Cultura

Peter Dinklage, el actor que derrotó todos los prejuicios

Gracias a Tyrion Lannister (‘Juego de Tronos’), Peter Dinklage pudo romper todos los moldes sin caer en el clásico encasillamiento del género cinematográfico. ¿Cuál es el futuro de este actor que confesó haber necesitado ayuda profesional para «matar» a su carismático personaje?

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20
May
2021
Tyrion Lannister
El actor Peter Dinklage en un fotograma de ‘Descuida, yo te cuido’ (Netflix)

Entre charcos de sangre, Peter Dinklage (Nueva Jersey, 1969) llegó al estrellato: su protagonismo como Tyrion Lannister en la serie de televisión Juego de tronos le convirtió en una de esas nuevas promesas lanzadas por una televisión en estado de gracia. Por aquel entonces tenía 40 años y nunca antes había podido alcanzar, a diferencia de otros tantos compañeros de profesión, un nivel de popularidad relevante. Su acondroplasia –conocida coloquialmente como «enanismo»–, que le lleva a medir menos de un metro y medio, definió sus proyectos por la brevedad y la ocasionalidad de quien no encaja en la industria.

Mantener una dignidad humana era, para él, un peaje ineludible; no habría, con su rostro, papeles marcados por los estereotipos. «Como actor es importante decir no», defendía en una entrevista en The New Yorker hace dos años. Y así fue durante muchos años: nada de enanos circenses. Tan solo a partir de 2003, con su rol en Vías cruzadas, se empezó a generalizar la presencia de su talento más allá de cualquier condición física, con apariciones en películas como Un funeral de muerte. Según llegó a reconocer, «antes de que apareciera mi personaje en Juego de tronos las personas de mi estatura no interesábamos a ningún productor». Un talento que no solo rompió sus propias limitaciones personales, sino que también derrumbó algunas barreras dentro del sector cinematográfico.

Dinklage: «He visitado a un doctor para sacar a Tyrion Lannister de mí. No es tan fácil librarse de él»

Basta conocer, por ejemplo, los requisitos por los que Dinklage accedió a interpretar a Tyrion Lannister, el papel que le otorgaría la fama y el reconocimiento: ni barbas largas, ni zapatos puntiagudos. El exotismo asociado al enanismo –presente a través de tradiciones históricas con connotaciones hacia la magia, el misterio, lo insólito y lo anormal– quedaba así rechazado. Su personaje debía ir más allá de la peculiaridad física y estética. En definitiva, un personaje humano. Y así fue: inteligente, romántico, soberbio y, sobre todo, independiente. No deja de ser insólito en una obra del género fantástico donde el enanismo se asocia a la erudición y a la magia, a una rama genealógica completamente distinta de la especie humana.

Tras una década y cuatro ‘Emmys’ a las espaldas, Peter Dinklage dejó tras de sí una muestra de elemental dignidad humana. «Fue difícil decir adiós porque no solo me despedía de la serie, sino de mi vida en Irlanda del Norte [habitual lugar de filmación]», explicaba tras ganar el último premio por su papel en la serie, en consonancia con su descripción de la serie televisiva como «una gran familia de la que formar parte». La despedida, ante todo, se caracteriza por lo anticlimático de la misma: nada está rodado cronológicamente, por lo que no hay una gran escena de colofón. Juego de tronos era, en sus propias palabras, «nuestra vida».

Una nueva vida

«Siempre estoy detrás de la gran pieza cinematográfica que pueda ayudar a crear», explicaba tras el final de la serie de HBO. A pesar de todos los obstáculos, Dinklage no parece haberse encasillado en Lannister, algo especialmente difícil por la popularidad del género en la actualidad –cabe recordar que también está en marcha una serie de El señor de los anillos– y por su condición física. Algunas de sus producciones más recientes incluyen películas dramáticas –véase, por ejemplo, Mi cena con Hervé– y comedias negras, como Descuida, yo te cuido. Incluso hay huecos para protagonizar la acción más deliberadamente cutre, tal como apuntan las informaciones acerca de su protagonismo dentro del remake de la película El Vengador Tóxico.

Nada de esto, sin embargo, ha sido sencillo. Dinklage llegó a afirmar un año después del final de Juego de Tronos que para «matar» a Tyrion Lannister había necesitado ayuda profesional. «He visitado a un doctor para sacarlo de mí. Han sido diez largos años, y no te puedes librar de ello tan fácilmente. Y lo más importante: no quieres librarte de ello, al igual que toda la gente del equipo. Han sido 10 años de mi vida. Muchos de nosotros tenemos hijos, muchos de nosotros éramos niños cuando empezamos y ahora hemos crecido».

Edward Pattinson, David Schwimmer, Anthony Perkins… Los actores sufren habitualmente la carga de sus personajes icónicos durante años

No es la norma general. Los actores sufren habitualmente la carga de sus personajes más icónicos durante años. Ocurrió, por ejemplo, con Robert Pattinson, quien terminó por definir a Edward Cullen, el vampiro protagonista de Crepúsculo, como «la persona más ridícula del mundo», al tiempo que los gritos de las fans eran, en este sentido, «el sonido que escuchas en la puerta del infierno». Un papel que aún hoy tiene un gran peso en su carrera.

Algo similar le ocurrió a David Schwimmer, Ross Geller en Friends. «Al contrario que una estrella del cine, a los que ves en diferentes papeles en cada película, yo he sido el mismo tío durante diez años. Confías en que me voy a comportar de cierta forma y piensas que me conoces», señalaba hace menos de un lustro. Había quedado encasillado por la audiencia y por los productores de Hollywood, que no veían en él ningún otro papel. El actor solo volvió a la superficie, tímidamente, tras su actuación en la primera temporada de la serie American Crime. La lista casi se vuelve interminable: Anthony Perkins, Macaulay Culkin o Mark Hammil son tan solo algunos ejemplos.

Aún es pronto para adivinar lo que depara el futuro a Peter Dinklage, pero es evidente que en el imaginario colectivo, su figura siempre quedará asociada a uno de los personajes más carismáticos de la historia de la televisión. Falta por saber si los derroteros por los que terminará dirigiéndose su carrera le encasillan o no, pero tal y como mostraba Birdman, «a veces escapar no es nada fácil».

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