Sociedad

Breve historia del populismo español

La ruptura del bipartidismo propició el ascenso de los partidos populistas en España. Tanto Podemos como Vox propugnaron tras su nacimiento un rechazo a las élites políticas y una nueva idea de pueblo, ahondando en las divisiones existentes en la sociedad.

¿QUIERES COLABORAR CON ETHIC?

Si quieres apoyar el periodismo de calidad y comprometido puedes hacerte socio de Ethic y recibir en tu casa los 5 números en papel que editamos al año a partir de una cuota mínima de 30 euros, (IVA y gastos de envío a ESPAÑA incluidos).

COLABORA
12
Nov
2021
nacionalismo populismo

El bipartidismo se rompió y las grandes ideologías comenzaron a desintegrarse, exactamente igual que la credibilidad de los partidos políticos tradicionales. Ni el PSOE ni el PP, que hasta el momento habían marcado la senda del devenir político español, resultaban suficientes para atajar las aspiraciones de un electorado cansado de votar entre uno y otro. Es en ese momento cuando Podemos asciende meteóricamente con un discurso caracterizado por el populismo, un término escurridizo que no refiere tanto a una ideología como a una forma de actuar. Lo mismo ocurriría también, tiempo después, con la formación que ocuparía el extremo parlamentario contrario, Vox.

El populismo se encuentra ligado a ‘lo antisistema’, a la oposición de las elites. El politólogo Ignacio Torreblanca ahonda en esta última característica cuando menciona que «el discurso populista impugna lo existente, generalmente la democracia liberal. Por eso, el populismo puede llegar tanto desde la derecha como desde la izquierda: el relato es que el sistema no funciona porque está gobernado por unas elites egoístas que toman decisiones de espaldas al pueblo». Según el analista, «el cuestionamiento de los populistas se halla al decir que la democracia es el gobierno del pueblo, ya que entonces quien gana unas elecciones no debería enfrentarse a ciertas limitaciones como el cuestionamiento de los compromisos internacionales, el nombramiento de jueces, la regulación de los medios de comunicación o la modificación de la Constitución».

El populismo se encuentra ligado a ‘lo antisistema’, a la oposición de las elites

Se trata de una «democracia iliberal», ya que señala al liberalismo como el destructor de la democracia. «Bajo el esquema de una mayor democracia acaban implantando una idea dañina de la misma», continúa explicando Torreblanca. Podemos fue el primer actor que utilizó esta herramienta en el campo político, pero no ha sido el único. Tal y como afirma el experto, el movimiento independentista catalán y Vox también han sabido jugar sus cartas populistas. «Los primeros defendiendo que, si esto es una democracia, tendrían derecho a decidir sobre la independencia, y los segundos batallando por derogar el estatuto de las autonomías u otros temas más morales, como la pena de muerte», defiende el politólogo.

Así, el populismo español rompió primero por la izquierda, con la aparición de un partido propulsado por el legado de la crisis y la lucha contra los recortes en materia social. Más tarde, el procés catalán se aferraría también a la idea populista, si bien con una base en la identidad catalana en lugar de la soberanía popular. «Y lo mismo con la reacción de Vox, un nacionalismo español que hasta el momento estaba dormido. En lugar de un populismo, en España nos quedamos con tres», sentencia Torreblanca.

La ‘procés’ catalán y el inicio de Vox

Steven Forti, investigador del Instituto de Historia Contemporánea de la Universidad Nova de Lisboa, acaba de publicar Extrema derecha 2.0. Qué es y cómo combatirla. Forti propone otra definición de populismo. «Viene a ser una herramienta, una retórica, un estilo e incluso una estrategia que utilizan muchos de los líderes en la actualidad, como mínimo desde la última década», señala. Dicho populismo ya se dejaba ver en la izquierda europea con Syriza, en Grecia, pero también por la ultraderecha francesa con el Frente Nacional –ahora llamado Reagrupamiento Nacional– de Marine Le Pen.

Según Forti, la crisis territorial de Cataluña –y sus consecuencias– ha sido la espoleta principal para que Vox entrara en escena

Desde el punto de vista del historiador, la crisis territorial de Cataluña –y sus consecuencias– ha sido la espoleta principal para que Vox entrara en escena. No obstante, según señala, también se ha de tener en cuenta el aumento de las desigualdades acarreado por la crisis económica de 2008, uno de los elementos esenciales que acompañan a este tipo de formaciones a nivel mundial. «Si bien la unidad de España es una de las características que marcan su discurso, no es la única. Otros aspectos conectan a Vox con una gran familia global, la nueva extrema derecha, un eje relacionado por una serie de valores ultraconservadores ligados a la cuestión del aborto, los derechos del colectivo LGTBI, el feminismo y la migración», relata.

