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Nuevos embajadores de la Fundación Adecco

Cuando el espejo público te excluye: discapacidad, representación y el derecho a existir desde la pluralidad

Más de 4,3 millones de personas con discapacidad viven en España, pero su imagen en los medios, las empresas y la cultura sigue siendo limitada y poco diversa. La Fundación Adecco incorpora a su equipo cuatro nuevos embajadores —Álex Roca, Carlos Tatay, Catarina Rivera e Ismael Mayor— cuyas historias, tan distintas entre sí, retratan lo que el debate público aún no ha sabido contar: que la discapacidad no tiene un solo rostro y que, sin referentes diversos, la discapacidad continúa representándose desde una mirada parcial y uniforme.

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27
mayo
2026

Cuando Álex Roca era niño y buscaba a alguien parecido a él en la televisión, en el deporte o en las páginas de un libro, no lo encontraba. El atleta catalán, que tiene  parálisis cerebral y se convirtió en la primera persona con más del 70% de discapacidad en completar una maratón, lo describe con una claridad que no deja margen a la interpretación: la sociedad, aunque no lo haga con mala intención, muchas veces enseña los límites antes que las posibilidades. Y cuando eres un niño, acabas creyéndotelos.

Esa experiencia, compartida por los cuatro nuevos embajadores de la Fundación Adecco, apunta a uno de los déficits más persistentes en la conversación sobre discapacidad, es decir, la escasez de referentes que reflejen la enorme variedad de realidades que conviven bajo ese término. Y es que estas pueden ser físicas, sensoriales, orgánicas, congénitas, sobrevenidas, invisibles… Cada historia es radicalmente diferente y, sin embargo, el espejo que devuelven los medios, las empresas y la cultura popular en general sigue mostrando casi siempre la misma imagen reducida y estereotipada.

Álex Roca: «Los referentes no son personas perfectas. Son personas que te ayudan a imaginar una posibilidad que antes no podías ver»

La discapacidad sigue estando representada, mayoritariamente, por hombres blancos en silla de ruedas. Lo señala con precisión Catarina Rivera, creadora de contenido latina con síndrome de Usher —que le provoca sordoceguera progresiva— y una de las voces digitales más activas  en el ámbito de la discapacidad sensorial. Detrás de su perfil @BlindishLatina hay una reflexión que va más allá de la estética de la representación: cuando solo se muestra una cara de la discapacidad, muchas personas con otras realidades simplemente dejan de verse. Y lo que no se ve tampoco se incluye.

Esto tiene consecuencias directas y medibles. Los prejuicios que derivan de una imagen incompleta afectan al empleo, a la educación, a las relaciones personales y a la autoestima. El más dañino, en opinión de Roca, es el que confunde discapacidad con incapacidad, consolidando la tendencia a mirar primero la limitación antes que la persona. Carlos Tatay, piloto de automovilismo y motociclismo con una lesión medular, lo resume sin rodeos argumentando que la condescendencia y el paternalismo hacen pensar que somos inferiores, y que eso, inevitablemente, limita mucho. Ismael Mayor, periodista de radio nacido con fibrosis quística, añade otra dimensión del mismo problema en el ámbito laboral: muchos empleadores asumen automáticamente que una persona con discapacidad tendrá más bajas o menos compromiso, cuando la realidad suele ser la contraria.

Catarina Rivera: «Si has conocido a una persona ciega, has conocido a una persona ciega. Ahora sustituye ‘ciega’ por cualquier otra discapacidad. No existen dos personas iguales»

Entre las realidades más ausentes del debate público está la de las discapacidades invisibles, aquellas que no se perciben a primera vista y que, precisamente por eso, generan incomprensión. Ismael Mayor, cuya discapacidad no es perceptible en su trabajo diario ante el micrófono, señala que cuando no se ve la discapacidad y llevas una vida aparentemente normal, es mucho más difícil que la gente lo entienda. Catarina Rivera también vive esa contradicción cada vez que alguien cuestiona en redes sociales cómo es posible que use el móvil o viaje siendo sordociega.  

A eso se suma otra brecha menos visible aún, la del relato emocional. Roca insiste en que falta hablar del impacto que tienen las miradas, los prejuicios y la falta de oportunidades. Muchas veces las heridas más grandes no son físicas, son emocionales. La narrativa dominante sobre la discapacidad oscila entre la inspiración y la tragedia, sin espacio para representar la complejidad cotidiana, esa que tan solo se ve en el trabajo, el amor, el ocio, las frustraciones de cada día y, cómo no, en los sueños y aspiraciones. Normalizar la discapacidad, dice Roca, significa dejar de sorprenderse de que una persona con discapacidad pueda hacer cosas normales.

Ismael Mayor: «Me encantaría que los niños que ahora tienen diez años crezcan con los referentes que nosotros no hemos tenido»

Sin duda, el ámbito laboral concentra buena parte de los retos pendientes. Sobre esto, Rivera apunta a la necesidad de que las empresas abandonen el enfoque de las adaptaciones individuales para avanzar hacia un diseño universal desde el origen. Tatay, desde su experiencia como piloto y referente en el deporte de motor adaptado, defiende que las barreras más frecuentes no son arquitectónicas sino mentales: nos ven incapaces antes de empezar. Por su parte, Mayor, que trabaja en una emisora de radio donde tres de trece empleados tienen alguna discapacidad, ofrece un ejemplo concreto de lo que la inclusión real puede parecer. Según él, una empresa que acepta las visitas médicas adicionales sin convertirlas en un problema ya ha dado el paso más importante.

Frente a esa realidad, la Fundación Adecco apuesta por la visibilidad y por la sensibilización como herramientas de cambio estructural. Incorporar como embajadores a perfiles profesionales tan dispares y con diferentes tipos de discapacidad  —un atleta con parálisis cerebral, un piloto de automovilismo con lesión medular, una creadora de contenido con sordoceguera y un periodista de radio con una discapacidad invisible—consigue ampliar el imaginario sobre quién puede ocupar el espacio público, desde qué lugares y sin tener que justificar su presencia. Rivera lo formula con una precisión que sirve de cierre y de programa: desea que las personas con discapacidad sientan que el mundo no está en su contra, sino que forman parte de él, y que lo sientan de verdad. Para que eso ocurra, hacen falta referentes. No héroes ni víctimas, sino personas con sus días buenos y sus días malos, sus miedos y sus sueños. Personas que, al aparecer en una pantalla, en una empresa o en una pista de atletismo, le digan a un niño o a una niña que ese espacio también es suyo.

Carlos Tatay: «Siento la responsabilidad de nunca rendirme»

Ese es el horizonte que trazan los nuevos embajadores de la Fundación Adecco: no el de la superación extraordinaria, sino el de una normalidad posible. El de una sociedad en la que las personas con discapacidad no tengan que ser extraordinarias para ser incluidas.

Estas voces se suman a la del resto de embajadores y embajadoras de la Fundación Adecco: Raquel Domínguez, Edu Carrera, Desirée Vila, Maria Petit, Carmen Giménez, David Aguilar, Juan Manuel Montilla «El Langui», Javi Martín, Avi Mashiah, Caterina Moretti y Lydia Sempere.

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