Siglo XXI

¿Por qué las redes sociales nos acostumbran a la violencia?

Las interacciones en las redes sociales tienen un impacto directo en hasta qué punto aceptamos o rechazamos la violencia; en el caso de los jóvenes, esta influencia es todavía mayor.

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06
Jun
2023

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¿Puede un solo individuo cambiar la opinión, o influir en las emociones de un grupo personas? ¿Cuál es el impacto de un grupo social en nuestro comportamiento? La influencia social es el poder de la interacción con otros individuos para influir en nuestras posturas, creencias y valores. Es clave cuando analizamos los comportamientos violentos.

Las personas experimentamos una necesidad innata de ser aceptadas y obtener aprobación, especialmente por parte de los miembros de nuestra comunidad. Esta necesidad se intensifica en la adolescencia, cuando la mayoría de los jóvenes anhelan pertenecer a un grupo y al mismo tiempo buscar su independencia. Durante esta etapa, la interacción social juega un papel crucial en el desarrollo de su autopercepción y autoestima.

Según las teorías del aprendizaje social, las personas adquieren comportamientos agresivos y violentos al observar e imitar a los demás

Es precisamente en este contexto donde el comportamiento social y el uso de las redes sociales adquieren un gran impacto en la vida de los adolescentes. Estas plataformas se convierten en una herramienta para buscar aprobación y sentirse parte de un grupo.  Según las teorías del aprendizaje social, las personas adquieren comportamientos agresivos y violentos al observar e imitar a los demás. Esto puede llevar a la repetición de patrones de violencia y actitudes de intolerancia, que a menudo se asumen como parte normal de la vida diaria.

Niños víctimas de violencia

En todo el mundo, una tercera parte de los estudiantes de entre 11 y 15 años han sido víctimas de intimidación por parte de sus compañeros en el último mes. Que la violencia esté presente en la vida de al menos 1.000 millones de niñas y niños genera un importante desgaste en su bienestar físico, emocional y en su estado de salud mental. No siempre se hace visible, por creer muchos de ellos que ser víctimas de la violencia es parte de la vida cotidiana.

Las personas que presencian violencia en su entorno familiar, en la escuela, en la comunidad y en las redes sociales tienen una mayor probabilidad de involucrarse en actos violentos, tanto dentro como fuera de su hogar. Además, aquellos que han sido víctimas de violencia en el pasado son más propensos a perpetuarla y reproducir los patrones que experimentaron anteriormente.

De esta manera, la violencia se convierte en un fenómeno que se transmite, similar a una enfermedad. La exposición a la violencia o estar rodeado de personas que han vivido experiencias violentas y tienen comportamientos agresivos nos puede llevar a forjar un aprendizaje basado en formas de interacción negativas y transgresoras.

Medios de comunicación y redes

Las redes sociales se han convertido en un elemento que integra nuestra cultura y son herramientas muy potentes que permiten la difusión de información, la comunicación y la interacción social. En estos espacios se manifiesta el poder de la influencia social, tanto a nivel individual como colectivo.

La facilidad para acceder a las redes sociales y el gran número de personas que las utilizan han ayudado a garantizar el derecho al acceso a la información. Sin embargo, es importante considerar el incremento de la violencia digital dentro de estas plataformas.

El camino hacia observar la violencia en redes sociales

En México, según datos del INEGI (2021), 17,7 millones de personas que utilizaron internet a través de diferentes dispositivos electrónicos sufrieron algún tipo de ciberacoso en el 2021.

La violencia digital en redes sociales se ha convertido en una prioridad de atención por parte de las autoridades de salud pública y educación

Algunas situaciones reportadas durante ese año incluyen el uso de identidades falsas, mensajes ofensivos, contenido sexual, insinuaciones o propuestas sexuales, provocaciones, llamadas ofensivas, suplantación de identidad, rastreo de cuentas o sitios web, críticas por apariencia o clase social, amenazas de publicar información personal, audios o vídeos para extorsión, publicación de información personal, fotos o vídeo, y la venta de imágenes y vídeos con contenido sexual.

La violencia digital en redes sociales se ha convertido en una prioridad de atención por parte de las autoridades de salud pública y educación.

Visibilizar y concienzar

Por lo tanto, es fundamental entender la responsabilidad que conlleva el uso de las redes sociales, debido al poder que tienen sobre la naturaleza y el comportamiento de las personas, así como su influencia social en más de la mitad de la población mundial que las utiliza.

Es un gran desafío tanto para los individuos como para las instituciones asumir la responsabilidad y las consecuencias de la violencia y el poder de la influencia social tanto colectivo como individual, que requiere de la atención desde el ámbito político, educativo, social y de salud.

Es cada vez más común observar linchamientos mediáticos en redes sociales hacia personas que se convierten en tendencia por algún acto de exposición de su vida pública, volviéndolas objeto de un discurso lleno de agresiones e incluso amenazas de agresiones físicas. Lamentablemente, en el contexto de las redes sociales, esta influencia puede llevarnos a reproducir comportamientos violentos hacia otras personas o normalizarlos como parte de nuestra vida cotidiana.

Pero al mismo tiempo las redes sociales y las plataformas digitales pueden implantar políticas claras que prohíban y sancionen los discursos y comportamientos violentos. Del mismo modo, desde la escuela y el hogar, es importante reconocer y visibilizar el uso de la violencia en nuestras interacciones cotidianas para fomentar el aprendizaje basado en la empatía, la comprensión y los valores como la tolerancia y el respeto.


Aurea Mercedes Hernández Romero es profesora en la Universidad de Guadalajara. Psicóloga. Maestra en Psicología de la Salud y actualmente Doctorante en Cognición y Aprendizaje. Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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