Sociedad

Construir nuestra realidad para sentirnos a salvo

Sentimos la necesidad de vivir en un mundo predecible y, para hacerlo, tendemos a buscar una sensación de seguridad y certeza que responde más a nuestras propias ideas que a la objetividad.

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13
Abr
2021

A veces, la realidad se asemeja a una burbuja acristalada. Un pequeño constructo amurallado e inexpugnable. Habitualmente, esta visión solo responde a nuestra propia mirada; una realidad que nosotros, conscientes o no, hemos erigido. Suele deberse, principalmente, a la sensación de seguridad que, ansiosos, buscamos por todas partes. Un calor uterino que se muestra tan esquivo como artificial. «La situación del hombre, la vida, es desorientación, es estar perdido», escribía Ortega y Gasset en Principios de metafísica según la razón vital. Como afirmaba entonces, la vida para él era sencillamente una situación de «radical inseguridad».

Es posible que no construyamos lo que nos rodea, pero sí creamos la forma en que lo vemos. En todo ello actúan como cimientos tanto la seguridad como la certeza. «La seguridad es suficientemente importante como para construir la realidad en que nos movemos», explica Marta Gutiérrez Sastre, profesora de sociología en la Universidad de Salamanca. Añade que también nuestra percepción de la seguridad puede no corresponderse con los hechos objetivos. En términos de seguridad física, por ejemplo, juegan un papel importante aspectos como «la limpieza de un barrio, la falta de mantenimiento público e incluso la heterogeneidad social». Basta recordar, a este respecto, el aumento de informaciones y anuncios relacionados con la ocupación de viviendas: aunque no sea un peligro real de primer orden, ¿cómo podría evitarse que esto creara una fuerte sensación de inseguridad?

«Nosotros tenemos una gran cantidad de informaciones y estímulos y lo que hacemos, sencillamente, es captar una parte y darle sentido. Lo que una persona entiende por realidad es el sentido que ella da a su entorno», explica Jordi Fernández Castro, catedrático de la Universitat Autònoma de Barcelona. El significado de los estímulos, de la información y de las percepciones que recibimos es siempre una interpretación que nace de la experiencia personal y colectiva. Es por ello que, aunque todos veamos lo mismo, tenemos infinitas interpretaciones.

Gutiérrez: «Hoy se prioriza la seguridad, especialmente aquella relacionada con los bienes privados»

La propia sensación de seguridad ayuda a construir nuestras propias perspectivas. «Muchas veces pensamos que es una cuestión de amenazas, pero en realidad es una de recursos. Es decir, si tú tienes una gran amenaza pero crees que eres capaz de hacerle frente o estar protegido, no te afectará lo mismo que una persona sobre la que se cierne una pequeña amenaza pero que cuenta con menos recursos. Esto se ve claramente en la pandemia: la amenaza es la misma, pero no cuenta con los mismos recursos para hacerle frente un hombre joven que un hombre mayor con patologías».

Francesc Guillén, profesor de criminología en la Universitat Autònoma de Barcelona, afirmaba ya el año pasado que «la seguridad subjetiva también depende de la confianza que la ciudadanía tiene en las instituciones». Es decir, que su raíz está intrínsecamente ligada con la organización política de la comunidad, que influye en cómo observamos y cómo vivimos nuestra propia realidad (y la de los demás). No obstante, la seguridad objetiva y subjetiva están entrelazadas, no solo porque afectan de igual manera al individuo, sino porque en cada una hay elementos susceptibles de ser considerados tanto objetivos como subjetivos.

Estas percepciones son uno de los aspectos clave que estructuran nuestras vidas diarias en cualquier aspecto, sobre todo en nuestras relaciones con los demás. «Cuanto más ajeno es alguien, más distinto le consideramos, lo que es probable que produzca para muchos cierta inseguridad», sostiene Gutiérrez. Habla de la alteridad, del individuo que es distinto de uno mismo y que, como tal, forma parte –forzosa– de nuestras vidas. En la construcción de nuestras perspectivas acerca de las personas ajenas se mezclan distintos aspectos que no solo tienen que ver con cómo les vemos, sino también con cómo la sociedad nos hace verlos.

«La inseguridad, o la percepción de inseguridad, es un territorio muy sensible con el que es muy fácil jugar y manipular ciertas emociones o ciertos sentimientos. Hoy se prioriza la seguridad, pero especialmente aquella relacionada con la seguridad de los bienes materiales privados, por encima de cualquier otro tipo como, por ejemplo, la seguridad colectiva», señala Gutiérrez. En este sentido, explica, «la inseguridad no es solo una cuestión individual y material, sino que afecta al conjunto de la sociedad». En ella inciden no solo los índices de criminalidad, sino también, entre otras cosas, la falta de políticas públicas económicas y sociales.

Encontramos en todo esto una paradoja. «Tú actúas según percibes las cosas, pero cuando actúas, a la vez, construyes también la realidad. Si te comportas como alguien inseguro, que se protege y adquiere elementos defensivos para su vivienda que derivan de esa realidad propia… construyes una realidad objetiva que genera inquietud en otros, porque estás creando un evidente marco defensivo», concluye la profesora.

Fernández: «La búsqueda de una seguridad artificial nos puede llevar a situaciones como las ‘fake news’»

La seguridad es lo que nos ayuda, aunque no lo sepamos, a hacer frente a los obstáculos diarios. «Somos capaces de afrontar el mundo porque pensamos que es ordenado y predecible. Es algo que necesitamos para nuestro bienestar personal», arguye Fernández. Nos ayuda a digerir la vida. Claro que un exceso de seguridad, o incluso una seguridad excesivamente artificial, puede destrozar la convivencia común. No se entendería sin este fenómeno la ruptura política y social que acontece, por ejemplo, en Estados Unidos.

«Hay que convivir con la falta de seguridad y la incertidumbre. La búsqueda de una seguridad percibida, artificial, nos puede llevar a situaciones como las de las fake news o bulos como que la pandemia es mentira. Esta búsqueda de seguridad puede llevar a un aislamiento paradójico: puede protegernos de la percepción de la amenaza, pero a la vez puede llevarnos a estar expuestos a la amenaza real», destaca el catedrático.

En nuestro interior existe también una lucha por la seguridad y la certeza. Es por ello mismo por lo que Ortega y Gasset afirmaba que la vida era «puro y constante peligro» e «incertidumbre sustancial». En Vives-Goethe, el filósofo sostenía que «la vida consiste en un combate fiero entre ese yo, que es un perfil de aspiraciones, y el mundo social en derredor». Para él, el hombre nunca dejaba de luchar contra la angustia y la inseguridad. «Cada uno de nosotros está siempre en peligro de no ser el sí mismo, único e intransferible que es», escribía en El hombre y la gente. Para él, la vida era una confrontación permanente por la seguridad cuyo único resultado surgía, en su obra, en forma de oportunidad: la que tiene el hombre para intentar ser quien realmente es.

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