Siglo XXI

‘Facebook Files’ y el espejismo de la privacidad

En 2016, el escándalo de Cambridge Analytica desveló cómo la red social más grande del mundo jugaba con la información de sus usuarios, empujando a Mark Zuckerberg a una crisis de reputación sin precedentes. Recientemente, a finales de 2021, el ‘Wall Street Journal’ publicó una serie de investigaciones que, lejos de exculpar al empresario estadounidense, mostraron que el juego de datos personales continúa vigente y a mayor escala.

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24
Mar
2022

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Existe un aforismo marketiniano que dice así: «cuando el producto es gratis, el producto eres tú». O en el caso de Facebook, las publicaciones, los me gusta, las horas de conexión, los contactos y hasta las aplicaciones que hemos utilizado a lo largo de nuestra vida.

No es ninguna novedad que paguemos nuestra identidad virtual mediante datos. Lo sabemos, pero, eso sí, no desde siempre. Nuestra llegada a la era digital fue de espaldas a este acontecimiento. ¿Quién conocía el big data entonces? ¿De qué forma podríamos imaginar que nuestro cumpleaños fuera a formar parte de un complejo entramado publicitario? Dimos nuestra confianza al gurú tecnológico Mark Zuckerberg y su objetivo de estrechar lazos entre familias y amigos y, tras años volcando nuestra vida en internet, convenciendo a las generaciones más escépticas de las ventajas de la virtualidad, el desenlace no fue otro que descubrir que Facebook ‘traficaba’ con nuestros secretos.

El caso de Cambridge Analytica, que robó información de unos 50 millones de perfiles para utilizarlos ilegalmente en campañas políticas, fue el punto de inflexión, la primera vez que la sociedad asimiló que, además de no tener privacidad, su información estaba siendo utilizada para manipular la opinión pública. Y no acabó ahí: en septiembre de 2021, las investigaciones Facebook Files de The Wall Street Journal demostraron que, además, los trabajadores de la red social son plenamente conscientes del impacto nocivo que provocan sus decisiones sobre sus usuarios.

Zuckerberg defiende que «muchos de los adolescentes recurren a Instagram cuando necesitan ayuda en momentos difíciles»

Uno de los reportajes del medio explica que Facebook sabía que Instagram (propiedad de Zuckerberg desde 2012) podía empeorar los problemas de autoestima y dismorfia entre los adolescentes y que, aun así, nunca tomaron acciones para aliviar esta situación. Paralelamente, la plataforma continuó creando estrategias para atraer a usuarios de esta franja de edad e incluso menores de 13 años (en España, por debajo de esa edad no está permitido registrarse en ninguna red social sin consentimiento expreso de los padres o tutores) para que el consumo comenzara cuanto antes. No podían permitirse un declive como el del gigante Facebook, del que huyen los más jóvenes por haberse convertido en «una red social para viejos». La empresa de Zuckerberg, por su parte, afirma que estas acusaciones son una interpretación sesgada de datos, y defiende que «muchos adolescentes con los que hablaron sienten que usar Instagram les ayuda cuando pasan por momentos difíciles».

Otro ejemplo de malabares con datos está reflejado en el llamado XCheck (o verificación cruzada), que podría definirse como un Facebook VIP. Es una subplataforma en la que políticos, futbolistas y cantantes célebres pueden publicar cualquier contenido sin tener que respetar las reglas de censura, ya que existen menos filtros que los utilizados para vigilar las publicaciones del ciudadano estándar. Frente a este sistema de doble justicia, la versión institucional argumenta que «el sistema de verificación no es un sistema de justicia, sino un proyecto en desarrollo. Es una herramienta diseñada para aplicar con precisión las políticas sobre el contenido que requiera más tiempo en ser comprendido». Facebook se justifica, pero de momento no pretende corregir algoritmos, pues argumentan que una tentativa de remedio afectaría al uso general de la plataforma.

Frances Haugen, extrabajadora de la red social, fue la principal encargada de distribuir miles de documentos internos para luchar contra sus exjefes

La científica de datos Frances Haugen, extrabajadora de la red social, fue la principal encargada de distribuir miles de documentos internos para luchar contra sus exjefes. Su contribución prendió la mecha de las investigaciones periodísticas y, cuando tuvo la oportunidad, expuso su tesis frente al Senado de su país: «Facebook quiere que creas que los problemas de los que hablamos son irresolubles. Quieren que creas que debes elegir entre conectarte con tus seres queridos y tu privacidad personal. Que para compartir fotos divertidas de tus hijos también debes ser inundado con desinformación. Quieren que creas que esto es simplemente parte del trato. Hoy estoy aquí para decir que eso no es cierto».

En definitiva, Facebook sigue en caída libre. Por suerte para Zuckerberg, el imperio goza de tal omnipotencia que mucho habría de caer para darse contra el suelo. Ahora bien, para revertir el desprestigio mediático, el fundador de la red social ya está vendiendo el metaverso y, de nuevo, su persistente voluntad de estrechar lazos entre familias y amigos. Quizás es el delirio del moribundo tras un golpe fatal. O quizás el siguiente juego con el que hacer de la privacidad un espejismo.

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