Antes de coser, medir
La moda es una de las industrias más globales y complejas de medir en términos sociales. Un nuevo análisis sectorial propone una primera aproximación compartida para entender su impacto a lo largo de toda la cadena de valor.
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El impacto social de las empresas siempre ha sido una realidad difícil de medir. Se puede intuir entre datos como el empleo generado, en cuestiones como la presencia en el territorio o en su influencia positiva en sus cadenas de suministro. Sin embargo, para poder comprender y mejorar de verdad este impacto, es necesario un marco común que identifique qué dimensiones son realmente relevantes y cómo monitorizarlas.
Y eso por esto que, en aras de impulsar el impacto positivo en materia social del sector retail de moda en España, nace el primer Informe de Materialidad Social del Retail Moda, elaborado por la Asociación Retail Textil España (ARTE) en colaboración con la Fundación SERES. Un documento propone una visión compartida sobre los principales impactos sociales del sector y que aspira a servir de base para futuros sistemas de medición más homogéneos y comparables, en línea con las exigencias europeas de sostenibilidad.
El análisis, desarrollado en el marco del Laboratorio Social de ARTE con el acompañamiento de Fundación SERES, recorre toda la cadena de valor del sector: desde el diseño y la producción hasta la segunda vida de las prendas y su fin de uso, incorporando el impacto sobre personas trabajadoras, cadenas de suministro, consumidores y comunidades locales.
La importancia de la materialidad social
En el ámbito empresarial, definir la materialidad significa decidir qué importa y qué es prescindible en la toma de decisiones. En su versión más clásica, esta lógica aplicaba en exclusiva a aquello que generara beneficios para la empresa y pudiera influir en las decisiones de inversión. En los últimos años, sin embargo, este criterio ya no es suficiente. Por eso, la llamada «doble materialidad» también incluye los efectos que la actividad empresarial tiene sobre el medio ambiente y la sociedad. Es decir, obliga a mirar hacia dentro y hacia fuera para entender qué consecuencias generan las empresas en las personas, en los territorios y en toda su cadena de valor.
La «doble materialidad» también incluye los efectos que la actividad empresarial tiene sobre el medio ambiente y la sociedad
Este cambio de enfoque reconoce que la actividad empresarial produce efectos materiales –en las condiciones de vida, en el acceso a recursos…– que no se reparten de forma homogénea. La materialidad deja así de ser una herramienta centrada exclusivamente en la toma de decisiones internas para analizar quién asume los costes y quién se beneficia de la actividad económica. Todo ello debe traducirse en decisiones que avancen hacia modelos más sostenibles.
En el caso del retail textil, este ejercicio adquiere una complejidad particular. La actividad del sector se construye sobre una cadena de valor altamente fragmentada y geográficamente dispersa, en la que intervienen realidades muy distintas: desde las personas que trabajan en tiendas en contextos urbanos europeos hasta quienes producen materias primas en otros países, pasando por personas con necesidades diversas y comunidades locales vinculadas a la presencia de grandes superficies comerciales. La materialidad social obliga a mirar todo eso a la vez, a establecer prioridades y, sobre todo, a analizar con honestidad dónde se concentran los riesgos reales y qué ámbitos requieren mayor atención.
La materialidad social del retail textil y calzado
Uno de los ámbitos donde el impacto social resulta más visible es el empleo directo. El sector retail textil y calzado en España emplea a 240.300 personas, el 1,1% de la afiliación media nacional, según un informe elaborado por Analistas Financieros Internacionales (AFI) para ARTE en 2025. Tres de cada cuatro son mujeres —el 74,3% del empleo del sector—, frente a una tasa de participación femenina en el conjunto de la economía que no llega al 50%, según la Encuesta de Población Activa del INE.
El informe más reciente de ARTE, centrado específicamente en la materialidad social del sector, analiza la dimensión cualitativa del empleo. Si bien en los empleos directos se detectan importantes avances en seguridad laboral, diversidad e integración de colectivos vulnerables, persisten límites en ámbitos como la conciliación, la formación continua o la transición hacia modelos de empleo más estables.