Hurgar en las grietas que polarizan a la sociedad es la gran baza de las extremas derechas globales. Forti, consciente de que el fenómeno de la extrema derecha está en plena evolución, analiza la relación entre Vox y la clase trabajadora. «Hasta el momento este partido político no ha mordido entre las clases populares, ni mucho menos en el voto de la izquierda. Los análisis poselectorales de las elecciones a las que se han presentado mostraban que Vox era votado, sobre todo, en los barrios de rentas medias y altas», señala Forti. Todo ello no sorprende al historiador: afirma que Vox siempre fue una escisión del PP, con un votante que procede de una extrema derecha que hasta entonces aglutinaba el Partido Popular.

La necesidad de polarizar

Según Extrema derecha 2.0. Qué es y cómo combatirla, la extrema derecha ha venido para quedarse. De hecho, con su nicho ya marcado, Vox tendrá que ampliarlo. «No solo se debe al aumento de las desigualdades, sino al incremento de las tensiones debido a temas culturales como el aborto, la migración o el feminismo. Así aumenta la desconfianza de la población en las instituciones y se abona el terreno para que propuestas rupturistas entren con fuerza», explica.

Su populismo también se encuentra enraizado con una mirada cortoplacista que ya caracteriza a la extrema derecha. Según arguye el historiador, cambian de posición y modifican su programa de una forma bastante rápida, tal y como ya ha sucedido con Salvini en Italia: dado que la extrema derecha necesita una sociedad polarizada y crispada, las cuestiones que atañen a los valores son constantes.

El nacionalismo del pueblo

Los referentes de Podemos, por otra parte, proceden de Latinoamérica, a lo que se suma una pátina de ‘italianismo’, como se aprecia en el término ‘casta’, tan explotado por el partido morado. Según Torreblanca, el populismo de Podemos y ‘lo latinoamericano’ queda expuestos desde el principio «en el sentido del estructuralismo económico norte-sur que Iglesias defendió en el Parlamento Europeo al hablar de la liberación de los pueblos frente a la austeridad auspiciada por Alemania», agrega el politólogo.

Los referentes de Podemos proceden de Latinoamérica, a lo que se suma una pátina de ‘italianismo’, como se aprecia en el término ‘casta’

La coyuntura son elementos que este tipo de partidos saben leer bien a su favor. Así lo demuestra que el punto más álgido de Podemos coincidiera con la aparición de las ‘tarjetas black’. «En España no puedes construir un nacionalismo español si eres Podemos, así que lo tienes que hacer sobre la identidad de los servicios públicos, una idea de ciudadanía no nacional; mientras, sí crees en la plurinacionalidad, lo que supone una fuerte contradicción para este partido político, ya que la mayoría de partidos populistas sí son nacionalistas», explica el analista.

Para Torreblanca, «cada populismo tiene que saber en qué caladero de votos está y cómo insertarlo en su argumentario». Pese a ello, estas fuerzas intentan llegar al centro ideológico rehuyendo de propuestas moderadas –como sí hacen el PP y el PSOE– para focalizarse en propuestas radicales. «El votante de Podemos ha sido un votante acomodado, un votante de las clases intelectuales urbanas, no del obrero del cinturón industrial», remarca el politólogo.

No haberse convertido en el partido que hable a las clases trabajadoras es también un fracaso que ha sufrido Vox. «El paternalismo franquista es la vía natural para que un partido de extrema derecha fructifique en España, pero eso no es lo que ha hecho Vox. Es casi como si esto fuera más propio de Podemos, como por ejemplo se observa con la protección de los trabajadores y la regulación de los alquileres. Si quieres ser un partido exitoso de extrema derecha, lo que tienes que hacer es proteger al trabajador, proteger su vivienda y blindar los subsidios con políticas de Estado que significan inversión estatal. Vox ha hecho lo contrario al defender las pensiones privadas y los recortes en ayudas y derechos de los trabajadores», finaliza Torreblanca.

ARTÍCULOS RELACIONADOS

Políticos en Twitter: a la caza de la viralidad

Elías Manuel Said Hung | Marta Sánchez Esparza | Adoración Merino Arribas

Los principales partidos apelan a la emoción en sus mensajes buscando la viralidad y el fortalecimiento ideológico.

Sobre el síndrome populista

Giacomo Marramao

Solo una democracia desaprendida de fetiches identitarios logrará promover la acción colectiva y el debate social.

COMENTARIOS

SUSCRÍBETE A NUESTRA NEWSLETTER

Suscríbete a nuestro boletín semanal y recibe en tu email nuestras novedades, noticias y entrevistas

SUSCRIBIRME

Aviso de cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrar a los usuarios publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si se continúa navegando, consideramos que se acepta su uso. Es posible obtener más información aquí.