Sociedad

El comienzo del sufragismo

La historia del sufragismo es, ante todo, la lucha a favor de la justicia para las mujeres. En ‘Mi historia’ (Capitán Swing), Emmeline Pankhurst relata sus vivencias como líder del movimiento.

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01
Mar
2022
sufragismo

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Para dar cuenta del espectacular crecimiento de la Unión Social y Política de las Mujeres (WSPU) tras su creación en Londres y explicar por qué atrajo de esa forma a mujeres que hasta entonces no se habían interesado por el tema, debo indicar de qué manera es distinta nuestra sociedad a otras asociaciones sufragistas. En primer lugar, nuestras socias tienen en su cabeza un único objetivo; concentran todas sus fuerzas en una sola cosa: la igualdad política con los hombres. Ni una sola socia de la WSPU divide su tiempo entre el sufragio y otras reformas sociales. Mantenemos que tanto la razón como la justicia dictan que las mujeres deben formar parte de la lucha contra los males que afligen a la sociedad, especialmente contra aquellos que perjudican directamente a las propias mujeres. Por tanto exigimos, antes que cualquier otra medida legislativa, la justicia elemental que supone el derecho al voto de las mujeres.

No cabe ni la más mínima duda de que las mujeres de Gran Bretaña habrían podido votar hace décadas si todas las sufragistas hubiesen adoptado el mismo principio. Nunca lo hicieron, e incluso hoy en día muchas mujeres inglesas se niegan a ello. Son, ante todo, afiliadas a un partido, y después sufragistas; o son sufragistas a tiempo parcial y teóricas sociales el resto del día. Además, lo que nos diferencia de otras asociaciones sufragistas y de otras sociedades existentes en 1906 es que comprendimos con claridad la situación política que se interponía entre nosotras y nuestro derecho a votar.

Durante siete años, una mayoría en la Cámara de los Comunes se había comprometido a votar a favor de un proyecto de ley de sufragio. De hecho, el año anterior habían votado a favor de una, pero esta proposición no se convirtió en ley. ¿Por qué? Porque incluso una abrumadora mayoría de miembros privados carece de poder alguno ante un Gobierno hostil compuesto por 11 ministros. Antes, un miembro privado del Parlamento poseía poder individual y responsabilidad, pero los usos parlamentarios y un cambio en la concepción de lo que supone la política han ido disminuyendo las funciones de los miembros. Actualmente, su poder, a efectos prácticos, se limita a sancionar medidas introducidas por el Gobierno o, en contadas ocasiones, medidas privadas aprobadas por el Gobierno. Es verdad que la Cámara puede rebelarse y votar una moción de censura contra el Gobierno para forzar su dimisión. Pero eso casi nunca sucede, y es menos probable que ocurra hoy día. Los peleles no se rebelan.

La Unión Social y Política de las Mujeres fue creada para abordar esta situación contra las mujeres y superarla

Por tanto, esta era nuestra situación: el todopoderoso y constantemente hostil Gobierno; las filas de incapaces legisladores; la apatía del país; las mujeres divididas. La Unión Social y Política de las Mujeres fue creada para abordar esta situación y superarla. Es más, si persistíamos lo suficiente con nuestras políticas, no sería posible fracasar. ¿No es sorprendente que en cada asamblea reclutásemos a nuevas socias?

Afiliarse a la unión era un trámite bastante informal. Cualquier mujer podía hacerse socia si abonaba un chelín, firmaba una declaración de fidelidad a nuestras políticas y se comprometía a no trabajar para ningún partido político hasta que las mujeres consiguieran su derecho al voto. Aún hoy seguimos siendo inflexibles en esto. Es más, si en cualquier momento una socia o un grupo de socias pierde la fe en nuestras políticas, si alguna empieza a sugerir otro tipo de proceder o intenta desorganizar el movimiento, deja automáticamente de ser socia. ¿Autocráticas? Tal vez. Se puede objetar que una organización sufragista debería ser democrática. Pues las socias de la WSPU no estamos de acuerdo. No creemos en la efectividad de una organización sufragista al uso. La WSPU no puede verse estancada por un puñado de complejas reglas. No tenemos un ideario ni unos estatutos; nada que tenga que enmendarse, remendarse o debatirse en una reunión anual. De hecho, no tenemos reunión anual, ni pequeñas asambleas, ni elecciones. La WSPU es sencillamente un ejército de sufragistas en el campo de batalla. Es un ejército puramente voluntario en el que nadie está obligado a permanecer. De hecho, no queremos que nadie forme parte de él si no cree ardientemente en los principios de nuestro ejército.

