Ucrania

La estrategia rusa

La invasión de Ucrania ha traído de vuelta a Europa la tragedia de la guerra, además de cambios fundamentales que sugieren una pregunta: ¿ha cambiado el mundo tal como lo conocíamos? En ‘¿Hacia un nuevo orden mundial?’ (Deusto), el catedrático José María Beneyto y un grupo de expertos intentan dar con la respuesta.

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Taras Gren
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10
Nov
2022
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Taras Gren

Desde un punto de vista teórico, una estrategia no es sino el diseño, hecho a nivel político, de un procedimiento para alcanzar un objetivo –de naturaleza política–, con los recursos disponibles. En otras palabras, una definición de tres elementos –objetivos, recursos y procedimientos– que deben guardar un equilibrio que debe ser revisado cada vez que lo requieran las circunstancias. Función esencial del estratega es la de coordinar, modulándolo, el empleo de todos los recursos a su disposición para alcanzar el objetivo. Asumiendo que el liderazgo ruso era un actor racional, a la vista de la importancia que Rusia confería al control de Ucrania, y teniendo en cuenta el historial de recurrente desafección a Moscú que había mostrado este país desde 1991, no resultaba aventurado afirmar que el objetivo estratégico con el que Rusia inició la guerra era el de asegurar que Ucrania permanecía definitivamente anclada a la esfera de control de Rusia.

No parecía lógico pensar que Putin se hubiera atrevido a dar el paso de iniciar una guerra para contentarse con una solución temporal que le llevara a tener que enfrentarse de nuevo al mismo problema dentro de unos años. Para lograr ese objetivo, el requisito era un gobierno afín a los postulados del Kremlin y cerrado a la tentación de aproximarse nuevamente a Occidente. En el interés –vital, podría asegurarse– de Rusia estaba el construir una Ucrania favorable a Rusia o, al menos, finlandizada.

El procedimiento decidido para alcanzar el objetivo estratégico fue el de una invasión militar que, por su entidad, medios, y tácticas, podríamos denominar como «convencional», y que debía completarse de manera rápida y fulminante. Ello no significa que, en la ejecución de esta estrategia, no se considerara el empleo de otros recursos. Cabe argumentar, en ese sentido, que Putin empleó contra Europa la amenaza de suspender el suministro de gas a los clientes que no pagaran en rublos; o llevando a cabo acciones en el ciberespacio, o en el ámbito de la desinformación.

La ocupación de Kiev habría entrado en los planes del mando ruso, entre otras cosas, por su alto valor simbólico

Los recursos empleados en la operación son difíciles de determinar. En un cómputo global, la superioridad militar rusa sobre Ucrania era, sobre el papel, muy abultada en personal y material, lo que invitaba a pensar en una fácil victoria rusa. La información OSINT disponible al comienzo de la agresión indicaba que Rusia había acumulado entre 169.000 y 190.000 hombres en zonas de estacionamiento próximas a la frontera de Ucrania.

Durante los últimos años, Rusia había hecho alarde reiteradamente de las nuevas capacidades militares que habría ido adquiriendo con los pingües beneficios obtenidos con la venta de recursos energéticos. Medios como el carro de combate Armata T-14 o el misil hipersónico Kinzhal eran vistos como capaces de inclinar hacia Rusia, por sí solos, el fiel de la balanza de la guerra. Sin embargo, las Wunderwaffen rusas desempeñaron un papel poco significativo en el balance de fuerzas, lo que indicaba que sus capacidades estaban sobredimensionadas o, más probablemente, que no estaban en servicio en la cantidad que se estimaba antes de la guerra.

Diseño operacional ruso

En el plano operacional, el Estado Mayor ruso habría traducido la estrategia definida por el nivel político en un ambicioso diseño articulado a lo largo de varios esfuerzos ejecutados simultáneamente desde varias direcciones:

  • Sur: desde la península de Crimea, para alcanzar Zaporiyia en el arco del río Dniéper, y para abrir dos corredores terrestres, uno hacia el oeste hasta Transnistria, en Moldavia, y otro al este para enlazar con la zona ocupada del Dombás.
  • Este: desde las zonas ocupadas por Rusia en el Dombás, con el objetivo de, bien controlar completamente las oblasti de Donetsk y Luhansk, o bien, simplemente, de fijar a las fuerzas ucranianas desplegadas en este frente, impidiendo que pudieran ser empleadas en otras zonas.
  • Noreste: desde el noreste de Ucrania para alcanzar y ocupar Járkov, alcanzar el codo del Dniéper en Dnipro y enlazar con el esfuerzo sur para aislar a las fuerzas de Ucrania, y para contribuir al control del Dombás.
  • Norte: sobre Kiev, desde posiciones de partida al norte y al noreste de la ciudad. Este último sería, probablemente, el esfuerzo principal de la operación y el que, por tanto, habría tenido prioridad a la hora de asignar medios de maniobra, apoyos de fuego, zapadores, apoyo logístico, salidas de aviación de combate, etc.

