¿Se ha convertido la ciencia en un espectáculo?

El coronavirus continúa protagonizando las tertulias en radios y televisiones, obligando a la comunidad científica a involucrarse constantemente en el revuelo mediático. ¿Puede la pandemia acabar denostando la credibilidad de la ciencia?

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13
Abr
2021

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Desde hace algunas semanas, los medios de comunicación han puesto en su punto de mira la vacuna de AstraZeneca, una de las pocas aprobadas hasta la fecha para su uso en la Unión Europea de cara combatir la pandemia de la covid-19, por el riesgo de sufrir trombos después de la inyección. A pesar de que la Agencia Europea del Medicamento (EMA, por sus siglas en inglés) ha asegurado que los beneficios son mayores que los riesgos, los titulares alarmantes sobre esta posible relación no cesan. Ante esta información (y las demás noticias sobre la pandemia), radios, televisiones y diarios cuentan constantemente con la participación de miembros de la comunidad científica para explicar a la población lo que está ocurriendo. Y surge la duda: ¿corremos el riesgo de que, con tal exposición, la ciencia se convierta en una parte más del circo mediático?

En opinión de Rosa Arroyo Castillo, vicesecretaria general del Consejo General de Colegios de Médicos, la presencia de profesionales científicos en los medios es más que necesaria: «Las intervenciones de los profesionales de la ciencia contribuyen a difundir contenidos de interés para la seguridad y la salud de los ciudadanos». En resumen, son positivas. Pero «lo relevante es que sean expertos o conocedores de la materia, reconocidos y avalados, es decir, que sus manifestaciones se puedan defender delante de la comunidad científica». Esta es, a ojos de la experta, la única manera de contrarrestar los mensajes equívocos, los bulos y los titulares sensacionalistas.

Los expertos son las mejores armas para luchar contra la desinformación que, según la Comisión Europea, prolifera en estos tiempos. También para explicar los avances científicos a la población. «La ciencia tiene que penetrar en la sociedad, hay que presentarla como el motor del progreso, porque internet, los teléfonos móviles, los trasplantes de órganos, y las vacunas, son ciencia. Los divulgadores científicos son necesarios para  informar con calidad, pero de forma accesible a la ciudadanía. Y las autoridades sanitarias y las instituciones científicas tenemos que promover los medios para reconocer una fuente fiable de información de aquellas que no tienen acreditación ni fundamento en la evidencia», indica Arroyo.

No vale la ciencia de cualquier manera

No obstante, Arroyo advierte: hay que huir del sensacionalismo y del espectáculo. «La ciencia no es una opinión, es un cuerpo de conocimiento que requiere una formación especializada y la aplicación del método científico para obtener resultados y conclusiones», añade. «Solo deben publicarse conclusiones aplicables a la práctica clínica, y lo que no sea así se debe presentar como ensayos en curso. En la pandemia hemos trabajado en la mayor incertidumbre ante una enfermedad desconocida y devastadora, por eso algunas de las decisiones han tenido que modificarse basándose en el conocimiento que se iba adquiriendo de forma muy rápida. Esa es la forma de mejorar: evaluando y corrigiendo».

Son precisamente estos cambios los que pueden generar duda o incertidumbre en la opinión pública. Pero esto no quiere decir, en ningún caso, que la figura del experto deba desaparecer de los medios. Al contrario, es más importante que nunca para explicar los procedimientos. Volviendo al ejemplo de AstraZeneca, para transmitir seguridad en este tipo de casos, la experta considera importante «buscar un consenso entre las autoridades sanitarias antes de proceder a suspender o modificar las indicaciones de una vacuna, sin más condicionantes que los basados en los informes de las agencias reguladoras y las sociedades científicas».

El esfuerzo real para evitar el circo mediático está realmente en manos de los medios, que debemos huir del clickbait (esos titulares que solo sirven para atraer audiencia) y no dar el espectáculo. «En la prensa oficial hay que evitar el sensacionalismo, que puede atraer el interés de forma transitoria, pero finalmente es la información contrastada y verificada la que fideliza a los usuarios», considera la vicesecretaria general del Consejo General de Colegios de Médicos.

Como ciudadanos, también debemos poner en práctica un ejercicio de contraste de la información. Sobre todo ante todo el ruido que nos llega a través de las redes. Para aprender a hacerlo, el Ministerio del Interior cuenta con una guía que explica cómo debemos actuar ante la sospecha.

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