Energía

Electroestados: China y la geopolítica de las renovables

El mapa geopolítico está cambiando ante energías renovables como el hidrógeno verde, que pronto pasarán a convertirse en el nuevo instrumento de poder utilizado para definir el rol de las nuevas potencias mundiales. Y en el centro de la mesa está el país asiático.

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Carla Lucena
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10
Ene
2022
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Carla Lucena

Referirse a China siempre implica tratar con cifras de dimensiones inimaginables, inabarcables: 1.400 millones de habitantes; 9,596,960 kilómetros cuadrados; 4.000 años de historia, etcétera. Por eso, en el momento de intentar dilucidar cómo será el mundo en un futuro (no tan lejano como se puede llegar a creer) en el que la geopolítica sea definida por el control de las ‘nuevas energías’, ineludiblemente China se presenta como lo que ya es: una superpotencia. Un ‘dragón dormido’ que tardó solo 40 años en abandonar un atraso ancestral y que en la actualidad lidera la inversión mundial en energías renovables.

Muchos expertos imaginaban que el final de la hegemonía estadounidense llegaría después de una tercera guerra mundial o un conflicto nuclear, pero la recomposición estratégica del mapa mundial se llevará a cabo por países que, como China, sean capaces de liderar el mercado de las energías renovables. También las nucleares, en pleno centro del debate después de que la Comisión Europea las reconociera como energía limpia: de acuerdo con los datos del Organismo Internacional de la Energía Atómica, más de la mitad de los reactores nucleares que se construyen en el mundo están en Asia; un total de 27, repartidos entre China, India y Corea del Sur. A pesar de lo sucedido en Fukushima (Japón) en 2011, el continente se suma a la carrera de las renovables y las nucleares.

El orden mundial ha cambiado (o, al menos, el protagonismo de ciertos estados), pero seguimos hablando de ‘hegemonías’ y ‘conflictos energéticos’. La única diferencia es que ahora el papel de China es indiscutiblemente central porque, para 2030, habrá superado las capacidades nucleares de Estados Unidos y porque su inversión en energías renovables sigue siendo, año tras año, la más grande en el mundo. Y, sin embargo, China continúa siendo el país que más contamina con combustibles fósiles. Ante esta fotografía, ¿cómo será el nuevo mapa dentro de 30 años?

Pese a la pandemia, China creció cuatro veces más que Europa y Estados Unidos

Ciudades chinas como Beijing, Shanghai y Shenzen son monstruos urbanos que demandan niveles energéticos estratosféricos. «Esto lleva a China a ser la Disneylandia de las energías renovables porque no hace más que instalar placas solares, parques eólicos y centrales hidroeléctricas», explica Enrique Fonseca, cofundador de VisualPolitik, en uno de sus vídeos centrados en explicar por qué ese gigante asiático ha crecido como ningún país del mundo. Los datos corroboran su conclusión: el informe Estadísticas de capacidad renovable de la Agencia Internacional de Energías Renovables, China sumó en 2020 sumó una potencia de 136 GW frente a los 30,6 de la Unión Europea y los 29 de Estados Unidos.

Siguiendo la misma línea, de acuerdo con Francesco La Camera, director general de Irena, la década que inició con 2020 marca una nueva era no solo para las energías renovables, sino para la recomposición de la geopolítica. China está a punto de construir el primer reactor compacto del mundo, con el que pretende abaratar la electricidad vía la energía nuclear. Eso colocará al país en un puesto de ventaja significativa frente a otras potencias energéticas en la larga (y aún naciente) nueva carrera energética.

En Europa, Alemania va a la cabeza pero ¿a costa de quién?

Desde el desastre de Fukushima, Alemania decidió abandonar el desarrollo progresivo de la energía nuclear para centrarse en otras energías. Una de ellas es el famoso hidrógeno verde, con una apuesta al nivel de desarrollar una Estrategia Nacional del Hidrógeno (NWS). Es aquí donde comienza la controversia. 

El país teutón tiene un plan para la creación de centrales energéticas de cara al 2030, sin embargo, se estima que la capacidad de producción local (y europea) no podrá satisfacer las necesidades alemanas (a pesar de que el informe Estado de la Unión de la Energía 2021, de la Comisión Europea, aseguró que las energías renovables son la principal fuente en Europa, superando ya a las fósiles), y es por eso que tendrá que invertir en el extranjero e importar esa energía.

