Salud

Pedalear para ir al trabajo podría salvar vidas

Un estudio realizado en el Reino Unido concluye que el riesgo de morir por cualquier causa es un 41% menor entre las personas que se desplazan a su trabajo en bicicleta.

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17
Mar
2021
bicicleta

Si alguien le dijese que hay un tratamiento que reduce el riesgo de morir por enfermedad cardiovascular, por cáncer y por todas las causas posibles hasta casi la mitad del riesgo normal, seguramente pensaría que no es cierto. O si lo creyese, pediría que le proporcionasen inmediatamente ese tratamiento. Y sin embargo, es posible que ese tratamiento exista y esté al alcance de muchísimas personas: bastaría con ir en bicicleta a trabajar. Así lo sugiere un estudio un estudio realizado en el Reino Unido en el que evaluaron, dependiendo del medio de transporte utilizado para ir a trabajar, el riesgo de contraer enfermedades cardiovasculares y cáncer, así como de morir por alguna de esas dos causas o, también, por cualesquiera causas en conjunto.

En la investigación participaron 263 450 personas (52% mujeres; edad media: 52,6 años) de 22 localidades. Clasificaron a los participantes en cuatro categorías: caminantes, ciclistas, mixtos e inactivos (los que utilizan el vehículo público o particular). Casi un 1% de los participantes (2430) falleció durante los cinco años de seguimiento en el estudio de mortalidad; de ellos, 496 por algún incidente cardiovascular y 1 126 por cáncer; el resto murió por otras causas. Padecieron cáncer 3 748 personas y 1 110 sufrieron algún episodio de enfermedad cardiovascular. El riesgo de morir por cualquier causa de quienes se desplazaban a su trabajo en bicicleta era un 59% del de quienes lo hacían en algún vehículo, y el de quienes combinaban el paseo con el ciclismo, un 76% del de los «inactivos».

La probabilidad de morir de un accidente cardiovascular de quienes iban en bici fue un 48% de la de quienes iban en automóvil o en transporte público

Los resultados fueron mejores incluso al limitar el análisis al cáncer. En quienes pedaleaban para ir a trabajar, la incidencia de este conjunto de enfermedades fue un 55% y el riesgo de morir, un 60% de los niveles característicos de las personas inactivas; y si combinaban bicicleta y paseo, esos porcentajes eran del 76% y del 64% para la incidencia de las enfermedades y para el riesgo de morir, respectivamente.

También fueron más favorables los resultados de la actividad física cuando se analizaba la probabilidad de sufrir un accidente cardiovascular o el riesgo de morir por esa causa. La probabilidad de sufrir un episodio cardiovascular de quienes iban en bici a trabajar fue un 54% de la probabilidad de sufrirlo quienes iban en coche, autobús o metro. Y la probabilidad de que una persona que iba a andando al trabajo tuviese un accidente cardiovascular era un 73% del de una persona «inactiva». Los efectos del modo de desplazamiento sobre la mortalidad por esta causa fueron incluso mayores: la probabilidad de morir de quienes iban en bici fue un 48% y la de quienes iban andando, un 64% de la de quienes iban en automóvil o en transporte público.

Más evidencias sobre los beneficios de la actividad física

El riesgo de morir por cáncer o por todas las posibles causas no era inferior en quienes iban andando a trabajar. Tampoco lo era en quienes combinaban el automóvil (público o particular) y el paseo. Las conclusiones de esta investigación se suman a las obtenidas en otras en las que se han comprobado los beneficios que reporta la actividad física sobre la salud. Y en concreto, sobre la probabilidad de fallecer a causa de algún cáncer o de algún accidente cardiovascular. Lo interesante de este estudio es que una medida a priori tan sencilla como pedalear para desplazarse al trabajo pueda tener efectos tan espectaculares sobre el riesgo de morir. Pensemos en las consecuencias que el extender el uso de la bicicleta como medio de transporte tendría sobre los costes del sistema sanitario, por un lado, y sobre la calidad y esperanza de vida de cada uno de nosotros, por el otro.


 

Juan Ignacio Pérez Iglesias es Catedrático de Fisiología, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea. Este artículo fue publicado originalmente en Cuaderno de Cultura Científica de la UPV/EHU y posteriormente en The Conversation.

The Conversation

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