La ocupación de Kiev habría entrado en los planes del mando ruso por su alto valor simbólico como capital de Ucrania, y por ser la sede del gobierno. Sin embargo, más que en la capital en sí, el esfuerzo estaría centrado en la decapitación del régimen ucraniano. Es muy probable que Putin hubiera identificado el liderazgo de Zelenski y su gobierno como el centro de gravedad de la operación.

No parece razonable pensar que Rusia tuviera la intención de ocupar la totalidad del territorio de Ucrania

Este diseño obligaba a Rusia a operar desde líneas exteriores, lo que dificultaba la coordinación de esfuerzos y el apoyo mutuo entre ellos. Ucrania, por el contrario, podía hacerlo desde líneas interiores, lo que le permitía mover medios entre esfuerzos para adaptarse a la situación con relativa facilidad. Podía, además, mantener un cordón umbilical abierto con Occidente por el que recibir recursos para sostener su esfuerzo de guerra. A esta desventaja, se sumaba al comienzo la autoimpuesta de no designar un mando de teatro que coordinara unos esfuerzos que, en la práctica, eran independientes.

¿Cuál era la situación final deseada? La opción más plausible era la de que Rusia se obstinara en mantener el control directo –es decir, con presencia militar– de los territorios demográficamente rusos ocupados en Crimea y el Dombás, probablemente extendidos hasta la ribera oriental del Dniéper, y conectados por un corredor terrestre que, a través de Mariúpol, bordeara el mar de Azov. Si se daban circunstancias favorables a ello, el corredor podría extenderse al oeste de Crimea desde Jersón, a través de Odesa, llegando a Transnistria, región oriental de Moldavia de mayoría rusa y ocupada por el ejército ruso desde la desaparición de la Unión Soviética.

Ucrania quedaría, de facto, dividida entre el territorio así definido y el resto del país, finlandizado, sin salida al mar, regido por un gobierno favorable a los postulados de Moscú o, como mucho, neutral, pero bajo control ruso. A la vista de las dimensiones del país, y de sus propias capacidades militares, no parece razonable pensar que Rusia tuviera la intención de ocupar la totalidad del territorio de Ucrania para, además, exponerse a un escenario de insurgencia semejante al que ya vivió en Afganistán.

Ejecución de las operaciones

De manera sorpresiva, el inicio del ataque ruso no estuvo precedido de una fase preliminar de configuración del campo de batalla en la que, mediante el empleo masivo de medios aéreos, de fuego y de guerra electrónica, se buscase la eliminación o neutralización de los elementos de mando y control ucranianos, y de sus centros logísticos, segundos escalones, elementos de inteligencia, comunicaciones y defensa aérea.

Los primeros compases de la ofensiva indicaron que Rusia estaba haciendo un uso limitado de la fuerza. Decir esto después, cuando se conocieron las matanzas que los rusos habían perpetrado en zonas ocupadas por sus unidades, puede parecer una provocación. Sin embargo, y ciñendo el análisis exclusivamente a los primeros días de la guerra, si se compara la destrucción operada con la que se podía haber infligido a, por ejemplo, Kiev, no puede sino concluirse que, inicialmente, hubo un intento deliberado por parte del alto mando ruso de emplear el menor nivel de fuerza posible en las operaciones. En todo caso, y a pesar de que, muy pronto, las fuerzas rusas se aproximaron a los arrabales de Kiev, los avances a lo largo de todos los esfuerzos fueron más bien modestos y dejaron a la vista las limitaciones ofensivas rusas, incapaces de controlar Kiev y Járkov. En el Dombás, los ataques carecieron de profundidad, pero, en este caso, la falta de mordiente podría haber sido deliberada, buscando únicamente fijar en el frente a las fuerzas ucranianas.


Este es un fragmento de ‘¿Hacia un nuevo orden mundial?‘ (Deusto), por José María Beneyto y otros autores.

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