Se estima que la capacidad de producción local obligará a invertir en el extranjero para importar energía

Las miras están en África. Específicamente en la República Democrática del Congo. Y surge una nueva pregunta: ¿hasta qué punto es esto moral? En una entrevista, el comisionado alemán para asuntos africanos, Günter Nooke, demostraba el interés de su país en abastecerse de grandes cantidades de hidrógeno verde, específicamente de la central hidroeléctrica Inga 3 (ubicada concretamente en la RDC). Además, Ángela Merkel también confirmó esa necesidad, argumentando que la producción tanto alemana como del resto de Europa no serán suficientes para satisfacer su demanda. Sin embargo, el mismo Nooke, también prendió la polémica cuando afirmó que ese plan era uno en el que «todos ganan» porque en él se unen «la política contra el cambio climático, la industrialización de África y las buenas relaciones con China y Estados Unidos», dos países que también están interesados en la construcción de la planta Inga 3.

Por otro lado, destaca el interés de dos empresas fabricantes de turbinas en el proyecto (la austriaca Andritz AG y la alemana Voith Hydro) y de una de gas natural, también alemana (VNG-Vernbudnetz Gas).Pero, sobre todo, resulta llamativo que los representantes de dichas empresas fueran recibidos por Felix Tshisekedi, el presidente de la República Democrática del Congo. Fue él mismo mandatario el que guió a los empresarios europeos por las dos centrales hidroeléctricas –Inga 1 (inaugurada en 1972) e Inga 2 (inaugurada en 1982)–. De acuerdo con distintos informes medioambientales, una vez finalizada Inga 3, el conjunto de las tres presas constituirá la mayor central hidroeléctrica del mundo «duplicando la capacidad de la presa de las Tres Gargantas en el río Yangstsé de China». Un potencial energético «que no existe en otra parte del mundo», en palabras de Peter Magauer, delegado de la empresa austraica.

El otro lado de la moneda del hidrógeno

Un estudio publicado por Ecologistas en Acción y el Observatori del Deute en la Globalització crítica esta recomposición geopolítica a raíz de las renovables. Más específicamente, la ambición y los intereses que rodean al codiciado hidrógeno verde. Para arrancar, recurre a datos imposibles de ignorar: más de 30 países ya han creado estrategias nacionales para el desarrollo de este vector energético. Además, menciona existen más de 220 proyectos al respecto, y están presupuestados más de 350.000 millones de euros en inversiones (más de la mitad ligados a Europa). Y apunta que «llama la atención» que los países más interesados en el hidrógeno sean parte del Norte global, principales consumidores actuales de combustibles fósiles.

«Cabe cuestionar la utilización del Inga Dam 3 para la generación de hidrógeno verde y exportarlo hacia Europa, ya que su viabilidad de transportar hidrógeno verde a largas distancias es tan baja como su rendimiento para la utilización final por los diferentes procesos de transformación a lo largo de la cadena y las necesidades energéticas externas para llevarlos a cabo»», explicaba. Es decir, al margen del discurso político, llevar hidrógeno verde desde la RDC hacia Alemania tendría costes mucho más elevados.

Dentro de las fronteras chinas no hay uranio, por lo que el país se verá obligado a comprárselo a Kazajistán, uno de los mayores productores

Pero la crítica central del proyecto es que solo el 20% de la población congolesa tiene acceso a la electricidad. Es por ello que distintas asociaciones civiles ya han denunciado la inversión alemana, puesto que lo prioritario debería ser la construcción de plantas locales para atender a las necesidades de la población local en lugar de favorecer el negocio extranjero. Eso más allá de las denuncias de que la construcción de Inga 3 provocaría un impacto medioambiental negativo auspiciado por la pérdida de ecosistemas endémicos, además del desplazamiento forzado de comunidades que actualmente habitan en esa zona.

Pero los dardos no se terminan ahí. El informe de Ecologistas en Acción también cita también un análisis publicado por la Red Europea de Observatorios Transnacionales (ENCO) donde se advierte que «los países no son los únicos que tienen interés en tener un rol destacado en la transición energética: la promoción y desarrollo del mercado del hidrógeno se está llevando a cabo de la mano de las grandes empresas y lobbies fósiles y energéticos con el objetivo de mantener sus cuotas de poder».

¿Cómo será el mapa geopolítico en 2030?

Según datos de la Agencia Internacional para la Energía Nuclear, en menos de ocho años China superará a Estados Unidos como la nación con más energía nuclear. Sus reactores serán 100% nacionales; es decir, ya no tendrán participación las empresas estadounidenses, francesas, británicas o canadienses. Dentro de las fronteras chinas no hay uranio, por lo que debe importarlo. ¿A quién? A Kazajistán, el productor del 40% de este producto en el mundo.

Entonces, ¿en el tablero geopolítico, donde las energías renovables y la energía nuclear definirán las capacidades y el poder de los Estados, veremos a China como el eje central? Todo indica que así será, solo queda por ver cuándo dejará, finalmente, de quemar carbón. Llegado ese momento, cabrá preguntarse cómo cambiarán las reglas del juego geopolítico de otras grandes potencias como Estados Unidos o la Unión Europea.

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