Siglo XXI

Cinco debates desde la ética para el futuro de España

La guerra de Ucrania, la pandemia y el auge de los regímenes autoritarios nos han obligado a detenernos y reflexionar sobre el papel de los Gobiernos, las empresas y la sociedad civil a la hora de proteger la democracia. ¿Necesitamos un nuevo código de conversación pública para garantizar su futuro? Sobre esta cuestión han girado los encuentros organizados por Ethosfera con expertos de la talla de María Rosa Aldea o Ricardo Calleja, cuyas reflexiones se reflejan ahora en un informe que mira hacia las empresas como principales agentes movilizadores frente a la inestabilidad política.

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07
Jun
2022
Ethosfera

Desde el atentado del 11-S, en 2001, el concepto de democracia se ha ido mostrando paulatinamente más frágil. Y no han sido pocas las amenazas que lo han puesto en jaque: regímenes autoritarios, guerras, crisis financieras, crisis sanitarias, etcétera. Los ejemplos más recientes que tenemos a la mano son la guerra en Ucrania y la covid-19, que nos obligaron a detenernos y a reflexionar respecto al papel de los Gobiernos, las empresas, y la sociedad civil (así como la interacción entre las tres) en la defensa de un sistema que Winston Churchill definió como «la necesidad de doblegarse, de vez en cuando, ante las opiniones de los demás».

Con el objetivo de analizar estas amenazas, en el marco del evento organizado por Ethosfera, Mejores empresas, mejor democracia, celebrado en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, Elena Herrero-Beaumont y Diego Garrocho –directora y presidente del Consejo Académico de la organización, respectivamente– presentaron el informe Cinco debates desde la ética para el futuro de España. En esencia, este documento recoge precisamente cinco encuentros realizados durante los últimos meses de 2021 con expertos como Ricardo Calleja Rovira y María Rosa Aldea Busquets, entre otros, donde se abordaron temas tan relevantes en estos tiempos como las amenazas a la democracia liberal, los objetivos climáticos, los fondos Next Generation y, particularmente, la politización de las empresas en la era de los stakeholders.

«Cualquier ciudadano español se hubiera sentido orgulloso y esperanzado si hubiera tenido la ocasión de presenciar el magnífico debate del que hemos sido testigo estos meses», recalcaba Herrero-Beaumont en el evento de presentación del informe, que recoge estas mismas palabras. Se refería a la profundidad con la que el Grupo de Expertos de Alto Nivel (GEAN), formado por 38 hombres y mujeres de la Alta Administración del Estado, así como de la sociedad civil y la empresa, desmenuzaron retos como la erosión de las instituciones, la polarización política, la desigualdad económica y la falta de un diálogo racional en la sociedad, situaciones que ponen en jaque a la democracia liberal.

«El marco ético que defendemos (para las empresas) debería de operar más allá del apetito y las pasiones de sus líderes, que están, muchas veces, devorados por sus instintos de poder y enriquecimiento», especificó la directora. También añadió que los máximos lideres empresariales deberían de sensibilizarse y reconciliarse con los sistemas de razonamiento moral (poniendo como ejemplo a Aristóteles y a Kant), para ejemplificar, desde sus empresas, la mejor versión de la condición humana.

Herrero-Beaumont: «Más de la mitad de la población cree que el sistema institucional imperante está fallando»

Por otra parte, Garrocho quiso subrayar la fuerte necesidad de crear lo que él llama «un consenso de la convicción», para así poder crear espacios más plurales –pese a las distintas posturas de cada uno– donde tengamos la oportunidad entendernos los unos a los otros, y, si fuese el caso, sentirnos libres de cambiar de opinión. «Merece la pena asumir a la democracia como una idea propia… ella demanda un Estado de Opinión, y aunque ahora esté muy erosionado, es momento de rescatarlo», argumentó. «Es imprescindible contar con personas ejemplares y virtuosas que dinamicen las instituciones y sirvan para disponer de un marco de imitación en el ámbito empresarial, las doten de personalidad y establezcan un horizonte ético específico en la toma de decisiones».

En el primer debate recogido por el informe, Amenazas a la democracia liberal y su impacto en la empresa, a cargo de Ricardo Calleja Rovira, este profesor de ética en el IESE business School critica la postura de indiferencia que han adoptado algunas empresas respecto a su responsabilidad en el fortalecimiento de las democracias liberales, así como la necesidad de crear un «pensamiento ético propio». Para él, es necesario buscar buenas prácticas que reactiven el ascensor social y, muy concretamente, abordar los actuales esquemas de retribuciones de los órganos de decisión y su desproporción respecto a los de la plantilla de trabajadores.

