Economía

Los acumuladores de riqueza

La pobreza, la desigualdad y la falta de redistribución social tiene que ver principalmente con una cosa: la ocultación del dinero. En ‘Los acumuladores de riqueza’ (Alianza Editorial), Chuck Collins analiza las ventajas y los mecanismos utilizados por los estratos más privilegiados de la sociedad.

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06
Jun
2022
acumuladores de riqueza

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¿Por qué importa la ocultación de la riqueza? Quizá la respuesta sea tan obvia como la que corresponde a la pregunta «¿Por qué no debes tirar piedras al patio de recreo?». Pero en un mundo en que las implicaciones remotas de nuestras elecciones individuales no siempre son claras, vale la pena detallar el coste social de ocultar la riqueza.

¿No quieres que tu familia se convierta en «una familia centenaria» que conserva su fortuna a través de varias generaciones? ¿No quieres refutar el viejo dicho «De mangas de camisa a mangas de camisa en tres generaciones», es decir, que la primera generación gana el dinero, la segunda generación lo gasta y la tercera vuelve a trabajar? El equivalente chino a ese dicho es «De sandalias a sandalias», mientras que la versión más poética es la italiana: «Del establo a las estrellas y vuelta al establo en tres generaciones».

En el piso veintiuno que ocupa el family office de Dee –o en la torre de cristal en la que se encuentra el Boston Consulting Group– la misión de «ayudar a una familia a conservar su riqueza» suena a algo positivo. ¿Qué daño podría producir esa actividad? El problema es que detener el proceso natural de dispersión de la riqueza a través de generaciones exige la construcción permanente de una presa en el río del dinero. Y un ingrediente clave para crear «una familia centenaria», es decir, organizar para los nietos una vida en la que no tengan que trabajar, es ocultar el dinero a las autoridades fiscales, a los acreedores, a otros miembros de la familia y a la sociedad. Lo que sigue constituye una breve exposición en contra de la ocultación de la riqueza y de por qué necesitamos transformar la Industria de la Defensa de la Riqueza en un modesto sector que cumpla las normas fiscales.

Se permite a los ricos eludir sus responsabilidades fiscales, transfiriendo esas obligaciones a aquellos que cuentan con menos recursos

Existen cuatro razones por las que deberíamos estar alerta frente a los peligros que implica el sistema de ocultación de la riqueza. La primera, porque ese sistema permite saquear la riqueza de las naciones, perjudicando especialmente a los sectores de la población mundial más pobres y más vulnerables. La segunda, porque permite a los ricos y a las corporaciones eludir sus responsabilidades fiscales, transfiriendo esas obligaciones a aquellos que cuentan con menos recursos. La tercera, porque el sistema de ocultación de la riqueza confiere poderes a delincuentes, aprovechados y cleptócratas y les permite medrar en secreto. Finalmente, una de las implicaciones más graves del sistema consiste en que contribuye al rápido crecimiento de los ingresos de unos pocos y de la desigualdad. La Industria de la Defensa de la Riqueza está ayudando a secuestrar billones de dólares en trusts de gran complejidad y en paraísos fiscales, lo cual fortalece las concentraciones oligárquicas de riqueza dinástica, conduce a la destrucción de oportunidades económicas y movilidad social y, finalmente, amenaza a las democracias allá donde existen.

La sustracción de la riqueza en relación con la pobreza

El sistema de ocultación de la riqueza está facilitando el saqueo de las naciones y la extracción de grandes cantidades de recursos naturales y activos financieros. Recordemos la historia de Angola, un país que se recupera de la herencia del colonialismo y que tuvo su propia dinámica de saqueo. Se quita literalmente a los niños el alimento de la boca para permitir que el sistema funcione. Se calcula que por cada dólar de ayuda que llega al continente africano salen dos dólares en forma de sustracción de riqueza y flujo financiero ilícito. Desde este punto de vista, el problema no es tanto la pobreza como el saqueo. Sin la Industria de la Defensa de la Riqueza esa sustracción sería considerablemente más difícil de lograr.

