas

Tres décadas después, aunque el alcohol sigue presente en la socialización juvenil, los datos reflejan una disminución progresiva del consumo general y de las conductas más extremas. Las borracheras han alcanzado los niveles más bajos de la serie histórica, de manera consistente entre chicos y chicas y en todos los grupos de edad. Sin embargo, esto no implica que los problemas hayan desaparecido. Las cifras siguen siendo altas y algunas investigaciones apuntan que, si bien hay cada vez más jóvenes que deciden no consumir alcohol, quienes beben, beben mucho.

Este descenso del consumo se enmarca, además, en un cambio más amplio en las formas de ocio juvenil. Las generaciones más jóvenes salen menos de fiesta que las anteriores y priorizan otros planes: encuentros más tranquilos, actividades culturales, deporte, quedar para tomar un café o simplemente pasar tiempo en casa. Por eso, aunque el consumo de alcohol siga estando normalizado, está dejando de ocupar un lugar central en la socialización.

Este desplazamiento está generando una realidad diversa, definida por conceptos y tendencias que promueven un consumo más consciente. En 2018, Ruby Warrington acuñó el término sober curious para describir una actitud que cuestiona la relación personal con el alcohol sin implicar necesariamente una abstinencia permanente. Esta «curiosidad sobria» nos invita a preguntarnos por qué, cuándo y cuánto bebemos para analizar si ese consumo contribuye (o no) a nuestro bienestar físico, mental y social. Se trata de un enfoque que no parte de una necesidad clínica de dejar el alcohol, sino de una elección reflexiva y deliberada, que a veces incluye periodos sin consumo para observar las diferencias. Esta idea es la que sostiene también algunos retos que se han popularizado en los últimos años, como Dry January o Sober October.

Los cambios en los hábitos de consumo también se reflejan en el mercado. En los últimos años, se ha multiplicado la oferta de bebidas sin alcohol o con bajo contenido alcohólico, especialmente en cervezas, vinos y cócteles sin alcohol, que imitan la estética y la experiencia social de las bebidas tradicionales sin sus efectos. Las grandes marcas se están adaptando, pero también hay nuevos proyectos que nacen con el propósito de ofrecer alternativas sin alcohol para contextos festivos y sociales.

Sin embargo, una de las mayores trabas con las que se encuentran muchas de las personas que quieren dejar de beber no tiene que ver tanto con la oferta del mercado, sino con el rechazo social que genera esta decisión. Es el llamado sober shaming: las presiones sociales, burlas o comentarios que reciben quienes deciden no beber alcohol, ya sea de forma puntual o permanente. En muchas ocasiones, son comentarios sin mala intención, pero que pueden tener un fuerte impacto, especialmente, en jóvenes: «¿Por qué no bebes? No seas aburrida», «¿estás enfermo?», «no seas aguafiestas, es solo una copa».

Dejar de beber incomoda porque se percibe como una ruptura de un consenso social profundamente arraigado, a pesar de que seamos conscientes de sus efectos negativos. Empezar el año con un «enero seco» o experimentar un periodo sober curious, pueden ayudarnos a mejorar nuestra salud, pero también a cuestionar normas sociales que rara vez se ponen en duda y a entender mejor nuestra relación con el alcohol.

ARTÍCULOS RELACIONADOS

COMENTARIOS

SUSCRÍBETE A NUESTRA NEWSLETTER

Suscríbete a nuestro boletín semanal y recibe en tu email nuestras novedades, noticias y entrevistas

SUSCRIBIRME