Innovación

Antes de robotizar el campo

La llegada de los robots a la agricultura es inevitable en la actual revolución tecnológica. Máquinas recolectoras, fumigación inteligente e invernaderos ‘smart’ pueden garantizar la eficiencia en el sector agrícola. Pero ¿está el campo preparado?

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05
May
2021
campo
Robo Dog, fabricado por Boston Dynamics, pastorea los primeros rebaños en Nueva Zelanda. Fuente: Boston Dynamics

«La evolución del sector agrícola y la robotización van a ir de la mano de la política de la Unión Europea con el objetivo de cero emisiones en 2050, o la estrategia de biodiversidad en 2030. Será una agricultura más respetuosa con los recursos y el medio ambiente, utilizando menos fitosanitarios, gestionando mejor el agua… todo evolucionará para ser más eficiente, haciendo lo mismo –o más– con mucho menos. Ahí entra la robotización».

Esta es la predicción sobre el futuro de la agricultura que hace Dionisio Andújar, científico titular del Centro de Automatización y Robótica del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). La actual crisis generada por la covid-19 ha ahondado en un problema que llevaba tiempo presente en las labores agrícolas: la escasez de mano de obra. Al sector ya le ha empezado a echar el guante la actual disrupción tecnológica, aportando soluciones como invernaderos inteligentes o tractores autónomos para las tareas de recolección. La pregunta que surge es: ¿qué necesita el campo español para dar el salto definitivo a la robotización?

Alejandre: «El reto es socializar la tecnología y que nadie se quede atrás»

Andújar explica que las reformas pendientes en el campo español no pueden separarse de la robotización, e insiste: «No se puede hablar de robotizar la agricultura sin conocer su realidad, y eso va a pasar por evolucionar según las normas de la Unión Europea». Habla de acciones como recuperar los polinizadores o abandonar la agricultura intensiva.

El experto presenta así una evolución de futuro que ve «inevitable»: la agricultura de precisión y la agricultura digital. Los robots ya están en el campo y su evolución irá hacia la eficiencia. «Habrá una maquinaria cada vez más precisa y pequeña, como robots aéreos o terrestres con cámaras, y una inteligencia artificial capaz de localizar en tiempo real malas hierbas o de predecir o elegir dónde fumigar con aparatos de precisión que vayan planta a planta».

Por otro lado, Javier Alejandre, experto en digitalización de la Unión de Pequeños Agricultores (UPA), apunta a los problemas pendientes de resolver en el campo español, como el uso y coste de los insumos o el agua. «La mecanización ya está aquí, se está dando, pero el tamaño influye, y ese es un reto que tenemos que afrontar ya. Robotizar es más fácil para una gran explotación que para un pequeño agricultor. El reto es socializar la tecnología y que nadie se quede atrás».

Los problemas del sector agrícola siguen siendo determinantes para la capacidad de empleo en algunas zonas de España por lo que, apuntan los expertos, la robotización se topará con varias reformas pendientes que urge resolver. Al mismo tiempo, el peso económico de la agricultura sigue sin ser llamativo en una economía desarrollada –en 2020, pandemia mediante, alcanzó un 3,4% del PIB español, la cifra más alta desde 2004–. Además, Alejandre recuerda que la cuestión está en que «no es lo mismo mecanizarse para alguien que tiene veinte hectáreas que para alguien que tiene doscientas. El sector agrícola son muchos subsectores, y hay que bajar con la lupa. Se mecaniza antes donde hay más valor añadido, como en los invernaderos o la ganadería».

Benítez: «La IA estará ahí, y ayudará, pero no sustituirá al humano»

Precisamente la agricultura y la ganadería extensivas son los dos sectores más pendientes de la reforma verde. La segunda es responsable de tantas emisiones como la industria, mientras que los invernaderos suponen un constante dolor de cabeza a la hora de gestionar sus residuos. La advertencia con la que arrancaba este reportaje Andújar hablaba, precisamente, de «utilizar menos recursos (químicos, fitosanitarios, mano de obra) para producir lo mismo –o más– gracias a una maquinaria precisa y métodos respetuosos con el medio ambiente».

En el ámbito económico, María Benítez, portavoz de Robotnik, empresa valenciana dedicada a la robótica, apunta hacia la flexibilidad y la escalabilidad. El robot industrial «es grande, inutiliza un espacio fijo y requiere mucha inversión. El robot agrícola debe ser móvil, flexible, y escalable: que sea rentable tener uno o varios y compartirlos, como ahora se hace con la maquinaría agrícola tradicional».

Un paso básico se dará «cuando la tecnología se abarate por el paso del tiempo». «El I+D ha hecho que los robots sean más baratos ahora que hace diez años», puntualiza la experta. También se está trabajando en desarrollar «tecnología con interfaces más manejables que no requieran que el agricultor sea técnico en robótica. Aquí, la clave está en desarrollar herramientas de uso sencillo –mapeos de sembrados, planificadores de riego–, o no serán rentables».

Andújar: «La revolución tecnológica en el sector agrícola tiene que venir acompañada de una reforma educativa»

En este aspecto, la robótica móvil colaborativa puede dar con la clave fabricando robots «adaptados para trabajar con personas». Hablamos del robot ‘recolector’, una imagen cada vez más familiar protagonizada por una plataforma móvil con brazos o pinzas que pronto incorporará sensores. En palabras de Benítez, «robots automatizados a capaces de esquivar personas u obstáculos y moverse en espacios abiertos que no sustituyan a las personas, sino que compartan espacio con ellas». El objetivo no es otro que darles las tareas repetitivas o peligrosas.

El miedo surge a la hora de hablar de empleo. Aquí, Dionisio Andújar nos invita a mirar al pasado. «Hace más de un siglo se quemaban segadoras porque se creía que iban a destruir el trabajo en el campo, y no fue así. La tecnología nunca ha hecho desaparecer completamente los empleos, solo los ha cambiado. La robótica es inevitable y su efecto en el trabajo será una reducción de jornadas. Ya no hará falta estar doce horas al sol».

«Todo lo que pueda ser automatizado lo será por cuestión de eficiencia», completa Benítez. «No hay que olvidar que los países más avanzados son los más robotizados y tienen menos tasa de paro. La IA estará ahí, y ayudará, pero no sustituirá al humano. El robot se programa, una persona es inteligente y hará cosas que la maquina no podrá».

No obstante, concluye Andújar, esta evolución «tendrá que venir acompañada de una verdadera reforma educativa que, en realidad, ya percibimos, porque las nuevas generaciones llegan cada vez más tecnificadas. Igual que el inglés, que antes lo hablaba muy poca gente y ahora ya es cultura general, tener una base de programación se volverá, primero, básico, y después general». Y será entonces cuando la robotización empiece a recoger sus frutos.

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