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Ucrania: Crónica de una invasión anunciada

En 2013, el Euromaidán despertó un conflicto con Rusia que lleva latente desde hace casi una década: durante este tiempo, 13.000 personas han perdido la vida entre Crimea y el Donbás. Vladimir Putin no ha empezado una nueva guerra; ha hecho partícipe a todo el mundo de una que ya existía.

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11
Mar
2022
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Un asentamiento ucraniano en el Donbás.

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El 24 de febrero de 2022, Rusia inició su ataque de avance sobre la capital de Ucrania, Kiev. Tras ocho años de lucha armada contra el país, Vladimir Putin decidió resolver sus diferencias con Occidente como el ser humano ha tendido a hacer siempre: con violencia. Él asegura tener motivos suficientes para hacerlo. Pero ¿cómo hemos llegado a esta situación?

Para analizarlo, debemos rebobinar hasta la Revolución rusa de 1917, cuando los bolcheviques se alzaron contra el último zar, Nicolás II, y su régimen feudalista. Cinco años de revuelta nacional concluyó con la instauración del comunismo y el nacimiento de la Unión Soviética. Era un Estado federal, y como tal, crearon y fusionaron múltiples repúblicas socialistas. En 1922, una de ellas nació como República Popular Ucraniana.

Asimismo, al término de la Segunda Guerra Mundial, los ganadores se repartieron los territorios conquistados por los nazis y Stalin se quedó un trozo de la Polonia hitleriana que integró en la joven República Popular Ucraniana. Entre las piezas de este puzzle no estaba Crimea, una península al norte del Mar Negro reconvertida en república autónoma para los tártaros de la URSS. Sin embargo, en 1954 el líder ruso Nikita Kruschov cambió de opinión y finalmente anexó Crimea a Ucrania, aunque bajo el dominio soviético.

Los rusos se arrepintieron  de esta concesión a partir de la desintegración de la URSS en 1991, ya que Ucrania se proclamó país independiente y se llevó a Crimea detrás. A pesar de ello, habían sufrido tantos años de guerra y hambre que ambos países (la Rusia y Ucrania que hoy conocemos) prefirieron llevarse bien… Hasta 2012.

Hace diez años, Ucrania se acercó por primera vez a la Unión Europea, y eso sí que no gustó en absoluto a los rusos. Más concretamente a Vladimir Putin, que ya era presidente en este momento y veía a las potencias occidentales como enemigo. Para su desagrado, los lazos entre Ucrania y Europa se fueron estrechando –incluso acordaron un pacto de ingreso en la Unión Europea–. No obstante, cuando estaban a punto de firmar, en 2013, el presidente ucraniano Víktor Yanukóvich se echó atrás repentinamente debido a supuestas presiones rusas y dio plantón a los vecinos del oeste. 

Hace diez años, Ucrania se acercó por primera vez a la Unión Europea; una decisión que no gustó en absoluto al Gobierno ruso

Aquel acontecimiento fue la semilla del caos. Miles de ciudadanos salieron a la calle para pedir explicaciones a Yanukóvich y retomar el contacto con Europa. Las protestas, protagonizadas por europeístas y algún grupo ultraderechista, se tornaron violentas y acabaron con unos 2.000 heridos y 100 muertos. Estos disturbios recibieron el nombre de Euromaidán. Y de buenas a primeras, en pleno apogeo nacional, el presidente Víktor Yanukóvich huyó de Ucrania sin previo aviso.

El país estaba sumergido en el desconcierto más absoluto y, mientras el Parlamento intentaba tomar las riendas del poder, Vladimir Putin se aprovechó de la inestabilidad (especialmente la de Crimea, pues era una región muy polarizada ideológicamente) y grupos armados prorrusos, algunos financiados por Moscú, tomaron las principales instituciones, izaron la bandera rusa y declararon su independencia. Al poco tiempo, en 2014, la península celebró un referéndum ilegal para decidir si se anexionaba a Rusia. Y ganó el «sí». Ahora bien, ¿qué tenía Crimea para ser tan codiciada por Putin? Entre otras cosas, allí se encuentra la principal base naval del ejército ruso, y como está en zona ucraniana, Rusia había de pagar una tasa anual por seguir utilizándola.

En consecuencia de esta apropiación ilegítima, Rusia fue expulsada del G8 y las relaciones diplomáticas con Occidente desaperecieron. Además, empujados por el triunfo en Crimea, fuerzas separatistas prorrusas ocuparon municipios del este ucraniano, lo que provocó el enfrentamiento con el ejército nacional. De forma similar, un referéndum proclamó la independencia de dos localidades: Donetsk y Lugansk. Y así dio comienzo en 2014 la conocida guerra del Donbás, todavía vigente. 

Empujados por el triunfo en Crimea, las fuerzas prorrusas ocuparon municipios del este ucraniano, lo que provocó el enfrentamiento contra el ejército nacional

Desde su inicio hasta la actualidad, las potencias occidentales acusaron al Gobierno de Putin de dar apoyo militar a los separatistas, aunque los líderes de Moscú siempre lo negaron. Fuera como fuera, la cifra de heridos y fallecidos llegó a tal nivel que ambas partes (auspiciadas por la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa) dieron una oportunidad a la mediación a través de los acuerdos de Minsk, en los que se pactó el alto al fuego. Fue un fracaso. En varias ocasiones posteriores se intentaron retomar las negociaciones de paz, pero cada vez que lo intentaban, tanto Rusia como Europa incumplían sus promesas. Al final, entre el Euromaidán, los enfrentamientos en Crimea y en el Donbás, la ONU contabilizaba más de 13.000 muertos, 3.000 de ellos civiles. Una situación insostenible que no podía ser eterna.

Y no lo ha sido. En febrero de este año, Vladimir Putin dio un golpe sobre la mesa.«Considero necesario tomar una decisión que desde hace tiempo caía por su propio peso», anunció, y reconoció la anexión a Rusia de las regiones separatistas del Donbás, Donetsk y Lugansk. Esta acción suponía el incumplimiento de uno de los principales puntos de los acuerdos de Minsk, pero le permitía hacer un despliegue militar oficial y justificado para «defender y proteger a su pueblo». El 24 de febrero de 2022, Rusia inició su ataque.

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