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Breve historia de la fotografía

La fotografía celebra dos siglos de historia tras haber revolucionado nuestra relación con el tiempo, los recuerdos y la realidad. Lo que comenzó como un avance técnico capaz de fijar una imagen del mundo se ha convertido en una herramienta para documentar la historia, construir memoria colectiva y contar quiénes somos.

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Primera fotografía de la historia

Joseph Nicéphore Niépce
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09
septiembre
2026

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Primera fotografía de la historia

Joseph Nicéphore Niépce

En 1826, desde la ventana de su casa en Saint-Loup-de-Varennes (Borgoña, Francia), Joseph Nicéphore Niépce consiguió algo que hasta entonces parecía imposible: conservar una imagen del mundo sin recurrir al dibujo o a la pintura. Se cumplen doscientos años de aquella primera fotografía, borrosa y silenciosa, que inauguró una nueva forma de relacionarse con la realidad.

La historia de la fotografía ha sido mucho más que la evolución de una técnica. En este tiempo ha transformado la manera en que recordamos, contamos y comprendemos el mundo. Ha permitido conservar los rostros de quienes ya no están, documentar los grandes acontecimientos de la historia y fijar instantes que, de otro modo, habrían desaparecido para siempre. Pero, sobre todo, ha cambiado nuestra forma de mirar.

«A partir de ese momento se pudo captar la realidad de una manera diferente, hasta entonces desconocida», explica Salvador Tió, historiador de la fotografía consultado para este reportaje. La irrupción de la cámara supuso una revolución social porque permitió preservar la memoria de las personas y de los lugares, y también una revolución artística, ya que la pintura dejó de ser el único medio para representar fielmente la realidad.

Sin embargo, la fotografía nunca ha sido un reflejo completamente neutro del mundo. Aunque durante décadas se identificó con la objetividad, detrás de cada imagen ha existido siempre una decisión humana. La representación del mundo a través de la fotografía depende de la mirada del fotógrafo. «Aquello que escoge para fotografiar, el ángulo y la luz, donde quiere que pongas la atención…», argumenta Tió.

La cámara registra la realidad, pero es el fotógrafo quien decide cómo contarla.

La cámara registra la realidad, pero es el fotógrafo quien decide cómo contarla. Quizá por eso ha terminado desempeñado un papel mucho más profundo que el de simple documento. Las fotos han construido la memoria colectiva de generaciones enteras. Buena parte de los acontecimientos que hoy forman parte del imaginario común existen también a través de las imágenes que los inmortalizaron desde las guerras del siglo XX hasta la llegada del ser humano a la Luna–.

«Es un formato que ha permitido tener memoria tanto del núcleo familiar como de la historia de la humanidad», resume el historiador. Antes de ella ya existía el deseo de dejar constancia del mundo mediante pinturas o grabados. Y la fotografía hizo posible que esa memoria adquiriera una inmediatez y una capacidad de difusión sin precedentes.

Pero las imágenes no solo conservan el pasado: también influyen en la forma en que interpretamos el presente. Algunas fotografías no se limitan a documentar un acontecimiento, sino que modifican la percepción que la sociedad tiene de ese hecho. El propio Tió recuerda que sería difícil comprender la guerra de Vietnam sin las imágenes captadas por los fotoperiodistas que estuvieron sobre el terreno: «Aquella guerra supuso un antes y un después. El poder tomó buena nota de ello».

La facultad de condensar una realidad compleja en un solo instante sigue siendo una de las mayores fortalezas de la fotografía. Para el fotógrafo documental Samuel Nacar, también consultado para este reportaje, la esencia de este medio sigue intacta: «Permite detener el tiempo. No hay otra herramienta que pueda hacerlo».

Su trabajo, enfocado en las consecuencias humanas de los conflictos y las migraciones, parte precisamente de esa capacidad para convertir un instante en una historia. «La fotografía transmite unas emociones que ningún otro formato narrativo puede», asegura. Mientras el vídeo construye el relato a través de una sucesión de imágenes, una única fotografía puede concentrar toda la fuerza simbólica de un acontecimiento y fijarla en la memoria del espectador.

Quizá por eso algunas imágenes consiguen trascender el momento en que fueron tomadas. Nacar recuerda la fotografía realizada por Jesco Denzel en 2018 –apareció en muchos medios de comunicación y se hizo viral en redes sociales– de la cumbre del G7 –apareció en muchos medios de comunicación y se hizo viral en redes sociales– en la que Angela Merkel aparece inclinada sobre Donald Trump mientras varios líderes internacionales observan la escena. En una sola imagen, explica, podía leerse buena parte de la geopolítica contemporánea. Lo mismo ocurre con fotografías como la de José Palazón en 2014 de los migrantes saltando la valla de Melilla mientras, al otro lado, un grupo de personas juegan al golf: escenas capaces de explicar desigualdades, tensiones y relaciones de poder sin necesidad de añadir una sola palabra.

La sobreabundancia de fotografías no ha eliminado el valor de las mejores

Actualmente, en un momento en el que nunca se habían producido tantas imágenes, podría parecer que la fotografía ha perdido parte de su capacidad para sorprender. Sin embargo, tanto Salvador Tió como Samuel Nacar rehúyen esa visión pesimista. «Aunque estemos desbordados, la capacidad de observar aún se mantiene», sostiene el historiador. La diferencia está en la atención: cuando una fotografía consigue detener nuestra mirada, sigue teniendo el poder de remover conciencias.

Nacar va incluso un paso más allá. A su juicio, la sociedad actual ha desarrollado una mayor alfabetización visual. «Ahora leemos mejor las imágenes», asegura. La sobreabundancia de fotografías no ha eliminado el valor de las mejores. Al contrario, hace que destaquen aquellas en las que existe una intención, un contexto y un trabajo de pensamiento detrás del encuadre.

La inteligencia artificial y las nuevas herramientas de generación de imagen abren, sin duda, un nuevo capítulo en esta historia. Pero ambos profesionales coinciden en que el valor de la fotografía seguirá residiendo en aquello que la hizo única desde sus orígenes: el vínculo con una experiencia real. Doscientos años después de aquella imagen obtenida por Niépce desde la ventana de su casa, la fotografía continúa evolucionando, pero su función permanece. Aunque cambien las cámaras, los soportes y las tecnologías, sigue siendo una de las herramientas más poderosas para contar historias, recordar momentos y comprender quiénes somos.

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