ENTREVISTAS

«Para resolver la crisis climática, tenemos que lidiar con la crisis democrática»

Hablamos con el político norteamericano Al Gore en el estreno mundial de su documental ‘An Inconvenient Sequel: Truth to Power’.

Fotografía

Christopher Anderson (Magnum)
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04
Mar
2018

Al Gore ha viajado en un chárter privado desde Davos hasta Salt Lake City para estar presente en el Festival de Cine de Sundance. Ha sido invitado al estreno mundial del documental ‘An Inconvenient Sequel: Truth to Power’, acerca de la campaña contra el calentamiento global que el político ecologista ha abanderado a lo largo de su carrera política y que él mismo protagoniza. El que fuera vicepresidente de Estados Unidos entre 1993 y 2001 recibe a Ethic en el hotel donde se alojará durante apenas unas horas.

Si hubiese llegado a la Casa Blanca, habría tenido que ocuparse de muchas cosas. Pero, en los últimos años, se ha entregado por completo a la lucha contra el calentamiento global. ¿Por qué le da más importancia que a otros asuntos?

Es la peor crisis desde el comienzo de la democracia. Porque con la excepción de la prevención de la guerra nuclear, esta es la única amenaza que enfrenta la humanidad y que puede llevar al final de la civilización. La dimensión del sufrimiento que este tema puede causarle a la población si no se resuelve la crisis es inimaginable. Hemos tenido una muestra del impacto que puede causar en Siria, que sufrió una sequía terrible desde 2006 a 2010. No voy a entrar en detalles de por qué los científicos están seguros de que fue provocada por el calentamiento global, pero lo cierto es que esta sequía destruyó el 60% de las granjas en Siria y mató al 80% del ganado. Eso fue lo que llevó a un millón y medio de refugiados de los campos a las ciudades en Siria, en donde ya había otro millón y medio de refugiados que había escapado de la guerra en Irak. Wikileaks ha publicado documentos que reflejan las deliberaciones internas del Gobierno sirio, en los que decían que no podían manejar lo que estaba pasando y que iban a perder el control de la situación. Eso derivó, junto con otros factores, en que las puertas del infierno se abrieran en Siria y estallara la guerra civil. Esos refugiados, junto a los que vienen del norte de África, son los que han estado desestabilizando el proyecto europeo. A su vez, eso ha provocado un crecimiento del populismo autoritario, impulsado por el resentimiento histórico en contra de la inmigración, ya que la gente siente que está perdiendo oportunidades económicas por culpa de los recién llegados. El ejemplo sirio es una clara muestra de lo que podría ocurrir en otras regiones del mundo, como consecuencia, por ejemplo, del avance de las enfermedades tropicales en latitudes más altas, donde pueden generar devastación. No tiene sentido que mencione la lista de horribles consecuencias que puede tener el calentamiento global, pero es larga. Finalmente, y la película habla de este tema, por un lado están las consecuencias, que cada vez empeoran y pueden llegar a ser catastróficas, pero, por el otro, las soluciones han aparecido en el momento preciso de la historia en que las necesitamos, cuando la economía global se ha estancado con un crecimiento muy lento y con gente preocupada por la pérdida de trabajos ante la automatización inteligente y la hiperglobalización. Para poder recuperar un crecimiento sostenible de la economía, lo que el mundo necesita es un proyecto global que pondría a millones de personas a trabajar en sus países. Nosotros tenemos ese proyecto. Tenemos que instalar los paneles solares, los molinos de viento y las líneas de transmisión que necesitamos, además de modernizar los edificios en cada comunidad del mundo. Esa sería la solución al problema económico mundial.

«La lucha por el clima es como la lucha contra la esclavitud hace 150 años»

¿Cree que el cine puede ser más efectivo que la política a la hora de provocar esa transformación?

Sí y no. Es cierto que no es mucho lo que hacen los políticos a menos que la gente les exija que cumplan lo que prometieron. Pero el cine es un medio que influencia la conciencia de la gente y ayuda a que obtenga nuevos puntos de vista y una nueva apreciación de lo que los científicos nos están diciendo sobre el proceso climático, y lo que los líderes empresariales nos están diciendo sobre la disponibilidad de las soluciones para ese proceso climático. En todo el mundo, en este momento existe una revolución en el plano de la sostenibilidad, con soluciones prácticas al problema climático. Si revisas la historia de la humanidad, verás que tuvimos la revolución agrícola, la industrial y la tecnológica, y que la revolución sostenible es única, tiene las dimensiones de la industrial y afecta a todo. Tiene la velocidad de la tecnológica, porque en gran medida se apoya en lo digital y todo el tiempo avanza gracias a la investigación y el desarrollo constante. Hay ciertas áreas de la tecnología que responden a la investigación y al desarrollo de una forma inesperada, porque nos dan productos y aparatos que se abaratan y mejoran rápidamente. Cuando apareció el teléfono móvil, de pronto miles de millones de personas que vivían en regiones que no tenían instalaciones telefónicas saltaron sobre las viejas tecnologías y eso ha llevado a que en la actualidad haya más teléfonos móviles en el mundo que personas. Esos teléfonos móviles se han convertido en súper ordenadores. Algo similar ha ocurrido con los paneles solares, los molinos de viento, las baterías y muchas otras tecnologías que el público general no conoce muy bien y que no solo están disponibles, sino que además se abaratan aceleradamente. Eso permite que países y regiones que no tienen un buen sistema eléctrico desarrollado puedan otra vez saltar sobre las viejas tecnologías, e instalar paneles solares en los techos de chozas de paja. La energía solar cuesta la mitad que la generada por quemar carbón. Aunque se siguen resistiendo al cambio, la diferencia en el precio es lo que está empujando esta revolución. Hay otro factor importante en lugares como China, India e Irán, en donde la población ha aumentado y también lo han hecho los coches, los camiones y los aparatos eléctricos. La gente tiene problemas para respirar. Eso les ha llevado a exigir fuentes limpias de energía. Son ellos los que les están exigiendo a los políticos que actúen.

