Sociedad

Los otros Nobel: una lista de los galardones más polémicos

Los galardones entregados por la Academia Sueca reconocen la innovación, el talento y la creatividad. Sin embargo, en ocasiones los premios también reconocen a seres humanos con algunas de las ideas más abyectas posibles.

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12
Nov
2021
Nobel

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Todo premio encierra la injusticia de aquellos que, aún mereciéndolo, no lo recibieron; incluso aunque quien lo conquiste esté fuera de toda sospecha. A mayor notoriedad y lustre, por tanto, más controversia. Y si se trata de la gloria, nada como un Premio Nobel, ya que más allá del diploma y la medalla de oro que apareja  –e incluso más allá de los 900.000 euros–, el galardón es un salvoconducto único para poder ingresar en la historia.

A las categorías originales instituidas en 1901 –Física, Química, Medicina, Literatura y Paz– se añadió, en 1968, la de Economía. Si bien es cierto que los nombres sobre los que recae este laurel suelen ser acogidos con casi total reconocimiento internacional, lo cierto es que hay ocasiones en las que el jurado falló y erró, haciéndolo de forma tan estrepitosa que, en algunos casos, es difícil pensar que no van cargados de alevosía.

William Shockley defendía la eugenesia para combatir la «evolución regresiva», ya que, a su juicio, los afroamericanos se reproducían más rápido que los caucásicos

El caso del estadounidense William Shockley, Premio Nobel de Física por sus investigaciones sobre semiconductores y la invención del transistor, es, cuanto menos, llamativo. Este ‘cráneo privilegiado’, que diría Valle-Inclán, defendía la eugenesia para combatir la «evolución regresiva», ya que, a su juicio, los afroamericanos se reproducían más rápido que los caucásicos, pauperizando la media del coeficiente intelectual de los norteamericanos. Por esta razón llegó a proponer incluso la esterilización de los primeros.

El Nobel de Física había sido hasta entonces, paradójicamente, el más ramplón de los concedidos hasta aquel momento, pues el jurado propuso concedérselo ex aequo a Nikola Tesla y Thomas Edison por sus contribuciones a la electricidad. No obstante, el serbio rechazó compartir la distinción y el jurado, acaso improvisando, terminó por adjudicárselo a un sueco: Nils Gustaf Dalén, inventor de una válvula solar que regulaba el funcionamiento de las lámparas de gas.

Y AstraZeneca movió los hilos

El alemán Fritz Haber obtuvo el Premio Nobel de Química en 1918 por conseguir sintetizar el amoníaco a partir del nitrógeno y el hidrógeno para su uso como fertilizante. A la vez, sin embargo, supervisaba matanzas masivas con miles de cilindros de gas durante la I Guerra Mundial, como ocurrió en la ciudad belga de Ypres, donde murieron más de 1.000 soldados franceses y argelinos en apenas 10 minutos.

Si cambiamos el asesinato por el machismo podríamos hablar del genetista norteamericano Joshua Ledernerg, Premio de Medicina en 1958 por el descubrimiento de un virus que infectaba a las bacterias y por la concepción de una técnica para transferir bacterias entre placas de petri, unos recipientes de cristal redondos. Sin embargo, lo cierto es que la que hizo el descubrimiento fue su mujer, Esther, a quien la Academia Sueca tuvo a bien ignorar tanto casi como su marido, que en su discurso solo la mencionó una vez.

Kary Mullis despertó la ternura y la preocupación cuando explicó que un grupo de alienígenas luminosos con forma de mapaches parlantes le hablaban

James Watson, co-descubridor de la estructura del ADN, logró el Premio Nobel de Medicina en 1962. Watson fue considerado a la vez genio y majadero: defendía la existencia de vínculos bioquímicos entre la pulsión sexual y el color de la piel –cuanto más oscura, más depravación de la libido–, y entre el peso corporal y la ambición, lo que lleva a pensar que el cardenal-duque Richelieu, a su juicio, tendría que ser orondo como Jabba el Hutt, la inmensa babosa de La guerra de las galaxias. Watson también justificó –al menos parcialmente– el antisemitismo, argumentando, además, que África estaba abocada a la miseria hasta que dejáramos de pensar que la inteligencia de los africanos es la misma que la de los occidentales. En 2014, Watson subastó la medalla de oro por tres millones y medio de euros. Hasta el momento, es el único Nobel que ha hecho tal cosa.

