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¿Pueden los residuos ayudarnos a asegurar el suministro de gas?

El biometano puede ayudar a la Unión Europea a alcanzar la independencia energética mediante su conversión en biogás: una alternativa asequible, no contaminante, circular y producida en Europa.

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Yvonne Redín
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Es como mirar a través de un caleidoscopio. La forma puede ser más o menos sencilla, pero el reto en su conjunto es complejo. Separar y tirar la basura es una acción de supervivencia para el ser humano de hoy y del que vendrá. Más allá del imprescindible reciclado de vidrio o plástico para darles una nueva vida, dejar la pereza a un lado y bajar la bolsa de residuos orgánicos puede ser el primer paso para producir una de las principales fuentes de energía del futuro: el biogás.

Esta fuente renovable se genera a partir de residuos orgánicos domésticos (basuras, aguas residuales, restos de la producción agropecuaria y ganadera…) y, además, podría ser clave para propiciar una reducción drástica de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), cuyo principal culpable es el metano –28 veces superior al CO2–, y es que a partir del biogás se puede obtener metano de forma limpia, el llamado «biometano». Este gas alberga una gran energía que puede ser canalizada para su consumo en hogares, lo que ayudaría a la Unión Europea a cumplir tanto con sus objetivos de descarbonización como con la independencia y seguridad del suministro energético.

Una de las grandes apuestas renovables para la UE es el biogás, procedente de basuras, aguas residuales o restos orgánicos

Hacía décadas que la UE no se veía en una encrucijada tan grande a nivel energético, todo debido al juego geopolítico del suministro de combustibles fósiles (petróleo, carbón y, sobre todo, gas) por parte de Rusia como consecuencia de la guerra en Ucrania. Uno de los movimientos que ya han realizado las autoridades europeas es adelantar el plazo para dejar de ser dependientes de los combustibles fósiles (gas principalmente) de 2050 a 2030, revisando lo planteado por la Comisión Europea (CE) hace dos años en el informe Impact of the use of the biomethane and hydrogen potential on trans-European infrastructure.

Así, la CE prevé impulsar la producción de biometano hasta los 35.000 millones de metros cúbicos (m3) dentro del plan REPowerEU, lo que a su vez permitiría reducir el consumo de 155.000 (m3) de gases fósiles (o lo que es lo mismo, exactamente la misma cifra que los países miembros importaron a Rusia en 2021). Para cuadrar las necesidades, no obstante, ha hecho falta revisar el objetivo del Fit for 55 para 2030 y aumentar la capacidad adicional en 18.000 millones de m3.

Una buena red de gas totalmente preparada

Solo en España se recogen alrededor de 20 millones de toneladas de basura al año. Si estas hubieran contribuido a la producción de biogás en su máxima capacidad, se habría logrado sustituir hasta el 32% de la demanda de gas natural a nivel nacional en 2021. Acotado al sector gasista, las emisiones de GEI se hubiesen contraído entre un 20% y un 56%, según las estimaciones recogidas por los expertos en Biogás y biometano como palanca clave en la descarbonización de la economía española elaborado por PwC y el Ciemat y publicado por la Fundación Naturgy.

Pero la realidad es bien distinta en nuestro país: la Hoja de Ruta del Biogás plantea multiplicar por 3,8 su producción hasta 2030, superando los 10,4 teravatios-hora (TWh). Mientras,  solo el 1% del gas consumido a través de la red de gas natural se espera que sea biometano; Alemania, por su parte, prevé que alcance hasta el 20% del total para el final de esta década.

La CE, señalan los autores del citado informe, no repara en destacar la «extensa infraestructura de gas» existente en España como la «principal ventaja competitiva» para el desarrollo del biogás, priorizándolo respecto a otro tipo de tecnologías para acometer la transición energética.

La producción actual de esta fuente de energía renovable en nuestro país, que a final de 2020 contaba con 210 plantas, apenas alcanza el 2% del consumo de gas total en España, según los datos del EBA Statistical Report 2021 publicado por la European Biogas Association (EBA). La mayoría, en orden descendente, son depuradoras de aguas residuales, instalaciones agrícolas, de vertedero y otros.

Sin embargo, compañías como Naturgy están ya redoblando el impulso al biogás, poniendo en marcha la construcción de su tercera planta dedicada a la producción de biometano (en este caso, en la localidad de Vila-Sana, en Lleida). Hasta 3.150 viviendas podrán consumir la energía que genere cada año (unos 11,8 GWh/año), evitando que 2.500 toneladas de CO2 anuales acaben en la atmósfera.

La planta de biogás de Vila-Sana (Lleida) prevé generar unos 11,8 GW/h por año, abasteciendo a más de 3.000 viviendas

La idea de la compañía es materializar una conexión de plantas de biometano a una red «totalmente preparada» para poder distribuir gases renovables. Actualmente, dispone de proyectos de hidrógeno y biometano por valor de 4.000 millones de euros en previsión de que se alcance un 10% de cuota de participación del biometano en el mix gasista, en línea con las últimas indicaciones comunitarias para aumentar la independencia energética de Europa. A través de su filial Nedgia, cuenta con casi 5,4 millones de puntos de suministro de gas natural en 1.150 municipios del país. Su principal activo son los más de 55.500 kilómetros de redes que permiten hacer llegar hoy, de forma segura y eficiente, el suministro energético de gas natural y también la distribución de gas renovable, así como de hidrógeno en el futuro.

Impulso al gas renovable

La nueva central, instalada en la explotación ganadera de Porgaporcs, comenzará a inyectar gas renovable en la red de distribución del grupo en 2023. El objetivo de la energética para 2050 es que todo el gas que ocupe sus redes de distribución sea de origen renovable.

Quizá este anuncio en otro lugar se hubiera producido mucho antes. Y es que la maquinaria administrativa (en este caso, en la concesión de permisos) es otro de los escollos que identifican los expertos del sector a la hora de impulsar esta transición energética en España. En Francia, por ejemplo, una planta puede estar construida en doce meses, una utopía temporal vista desde España.

El analista de Energía en la Agencia Internacional de la Energía (IEA), Gergely Molnar, se mostró tajante durante la presentación del informe de la Fundación Naturgy: «Es muy importante establecer el marco de políticas adecuado».

Y eso queda patente cuando se mira de reojo a otros países comunitarios. «Dinamarca y Francia han demostrado que es muy importante fijar mecanismos de apoyo y subsidios que den una visibilidad clara de la inversión de los desarrolladores, así como mecanismos regulatorios que permitan reconocer el valor del biometano, facilitando su comercialización», añadió.

En este sentido, desde el sector también se insta a implementar el sistema de Garantías de Origen (ya en marcha en otros países europeos) con el fin de certificar la trazabilidad de la energía de cara al mercado eléctrico y al consumidor de forma que la ciudadanía vea que bajar a tirar la basura tiene una repercusión real en su vida.

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