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Los lobbies de las compañías eléctricas ¿no tienen más poder que la gente?

Tal como digo en la película, para poder resolver la crisis climática, tenemos que lidiar con la crisis democrática. En ese plano, también tengo esperanza, porque estamos en medio de una transición histórica en la naturaleza de la comunicación política. La verdadera razón de que el dinero tenga una influencia corrosiva en la política que se hace hoy, de que esos lobistas sean capaces de influir en los políticos y lograr que hagan lo que ellos quieren, es que los políticos necesitan una enorme cantidad de dinero para poder comprar espacio para sus anuncios en televisión. En Estados Unidos, siempre necesitaron del dinero, pero cuando los diarios fueron reemplazados como los medios dominantes por la televisión, eso permitió que los que cuidaban las puertas les preguntaran a los políticos si querían un lugar prominente en la plaza central para poder comunicarse con las masas. Y ahí dejaron claro que tenían que pagarles un montón de dinero antes de poder hacerlo. Así fue como la voz de la gente fue acallada y la conversación de la democracia comenzó a ser dominada por esos grupos con intereses especiales. Pero esa es historia vieja. Una nueva ha comenzado a desarrollarse, porque así como los periódicos fueron reemplazados por la televisión, ahora es Internet el que está desplazando a la televisión del centro de la escena. Si te fijas en la campaña de Bernie Sanders por la nominación demócrata, él dejó claro que hemos llegado a una nueva era en la política en la que es posible, por primera vez, recaudar enormes cifras para una campaña efectiva, sin tener que pedirle a un lobista o a un grupo de intereses especiales que haga un aporte sustancial. A través de Internet y de las redes sociales, es posible convencer a millones de individuos para que aporten el dinero que hace falta. En ese sentido, creo que estamos presenciando el inicio de una gran transformación. Lo mismo vale para los países en desarrollo. ¿Sabes cuál es el país que tiene el uso per cápita de Internet más alto del mundo? Arabia Saudí. El otro día estaba hablando informalmente con un oficial de ese país que me decía que, aunque es un patriarcado y una monarquía, quienes están hoy allí en el Gobierno se fijan en lo que pasa en Internet y lo que se dice en las redes sociales.

«La revolución sostenible es única: tiene las dimensiones de la industrial y la velocidad de la digital. Afecta a todo»

¿Qué es lo que más le preocupa del futuro de Estados Unidos durante estos cuatro años del Gobierno de Trump?

Yo estoy convencido de que este movimiento del que hablo como la revolución de la sostenibilidad es tan poderoso que no hay una sola persona que pueda detenerlo. Creo que para poder resolver a tiempo la crisis climática tenemos que implementar por completo el Acuerdo de París y luego avanzar aún más allá. Según ese acuerdo, cada cinco años cada país debe actualizar su plan y sus compromisos para que lo que esté haciendo sea transparente para todos. Si el costo de la energía renovable continúa bajando, la capacidad de actualizar ese compromiso cada cinco años será cada vez mayor. Estuve en Davos este año y escuché al presidente de China dando su discurso. Mucha gente sintió que él estaba tratando de ocupar un lugar que ha dejado vacante Estados Unidos. Yo espero que, aun con este nuevo Gobierno, lleguemos a un momento en que el liderazgo norteamericano siga siendo positivo en este tema.

¿Cree que nos adentramos en una nueva era con respecto al calentamiento global?

Sí, porque la desesperación es otra forma de negación, según mi forma de ver las cosas. Y, de la misma manera en que hay cosas que están cambiando en el medio ambiente, hay cosas que están cambiando en la política. Yo he visto a lo largo de mi vida grandes transformaciones, como en los derechos civiles, ya que crecí en el sur de Estados Unidos y, si uno mira para atrás, cuesta creer las políticas horribles que se aplicaron allí durante mi infancia. Pero todo cambió. Un gran economista llamado Rudi Dornbusch, que falleció hace unos años, dijo: «Las cosas tardan más tiempo en ocurrir que lo que uno imagina, y luego se dan más rápido de lo que uno pensaba». Yo he visto este fenómeno de cambio con los derechos de los gais y las lesbianas. Si alguien me hubiese dicho hace cinco o siete años que el casamiento gay iba a ser legal en todo Estados Unidos y que iba a ser bienvenido por la mayor parte de la población norteamericana, te hubiese dicho que estabas fumando algo que no era tabaco. Y sin embargo ocurrió. El movimiento climático es como el de los derechos civiles o el de los gais, como el que luchaba por el voto femenino, el que intentaba abolir el apartheid, o el que luchaba contra la esclavitud 150 años atrás. Todos esos movimientos llegaron a un punto en que su lucha se sintetizó en una sola pregunta: ¿qué es lo correcto y qué es lo que no? En el movimiento climático, por suerte, estamos por llegar a ese punto.

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