Kary Mullis, Premio Nobel de Química en 1993, despertó la ternura y la preocupación cuando explicó que un grupo de alienígenas luminosos con forma de mapaches parlantes le hablaban. Mullis, consumidor habitual de LSD, inventó la reacción en cadena de la polimerasa, una técnica que permite obtener un gran número de copias de un fragmento de ADN particular partiendo de un mínimo. Quizás fuera el exceso de ácido fue lo que le llevó también a negar la existencia de la enfermedad del sida.

Vergonzoso resultó el caso del alemán Harald zur Hausen, Nobel de Medicina en 2008. Hausen recibió el premio gracias a la detección del componente causante del cáncer en el cuello uterino. Poco después de recibir el galardón, sin embargo, se descubrió que la empresa farmacéutica AstraZeneca tenía ya preparadas las vacunas pertinentes, además de dos personas en el jurado con fuertes vínculos empresariales.

Nobel de la Paz… ¿o de la guerra?

Si hay una categoría polémica, esa es la relativa a la paz. El galardón fue concedido en múltiples ocasiones a auténticos señores de la guerra. Es el caso de Cordell Hull, que lo recibió en 1945 por su papel determinante en la creación de la Organización de Naciones Unidas. Cuatro años antes, en plena Segunda Guerra Mundial, Hull se había opuesto a que el presidente Roosevelt recibiera a un barco de refugiados judíos; este tuvo que regresar, llevando a la muerte de muchos de sus pasajeros en campos de concentración.

Durante el doble mandato de Barack Obama no hubo un solo periodo de tregua en las guerras que mantuvo abiertas

El hombre que instigó los bombardeos de Camboya y apoyó la implantación de dictaduras militares en Latinoamérica, Henry Kissinger, recibió en 1973 el Nobel de la Paz, causando asombro a escala mundial. El ex Secretario de Estado norteamericano lo tendría que haber recibido de manera conjunta con el político vietnamita Le Duc Tho, si bien este rechazó el reconocimiento. No es algo baladí: en sus 120 años de existencia, solo este estrega y el filósofo francés Jean Paul Sastre lo han rehusado. Cuatro más, por otra parte, fueron animados por sus gobiernos a desestimarlos: el químico austríaco Richard Kuhn, el bioquímico alemán Adolf Butenandt, el bacteriólogo Gerhard Domagk y el escritor ruso Boris Pasternak.

Doce días después de que Barack Obama jurase su puesto como presidente de los Estados Unidos se cerraba la candidatura del Nobel de la Paz; lo recibió apenas nueve meses después. Durante su doble mandato no hubo, sin embargo, un solo periodo de tregua en las guerras que mantuvo abiertas: Siria, Afganistán e Irak.

La política birmana Aung San Suu Kyi consiguió el premio por su lucha no violenta contra el gobierno militar de su país, pero veinte años después se destapó su omisión e indolencia ante las matanzas –que recibieron la calificación de genocidio por parte de la ONU– y violaciones de los derechos humanos sufridos por la minoría musulmana de los rohingya en Myanmar.

El mítico líder palestino Yasser Arafat compartió el galardón con el primer ministro israelí, Isaac Rabin, y su ministro de Exteriores, Shimon Peres, en 1994. El motivo fue su trabajo en los Acuerdos de Paz de Oslo, un tratado que muchos imaginaron como un armisticio definitivo entre ambos pueblos. Arafat, sin embargo, estuvo involucrado en numerosas acciones armadas: quizás la paz tiene un reverso que solo alcanza a ver la Academia Sueca. Ya lo dijo Herta Müller, Nobel de Literatura, por cierto: «cuando hablamos, quedamos en ridículo».

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