Medio Ambiente

Los dueños del deshielo

El calentamiento global está derritiendo el Círculo Polar Ártico, refrigerador global y gran reserva de recursos naturales. En consecuencia, las potencias económicas limítrofes ya fantasean con su perforación. ¿Qué consecuencias podemos esperar?

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15
Nov
2022

«La avaricia es algo de naturaleza tan malvada y perversa que jamás sacia su voraz apetito; y después de comer tiene más hambre que antes». Ya en el siglo XIII, Dante Alighieri describía así la avaricia. Más de 700 años después, sus palabras siguen retratando las imperfecciones de la condición humana.

En 2015, el gobierno de Barack Obama aprobó un plan para perforar en el mar de Tchouktches, en el Ártico, en busca de petróleo. Aquella decisión de un líder presuntamente tan comprometido con el medio ambiente no solamente levantó la ceja a unos cuantos ecologistas, sino que reveló la importancia del territorio como fuente de recursos naturales. Ahora bien, cabe mencionar que la excavación duró dos meses, pues el proyecto acabó cancelado por Shell, la compañía responsable.

El motivo es evidente: el Círculo Polar Ártico es el refrigerador global por excelencia y el segundo depósito de carbono más grande del mundo (después del Amazonas). A la vez, se estima que esconde  en su interior 160 billones de barriles de petróleo, según el Servicio Geológico de Estados Unidos, incentivo suficiente para despertar el apetito de las grandes potencias económicas.

Sin embargo, el calentamiento global que está provocando el deshielo del Polo Norte facilita su perforación y por ende el acceso a los recursos naturales. Así, el territorio derretido se convierte en un cofre abierto. Además, en el norte no existe una regulación internacional concreta para proteger la biodiversidad o desarrollo económico, a diferencia que del Polo Sur, factor que puede acelerar cualquier desastre natural.

Si la banquisa ártica acaba por desaparecer, ¿el agua restante pertenecería al Océano Pacífico o al Atlántico?

Varios informes de la NASA prevén que para el 2050 la banquisa ártica habrá desaparecido, o al menos lo hará cada verano. Si el Ártico se derrite, se abrirán muchas rutas entre Asia y Europa; otras serán más cortas, lo que supone un ahorro en combustible y en tiempo de navegación. Y si esto ocurre… ¿El agua restante pertenecerá al Océano Pacífico o el Atlántico? Esta cuestión es la que abre la veda geopolítica entre los países limítrofes, ya que algunos querrían tomar el control de las rutas y otros preferirían que fuera de libre navegación. Los involucrados: Rusia, Noruega, Suecia, Finlandia, Islandia, Dinamarca, Canadá y Estados Unidos.

China también estaría incluida en el conflicto por su interés económico y estratégico, pero no por proximidad al polo. De hecho, el país asiático se declaró en 2018 «Estado cercano al Ártico» y pretende crear, junto a Rusia, un corredor global marítimo por los mares del norte. Durante los últimos años, tanto Rusia como China han incrementado la presencia militar en el territorio y han desarrollado tecnología de doble uso (civil y militar) para ganar influencia, acciones alineadas con su ambición de convertirse en una «gran potencia polar» para el 2030.

China se declaró en 2018 ‘Estado cercano al Ártico’ y pretende crear, junto a Rusia, un corredor global marítimo por los mares del norte

Ante el amanecer de una estrategia que coquetea con la idea de devolvernos a la mentalidad de la Guerra Fría, la Unión Europea ha de responder y el Centro Político Europea propone cuatro ‘d’ como solución: defensa, para que Bruselas ofrezca seguridad a los países nórdicos frente a la expansión militar rusa; disuasión, que aboga por una cooperación mayor entre la Unión Europea y la OTAN para prevenir acciones agresivas de agentes externos; diálogo, para hacer hincapié en los efectos negativos del cambio climático y en la necesidad de tomar acción al respecto aunque no haya consenso político; y diplomacia, que apoya la creación de un comité de las Naciones Unidas en el Ártico.

Esta es la divina comedia de nuestro siglo: de un acontecimiento tan peligroso como el deshielo polar pueden surgir nuevos problemas en lugar de soluciones. El Ártico es una gran reserva de petróleo, gas natural y minerales, y si bien su derretimiento puede parecer apetitoso para los avariciosos dantescos, el hambre de poder podría llevarnos a un largo ayuno, pues el arroz no crece en climas impredecibles, por muy bien armado que esté nuestro ejército.

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