Indica, igualmente, que las empresas deben generar un sostenimiento social en el que los valores y la ética sean los cimientos. Por último, pone el dedo en la llaga a la hora de tratar uno de los temas más discutidos: la polarización política. Sostiene que es eso lo que impide llevar a cabo reformas estructurales en un país, y que, en consecuencia, la estructura política (que da seguridad a las empresas) se está resquebrajando.

Por otro lado, Hacia una progresiva politización de la empresa en la era del capitalismo de los ‘stakeholders’, a cargo de Herrero-Beaumont, abre la conversación con esta sentencia: «Las empresas son vertebradoras esenciales de las democracias liberales». Y continua con un dato duro: «Más de la mitad de la población cree que el sistema institucional imperante está fallando». También destaca una postal de estos tiempos que corren, «la estampida de empresas occidentales en suelo ruso como signo de protesta ante el brutal e injustificado ataque y ante los valores de la autocracia rusa, dispuesta a poner contra las cuerdas la aparente hegemonía del orden democrático-liberal».

En este escenario, la directora de Ethosfera concluye que gran parte de la solución radica en la cooperación transversal de Gobiernos, empresa y la sociedad. Algo que no precisamente sucede en la actualidad. Herrero-Beaumont también mira al nuevo paradigma de capitalismo de stakeholders como una respuesta reactiva a las presiones, o una visión auténticamente comprometida de los CEO y los Consejos de Administración.

Respecto a España, señala que el tejido empresarial está compuesto básicamente por pymes y empresas familiares que no siempre tienen la certeza de saber si sobrevivirán un año más, y esa situación incrementa el riesgo de que solo las grandes empresas puedan participar en la resolución de los grandes retos nacionales y globales. «¿Cuál va a ser el papel de las pymes, que constituyen el grueso de nuestro tejido empresarial y que, en muchos casos, se limitan a la mera supervivencia?», se preguntaba en la presentación del informe. Finalmente, igual que Ricardo Calleja, Herrero-Beaumont expresa su preocupación por la polarización política en la que la derecha se encuentra instaurada a la hora de hablar del capitalismo de stakeholders y por una izquierda no sale de una postura antiempresarial.

El tercer capítulo de estas conversaciones es Hacia la gestión ética de los Fondos Next Generation. En él, María Rosa Aldea Busquets, directora general adjunta de la Dirección General de Presupuestos y contable de la Comisión Europea, habla sobre la gestión de la crisis y el apoyo para la recuperación tras la abrupta caída económica causada por la pandemia. Hace referencia al Mecanismo de Recuperación y Resiliencia (MRR) que incluye 724.000 millones de euros en préstamos y subvenciones para apoyar las inversiones y las reformas de los Estados con el objetivo de superar la crisis.

Este programa en concreto se asienta sobre seis pilares, entre los que destaca la transición ecológica, a la que se destinará un 37% del gasto total. El resto es para movilidad sostenible, renovación energética, adaptación al cambio climático, circularidad y sostenibilidad. Esta situación, como sostiene Busquets, tiene el objetivo de reforzar la resiliencia social y económica, pues se trata de un mecanismo europeo que busca la recuperación tras la crisis sanitaria, pero también el fortalecimiento del sistema ante futuras crisis. En la conversación también participó Santiago Fernández Muñoz, jefe de la Unidad de Seguimiento del Plan de Recuperación en la Secretaría General de Asuntos Económicos y G20 del Gabinete de la Presidencia del Gobierno, para remarcar la «novedosa condicionalidad del Plan». Es decir, que solo se desembolsarán los fondos cuando existan unos claros resultados.

En todas las conversaciones sobrevuela la misma idea: el papel fundamental de la ética a la hora de facilitar la toma de decisiones

La cuarta ponencia, a cargo de Antonio Lucio y Carlota Mateos, De los grandes objetivos climáticos a la agricultura familiar, abre con el titular de un periódico que resume, claramente, su esencia: El cambio climático es política. Con esta referencia, Lucio y Mateos defienden que en la dialéctica entre lo local y lo global no hay soluciones perfectas. Desde su punto de vista, la perspectiva global colisiona en ocasiones son sesgos de percepción de clase y los habitantes de poblaciones rurales, en numerosas ocasiones, se sienten desconectados con quienes adoptan las decisiones políticas.

También ahondan en esa unidireccionalidad del diálogo social llevado a cabo por parte de la Administración. En este sentido, una parte creciente de la población siente una cierta conciencia de victimización por ser quienes cargan con el coste de la Agenda 2030. Por último, señalan también que en muchos sectores sociales sigue creciendo la desconfianza hacia las élites y se mantiene la idea de que «operan como una nueva fuente de sospecha».