El proceso de ocultación es lo que conecta la concentración de la riqueza con el empobrecimiento del resto de la sociedad. Si a usted le preocupa la pobreza, la desigualdad de los salarios, la distribución de la riqueza según la raza y el fracaso de las sociedades en cuanto a la creación de redes de seguridad adecuadas y sistemas de salud pública, el problema de la riqueza oculta es la causa de todo ello. Con afirmaciones como «estamos en bancarrota» y «no hay dinero», los gobiernos han llevado a cabo políticas de austeridad, reducciones en los presupuestos y privatizaciones, y han dejado de invertir en la comunidad y en la esfera pública. Aún cuando existe un respaldo generalizado con respecto a una inversión mayor en una educación superior de bajo coste, a una vivienda asequible, a un seguro de salud universal y a servicios públicos tales como el transporte, esa falsa austeridad pasa por alto que billones de dólares en ingresos fiscales potenciales han pasado de los libros de cuentas a la oscuridad.

El proceso de ocultación es lo que conecta la concentración de la riqueza con el empobrecimiento del resto de la sociedad

El sistema de ocultación de la riqueza socava la voluntad de la sociedad y erosiona las instituciones democráticas. Al tiempo que se concentra el capital, también se concentra el poder monopolístico político y económico. Como observan los politólogos Benjamin Page y Martin Gilens: «Debido a las contribuciones a campañas políticas, a los grupos de presión, a la influencia sobre el discurso público y a otros medios, la riqueza puede transformarse en poder político». El poder se ejerce no solo para impulsar una agenda económica que concentra aún más la riqueza en manos de unos pocos, sino que también frustra y bloquea políticas dirigidas a redistribuirla e impedir su concentración, lo cual permite a los ricos y a un par de centenares de multinacionales influir desproporcionadamente en las normas y obtener pagos y rentas de trabajadores, comunidades y el ciudadano común.

La investigación de Page y Gilens muestra cómo se bloquean en este ambiente político las políticas dirigidas a aliviar la pobreza, aumentar la movilidad social y reducir la desigualdad económica entre las razas: «Los ricos han conseguido del gobierno unas cuantas cosas importantes: recortes de impuestos para las rentas más altas, un gasto mínimo por parte del gobierno, tratados de libre comercio, subsidios para negocios, rescates para los bancos y la ‘desregulación’ de la economía. Pero los ciudadanos normales no han conseguido mucho, especialmente aquellos que experimentan la presión de una economía globalizada y unos salarios bajos y estancados».

Los trabajadores, los consumidores y las comunidades con bajos ingresos –es decir, todos menos la clase privilegiada de los ricos– son los grandes perdedores en esta sociedad. Por ejemplo, los consumidores se ven abrumados en Estados Unidos por llamadas automatizadas, estafas en internet, una protección deficiente, cuotas de tarjetas de crédito abusivas y cosas peores. Todos los días surgen nuevas estafas como la de Blue Hippo que despojan a la gente del dinero ganado con esfuerzo, unas actividades que se han acelerado con la pandemia de la covid-19.

Las compañías más poderosas se aprovechan de los gobiernos locales débiles y de que no se impone debidamente el cumplimiento de las leyes de protección al consumidor. Sus esfuerzos por impedir la creación de una Oficina para la Protección Financiera del Consumidor –y la campaña que están llevando a cabo para privar de fondos el proyecto y debilitarlo– indican que los que no son ricos tienen todas las de perder. El sesgo de nuestro sistema político a favor de los ricos ha permitido que la Industria de la Defensa de la Riqueza adquiera un mayor impulso en sus esfuerzos por acumular y ocultar las fortunas de sus clientes. Como resultado, se convierte en un parásito de la economía real y productiva, un parásito que extrae rentas y pagos no solo de los ricos sino también de los sectores emprendedores de la economía.


Este es un fragmento de ‘Los acumuladores de riqueza’ (Alianza Editorial), por Chuck Collins.

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