Dar una segunda vida a las prendas abre las puertas a nuevos modelos de empleo y de consumo
Sin embargo, en la cadena de suministro global se concentra el mayor riesgo. En los eslabones más alejados de la cadena, allí donde se extrae la materia prima o se confecciona la prenda, no siempre existen garantías laborales y persisten riesgos vinculados al trabajo forzoso e infantil, condiciones laborales precarias o discriminación. Esta es una de las dimensiones que la propia industria identifica como su principal reto estructural y sobre la que deberá avanzar para cumplir con una regulación cada vez más exigente. En este sentido, la directiva de reporte de sostenibilidad (CSRD), la directiva de diligencia debida (CSDDD) y el reglamento sobre trabajo forzoso conforman un marco normativo que obliga a las empresas a documentar, trazar y rendir cuentas de manera sistemática sobre el impacto social de toda su cadena de valor.
Circularidad con propósito social
Otro de los enfoques que emerge del análisis de ARTE es la dimensión social de la economía circular. Además de reducir residuos, dar una segunda vida a las prendas abre las puertas a nuevos modelos de empleo y de consumo.
Esta dimensión social de la circularidad se despliega en varias direcciones. Por un lado, los modelos de recogida, clasificación y reutilización de prendas también pueden aprovecharse para activar proyectos de inserción laboral vinculados a la gestión de materiales y a la recuperación textil. Por ejemplo, el informe recoge el caso del Grupo Sprinter/JD, que colabora con centros especiales de empleo, como Apsa o Ilunion, para que la clasificación y recuperación de materiales forme parte de itinerarios de empleo inclusivo para personas con discapacidad.
Ana López-Casero: «La sostenibilidad social no es una cuestión reputacional; es una forma de entender el mundo, el liderazgo empresarial y la competitividad en el siglo XXI»
Por otro lado, las donaciones, los mercados de reventa y los programas de recompra permiten que productos que de otro modo acabarían en el vertedero tengan una segunda vida y permanezcan en uso por más tiempo. En 2025, esta iniciativa del Grupo Sprinter/JD permitió recuperar y donar más de 27.000 productos.
En paralelo, estos cambios se ven acompañados por una evolución en los hábitos de consumo. Según el estudio Sentido de Futuro de Marcas con valores, desde 2020 alrededor del 80% de las personas afirma intentar dar una segunda vida a los objetos que ya no necesita, aunque la cifra ha descendido ligeramente en el último año. Una tendencia que apunta a la normalización progresiva de los hábitos circulares, todavía con margen de consolidación.
Más allá de estas dinámicas de consumo, el informe recuerda que, para avanzar hacia una cadena de valor más responsable y sostenible, es clave incorporar la circularidad desde las fases iniciales del producto. Esto implica tenerla en cuenta en el diseño, la elección de materiales y los procesos de producción, así como en la distribución, el uso y, finalmente, en la gestión del final de vida de las prendas.
De la medición a la estrategia
Esta demanda ciudadana también interpela de forma directa a las marcas. El mismo estudio de Marcas con valores indica que al 73% de las personas consultadas le importan las acciones ambientales que realizan las empresas, siempre que se traduzcan en hechos concretos y verificables. El informe también reivindica la doble materialidad como «la herramienta más efectiva para hacer una escucha profunda de todos los grupos de interés, que no dejan de ser las audiencias de las marcas». Sin embargo, su potencial se desaprovecha cuando se trata como un ejercicio de cumplimiento formal en lugar de una palanca de gestión real.
La transparencia, la medición de impactos y la toma de decisiones basadas en datos se presentan como condiciones para recuperar la credibilidad de la ciudadanía. Identificar los impactos más relevantes permite priorizar, asignar recursos y definir objetivos concretos. Pero, sobre todo, el impacto social deja de ser una cuestión periférica para convertirse en un elemento estratégico. Como afirma Ana López-Casero, presidenta ejecutiva de ARTE, «la sostenibilidad social no es una cuestión reputacional; es una forma de entender el mundo, el liderazgo empresarial y la competitividad en el siglo XXI».
«No hay futuro sin empresas gestionadas con responsabilidad», sostiene Ana Sainz, directora general de la Fundación SERES. El informe de ARTE se sitúa, en ese sentido, como un punto de partida. Reconoce que la disponibilidad y homogeneidad de los datos varía significativamente entre empresas, por lo que el desarrollo de sistemas de medición robustos y comparables se convierte en el siguiente paso necesario, tanto para cumplir con las exigencias regulatorias como para garantizar que la rendición de cuentas sea efectiva y no meramente formal.
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