Sociedad

Gordofobia sanitaria, o cuando un diagnóstico depende del peso

Desde embarazos de riesgo hasta embolias pulmonares, numerosos diagnósticos de personas con sobrepeso han quedado emborronados en los hospitales, centros de atención primaria y centros privados como consecuencia de negligencias alimentadas por la discriminación ligada a la apariencia física.

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04
Mar
2022
gordofobia

El término gordofobia hace referencia a un sentimiento generalizado de odio y rechazo que se ejerce de forma sistemática contra las personas con sobrepeso u obesidad, un sentimiento originado por un arsenal de prejuicios interiorizados en la mente colectiva e individual. Estos abarcan todo un espectro de connotaciones, algunas de las cuales simulan ser positivas, como la manida frase de que «los gordos son buenas personas», y que, sin embargo, su trasfondo es puramente discriminatorio: presupone un rasgo de personalidad amable que compense lo que socialmente se considera un defecto; la gordura. Otros prejuicios, en cambio, son despectivos explícitamente en su forma y contenido, como considerar que la gordura es una enfermedad o afirmar que las personas con sobrepeso u obesidad están así porque no se cuidan.

Generalmente, y a menudo de forma inconsciente, se tienden a asociar los cuerpos no normativos con una serie de características como la vagancia y la debilidad. Ese es precisamente el gran problema de la gordofobia: nos afecta a todos porque así hemos sido educados. Inevitablemente, el resultado es un sentimiento de inutilidad en las personas gordas que se disemina a otras áreas vitales más allá del peso. Sientes que tu cuerpo no es válido y que, por lo tanto, tú tampoco lo eres. Si no vas al gimnasio te llaman flojo, pero si haces ejercicio te señalan con el dedo o te miran por encima del hombro. Lo mismo ocurre con la alimentación: da igual que lleves una dieta impecable durante toda la semana porque si decides comer ultraprocesados un día, siempre habrá alguien recordándote la importancia de cuidarse.

A la lista de encontronazos gordófobos se suma aquel que gana mayor credibilidad debido a quien lo practica y, paralelamente, el que más riesgos conlleva: el que ocurre en la consulta del médico. Hablamos de gordofobia sanitaria, una forma de negligencia que se produce en el ámbito sanitario y cuyas repercusiones a nivel personal no solo atentan contra la salud mental, sino que ponen en riesgo la salud física del propio paciente.

Eso fue, precisamente, lo que vivió Carolina, una mujer de 38 años que acudió al Hospital Clínico Universitario de Málaga en hasta cinco ocasiones aquejada de un fuerte dolor abdominal, ausencia de periodo y una subida repentina de peso. En realidad estaba embarazada, pero en cuatro de las visitas los sanitarios que la atendieron hicieron alusión a su peso. Los diagnósticos: lumbalgia, insuficiencia venosa y un bultoma de grasa. El tratamiento: dieta para bajar de peso.

La mayoría de negligencias por gordofobia se acaban convirtiendo en una neblina apenas perceptible por la sociedad

No fue hasta el momento en que se puso de parto cuando se le realizó un test de embarazo que dio positivo, ingresándola inmediatamente después para dar a luz con un pronóstico grave, ya que tenía dos coágulos en la cabeza y diversas complicaciones producidas por el parto por cesárea imprevisto. Carolina y su marido denunciaron ante la justicia lo ocurrido, pero la mayoría de negligencias por gordofobia se acaban convirtiendo en una neblina apenas perceptible por la sociedad y los médicos que ejercen la discriminación, así como en una cicatriz imborrable en la piel de quienes la sufren.

También Miguel (43 años) acudió en marzo de 2021 a su médico de cabecera con dificultad para respirar y dolores en la zona del tórax. Su médico le preguntó si había pasado el coronavirus. “«Me dijo que si no era covid, era por estar gordo, que adelgazase y en unos meses si seguía igual volviese a llamar», relata. Sufría una embolia pulmonar que detectaron en urgencias, aunque el propio Miguel reconoce que le costó mucho ir por «el miedo a que me volviesen a mandar para casa y que me humillasen por mi peso».

Para Noelia (35 años), la gordofobia sanitaria siempre ha formado parte de su vida. «He llegado a ir al médico a que me quitasen la escayola de un esguince y que me diga que tengo que adelgazar», recuerda. «Aunque tengas un problema de salud que no tiene nada que ver con el peso, te acaban diciendo que estás gorda», algo que, como ella misma ha vivido en primera persona, se menciona de forma estigmatizante, sin ofrecer alternativas realistas ni atender a su origen. «Si por lo menos te dijesen qué hacer, pero solo te piden que hagas dieta, así, en términos generales. Una dieta que igual es de 1.000 calorías y te provoca una anemia que, por supuesto, también es por culpa de estar gorda. O batidos que te hacen tener atracones, y cuando se lo dices te echan la bronca por no tener fuerza de voluntad. Nadie se preocupa por la parte emocional», se lamenta. «Y lo peor de todo es que, cuando lo cuentas, hay gente que dice que no es para tanto o que directamente no te cree. ¿Tengo que morirme para que este tipo de violencia sea tenida en cuenta?».

La gordofobia sanitaria no es un suceso aislado, sino una expresión más de una cultura que criminaliza el sobrepeso y la obesidad tachando a las personas gordas de enfermas a la vez que se les niega un trato digno. Una cultura que ignora por completo los múltiples factores que influyen en el proceso de engordar o adelgazar, reduciéndolo a una cuestión de fuerza de voluntad y condenando a las personas gordas al ostracismo social y médico, reduciendo de forma drástica la confianza en el personal sanitario y la adherencia a los diferentes tratamientos. Un cóctel molotov, en resumidas cuentas, que tarde o temprano estalla.

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