En todas las conversaciones sobrevuela la misma idea: el papel fundamental de la ética a la hora de facilitar la toma de decisiones. Así concibe su labor Diego Garrocho, responsable de cerrar el informe con el debate Más allá del dilema: Tres modelos de reflexión para la decisión moral. Para él, la ética no es una ciencia, método o instrumento; es, en todo caso, una disciplina sin lindes con la formalidad que orienta a la hora de tomar decisiones y, sobre todo, «nos permite dar razón pública sobre qué creemos que es mejor y qué es peor».

Por eso, defiende, un marco ético previamente fijado es imprescindible cuando toca tutelar la toma de decisiones en escenarios imprevistos. Y eso vale tanto para empresas como Gobiernos y sociedad civil. En este sentido, Garrocho hace hincapié en que lo más importante: las personas. El actor social más importante. Por eso mismo, es necesario contar con referentes que funcionen como un marco de ejemplaridad e imitación en el ámbito empresarial. El presidente del Consejo Académico de Ethosfera cierra esta ronda de conversaciones con una advertencia para el mundo empresarial, pieza clave a la hora de blindar las democracias liberales: la claridad de los principios de una compañía no solo es útil, también un rasgo de transparencia imprescindible. 

Cómo ser un líder (éticamente) responsable

Antes de terminar el evento de presentación de este informe, y para poner la guinda a esta reflexión tan compleja, la Ministra de Innovación Diana Morant cerró el evento en una fructífera charla con Paz Guzmán, Consejera Económica de la Unión Europea en España. ¿Cómo ve el auge de los populismos y la polarización de la sociedad? Fue la pregunta que rompió el hielo. Tajante, la ministra reconoció: «con preocupación». Después afirmó que la ciencia y los populismos son antagónicos; la primera busca soluciones a problemas complejos de la sociedad y necesita tiempo, mientras que los segundos solo simplifican los problemas y empobrecen sus soluciones por ser cortoplacistas.

«Los populismos pueden atropellar a la ciencia y entorpecer las soluciones. La negación de la ciencia tiene una relación directa con el populismo. Situémonos en la pandemia: allí donde se han negado la ciencia y las recomendaciones científicas, es donde ha habido más muertes. En los territorios de Estados Unidos gobernados por el partido republicano y por gente cercana a Donald Trump, fueron los que reportaron más muertos por Covid-19», apuntó, concluyendo que el populismo «es una amenaza para la democracia».

Diana Morant: «Los populismos pueden atropellar a la ciencia y entorpecer las soluciones»

Después, Paz Guzmán puso sobre la mesa un tema espinoso: las diferencias socioeconómicas que siguen determinando el futuro laboral y el ascensor social en España. ¿Cómo contribuye la ciencia a la erradicación de la desigualdad y de la meritocracia mal enfocada? Morant respondió con una reflexión sobre el éxito propio: «Yo no considero que me merezca más que lo que se merecía mi madre. Yo pude estudiar una carrera, pero ella no, porque no se lo permitieron. Aun así, mi madre se ha esforzado mucho más que yo. Por lo tanto, la meritocracia no existe, lo que sí que existe es el Estado de Bienestar, y es lo garantiza la igualdad de oportunidades ante las desigualdades de cuna». Después afirmó que la desigualdad es el motor de la pobreza. Y que la política es una herramienta para combatirla.

¿Cómo lograr entonces que las empresas innovadoras incorporen principios éticos en sus procesos y que el Estado pueda establecer un marco de cooperación con la sociedad civil? Según la ministra, es fundamental poner en valor a la capacidad de la política para regular lo que el mercado no puede de manera autónoma, haciendo hincapié en las diferencias en la gestión de la presente crisis en comparación a la de 2008. «En 2008 se afrontó con recortes y con austeridad. El sistema público educativo, sanitario y científico quedaron muy afectados», opinó. Respecto a la crisis pospandémica, puso en valor los fondos de la Unión Europa, enfatizando la movilización de 140.000 millones de euros en cinco años (el equivalente a lo que se movilizó en 37 años desde la entrada a la UE): «Tenemos que crear leyes para que la ciencia siga siendo prioritaria».

Cambiando la línea y el guión, Guzmán decidió enfocarse en las capacidades y valores necesarios para que un líder público para ser responsable éticamente. Y remarcó una idea de la ministra: la política trabaja para mejorar la vida de las personas. Así, para Morant, lo primero que hay que entender sobre la política es que se trata de un ejercicio vocacional hacia lo público. Una concepción que casa a la perfección con la línea con la que Herrero-Beaumont comienza este informe: «Existe espacio para la virtud, y esta es contagiosa».

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