Siglo XXI

¿Existe la aviación verde?

Los aviones representan el 3,5% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero en el mundo. Se trata de la última frontera de un transporte caracterizado por superar cualquier tipo de límite: la contaminación.

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13
Jun
2022
aviación

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El ser humano ha aspirado desde el principio de los tiempos a volar como los pájaros, pero fue tan solo hace aproximadamente 120 años cuando su ingenio le permitió alumbrar el primer artefacto tecnológico capaz de elevarse del suelo con una persona a bordo. El avión, ese hito en la acostumbrada capacidad humana para desafiar sus propias limitaciones, choca hoy frontalmente con otras barreras: las de la cantidad de sustancias nocivas para el medio ambiente que el planeta es capaz de soportar.

Y no son pequeñas: a la industria de la aviación se le atribuye el 12% de los gases de efecto invernadero emitidos por el sector transporte en el mundo, así como el 3,5% de la totalidad de emisiones global. Dióxido de carbono, óxido de nitrógeno, monóxido de carbono, óxido de azufre, metano, vapor de agua, hollín, hidrocarburos sin quemar y ozono son tan solo algunos de los nocivos elementos que hace pagar a la atmósfera el ansia humana por surcar los cielos. 

Aunque las operaciones aéreas son en la actualidad un 70% más eficientes de lo que lo eran en los años setenta del siglo pasado, la huella ambiental de esta industria sigue siendo lo bastante importante como para que sus responsables se hayan puesto manos a la obra para tratar de reducirla.  En 2016, por ejemplo, la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), organismo dependiente de la ONU, aprobó el Esquema de Reducción y Eliminación de Carbono de la Aviación Internacional: una resolución que señala el objetivo de limitar las emisiones totales de CO2 de la aviación civil internacional para que no superaran los niveles marcados por el Carbon Neutral Growth 2020 (CNG2020). 

A la aviación se le atribuye el 12% de los gases de efecto invernadero emitidos por el transporte en el mundo

La iniciativa venía a compensar el hecho de que no se establecieran medidas específicas para el transporte aéreo en los Acuerdos de París de un año antes. Mejorar la eficacia energética del sector en un 2% anual, introducir paulatinamente combustibles sostenibles en los aviones y elaborar planes de compensación de emisiones fueron algunas de las resoluciones acordadas en el proyecto. El programa no será de obligado cumplimiento hasta 2027, si bien en 2021 se inició una fase piloto en la que ya están participando 81 Estados (o, lo que es lo mismo, el 77% del tráfico aéreo internacional).

Tomando medidas

Una pregunta, por tanto, se cierne sobre los aeropuertos: ¿cómo reducir la deuda ambiental que uno de los más portentosos inventos humanos contrae diariamente con el planeta? La reducción –o incluso supresión de los vuelos domésticos de corto recorrido– en sustitución por otros medios de transporte más limpios es una de las propuestas que más está sonando últimamente. No es casual: un estudio realizado por la Universidad de Manchester reveló que la gran cantidad de vuelos existentes entre ciudades situadas a distancias de menos de 300 millas (482,8 kilómetros) es uno de los factores determinantes del calentamiento global. Algunas estimaciones han llegado a señalar que alcanzaríamos una reducción potencial de 2 millones de toneladas de gases de efecto invernadero si estos vuelos «cortos» fueran suprimidos. Una opción que algunos gobiernos, incluido el español, estarían contemplando actualmente.

La investigación es otra de las grandes bazas con las que cuenta el sector aeronáutico para reducir sus emisiones sin tener que renunciar a parte de su negocio. Innovaciones como los llamados winglet –unos dispositivos aerodinámicos que se colocan en el extremo de las alas– permiten ahorros considerables en el consumo de combustible.

Otra de las grandes apuestas de la aviación verde son los combustibles sostenibles: algas, materiales orgánicos o desechos urbanos son algunas de las fuentes que se barajan para alimentar los voraces motores de una industria que necesita de grandes dosis de energía para elevarse por encima de la superficie. A finales de 2021, el helicóptero Airbus H225 fue el primero de la historia en utilizar un 100% de combustible sostenible. La empresa europea quiere que sea algo más que una anécdota, razón por la cual trabaja en la creación de los primeros aviones comerciales sostenibles, habiendo presentado ya los primeros prototipos de ZeroE, que –propulsados enteramente con hidrógeno verde– podrían comenzar a funcionar en el año 2035. 

Este combustible, el hidrógeno verde, es una de las grandes esperanzas para que el transporte aéreo sostenible sea una realidad antes de llegar al deadline climático del año 2050. El cero neto que se necesita pasaría, eso sí, por desarrollar infraestructuras suficientes relacionadas con el hidrógeno verde a unos costes sensiblemente inferiores a los actuales. Algo que, a juzgar por los últimos movimientos de gobiernos y empresas del sector energético, podría convertirse en realidad antes de lo previsto.

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