La base de nuestras políticas es la oposición a cualquier Gobierno que se niegue a conceder el voto a las mujeres. Apoyar con nuestra palabra o con nuestros actos a un Gobierno hostil al sufragio femenino es, simple y llanamente, invitarle a que continúe siendo hostil. Nos oponemos al Partido Liberal porque está en el poder. Nos opondríamos a un Gobierno unionista si estuviera en el poder y se opusiera al sufragio femenino. Decimos a las mujeres que mientras permanezcan en las filas del Partido Liberal están dando su tácita aprobación a las políticas gubernamentales antisufragistas. Decimos a los miembros del Parlamento que mientras apoyen cualquiera de las medidas del Gobierno están dando su tácita aprobación a las políticas gubernamentales antisufragistas. Hacemos un llamamiento a todas las sufragistas de verdad para que abandonen el Partido Liberal hasta que las mujeres puedan ejercer su derecho al voto del mismo modo en que lo hacen los hombres. Hacemos un llamamiento a todos los votantes para que voten en contra de los candidatos liberales hasta que el Gobierno liberal haga justicia con las mujeres.

La WSPU es sencillamente un ejército de sufragistas en el campo de batalla

No nos hemos inventado esta forma de proceder. Ya la implementó Parnell con éxito en su lucha por la Home Rule hace más de 35 años. Cualquiera que tenga la edad suficiente para haber vivido los emocionantes días de Parnell recordará cómo en 1885 los Home-Rulers votaron una y otra vez en contra del Gobierno en la Cámara de los Comunes, forzando así la dimisión del Sr. Gladstone y de su gabinete. En las siguientes elecciones generales, el Partido Liberal consiguió el poder una vez más, pero por una ajustada mayoría de ochenta y cuatro, ya que los Home-Rulers se habían puesto en contra de todos y cada uno de los candidatos liberales, incluso de aquellos quienes, como mi marido, eran entusiastas partidarios de la Home Rule. Con el fin de mantener el control de la Cámara y su liderazgo, el Sr. Gladstone se vio obligado a formular un proyecto de ley gubernamental a favor de la Home Rule. La caída de Parnell por culpa de ciertas intrigas personales impidieron que el proyecto se convirtiera en una ley. Después de eso, durante muchos años, los nacionalistas irlandeses no tuvieron un líder lo suficientemente fuerte para continuar con las políticas antigubernamentales de Parnell, pero el Sr. John Redmond las ha retomado, gracias a lo cual los Comunes aprobaron un proyecto de ley a favor de la Home Rule.

Las sufragistas anticuadas, así como los políticos, siempre han pensado que una opinión pública instruida acabará estando de acuerdo con el sufragio femenino sin necesidad de ejercer ninguna presión a favor de la reforma. Nosotras estamos de acuerdo con que la opinión pública debe estar instruida, pero argüimos que incluso una opinión pública instruida es inútil si no se usa con vehemencia. El arma más potente resulta ineficaz a no ser que se blanda con valor. En 1906, una gran mayoría de la opinión pública estaba a favor de la concesión del voto a las mujeres. ¿Pero en qué beneficiaba eso a la causa? Necesitábamos de la gente algo más que solidaridad. Queríamos que exigiesen al Gobierno que escuchara la voz del pueblo y concediese el voto a las mujeres. Y anunciamos que haríamos la guerra, no solo contra las fuerzas antisufragistas, sino contra todas las fuerzas neutrales e inactivas. Cada hombre con derecho a voto era considerado un enemigo del sufragio femenino si no estaba preparado para ser un amigo activo.

No es que creyéramos que había que renunciar a la campaña educativa. Al contrario, sabíamos que la educación debía continuar, y de manera mucho más contundente que antes. Lo primero que hicimos fue una sensacional campaña para que la gente se diera cuenta de la importancia del sufragio femenino y para despertar el interés hacia nuestros planes de presionar al Gobierno. Creo que podemos decir que nuestro éxito en este ámbito fue inmediato y ha demostrado ser permanente. Al principio, en aquellos días de Londres, éramos pocas socias y contábamos con escasos recursos económicos, pero dimos a conocer el movimiento sufragista como nunca antes. Adoptamos los métodos del Ejército de Salvación y fuimos por las carreteras y los caminos reclutando personas. Desechamos todas nuestras nociones convencionales acerca de lo que significaba ser «una dama» y tener «buenos modales», y antes de aplicar nuestros métodos nos preguntábamos: ¿ayudará a la causa? Igual que los Booth y sus seguidores llevaron la religión a las calles de tal modo que la gente de la Iglesia quedó horrorizada, nosotras acercamos el sufragismo al público general de una forma que fascinó y escandalizó a las otras sufragistas.


Este es un fragmento de ‘Mi historia‘ (Capitán Swing), por Emmeline Pankhurst.

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