Sociedad

La realidad de las trabajadoras del hogar

La pandemia ha agravado la situación de un colectivo en el que más de un 32% de las mujeres vive bajo el umbral de la pobreza.

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30
Mar
2021

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Cuando todo se vino abajo por culpa de la pandemia, tan solo unos pocos pilares contuvieron el colapso social total. Entre ellos, la sanidad, la alimentación y los cuidados. Sin embargo, esta última piedra angular del bienestar esconde grandes y profundas brechas estructurales que lo convierten en un sector especialmente frágil y vulnerable. Según estimaciones de Oxfam Intermón, de las más de 550.000 mujeres que trabajan en el empleo del hogar, el 32,5%vive bajo el umbral de la pobreza frente al 12% del conjunto de las personas asalariadas. De ellas, una de cada seis está en situación de pobreza severa, es decir, vive con menos del equivalente a 16 euros al día, según datos correspondientes a 2019.

La presión que la pandemia ha ejercido sobre un sector que representa al 5% de las trabajadoras de nuestro país, no ha hecho más que empeorar una situación ya precaria antes de la llegada de la covid-19, tal y como describe el informe Esenciales y sin derechos publicado por la Oxfam Intermón. El impacto de la primera ola dejó un balance especialmente negativo para el colectivo: por cada persona que perdió su empleo en España, tres trabajadoras del hogar vieron desaparecer el suyo.

«Hace un año, cuando por unas semanas todo se paraba, algo no lo hizo: el trabajo de cuidados. A pesar de que este numeroso colectivo desarrolla una labor imprescindible y con un valor incalculable para que nuestra sociedad pueda avanzar, no tienen legalmente reconocidos los mismos derechos que el resto de las personas asalariadas», denuncia la responsable de políticas públicas de Oxfam Intermón, Liliana Marcos. «Carecen de derechos laborales esenciales como la prestación por desempleo, la negociación colectiva o la protección por despido, así como la prevención de riesgos laborales», añade. A esta falta de reconocimiento legal de hay que sumarle la vulnerabilidad de los derechos que, en teoría, ya tienen, pues el peso de la informalidad en el sector tumba muchas de las protecciones. Según los cálculos de la organización, el 36% de su trabajo se presta en la economía sumergida. Una cifra que representa la gruesa cortina tras la que se moviliza el equivalente a 2.600 millones de euros en salarios, de los que 820 millones de euros corresponderían a la Seguridad Social en cotizaciones.

Una de cada seis trabajadoras del hogar está en situación de pobreza severa

María, gallega de 54 años, es trabajadora del hogar. Según explica a Oxfam Intermón, su vulnerabilidad se agrava aún más en épocas de crisis como la que estamos viviendo. «Siempre es peor. Abusan más. Yo ahora estoy sin trabajo y pregunto en mi entorno: todos los trabajos son sin seguro, sin contrato, incluso en el cuidado de niños y niñas. Si quieres, bien y si no, te dicen: ‘pues mira, hay muchas mujeres así’».

Una situación que requiere comprender las particularidades territoriales, puesto que la presencia de las trabajadoras del hogar no es igual en todas las comunidades autónomas: mientras que en la Comunidad de Madrid estas mujeres representan el 7,5% del conjunto de trabajadoras, en Canarias o Extremadura no suponen más que el 2,9% y el 2,8%,respectivamente. El empleo del hogar sigue considerándose como un ‘sector refugio’ para las empleadas españolas en las regiones con menor dinamismo económico, aunque más de la mitad del colectivo está representado por mujeres no nacidas en España. De ellas, una de cada cuatro (70.000) se encuentra en situación de irregularidad. Jessica Guzmán, chilena de 53 años, ha trabajado como interna quince años y señala: «La sociedad debe entender que las internas existen en cada portal, en cada casa, y hay una gran deuda con nosotras. Aunque tengamos necesidad, no somos esclavas, somos trabajadoras y pedimos los mismos derechos».

Más inversión pública para los cuidados

El informe de Oxfam denuncia igualmente un problema estructural en la inversión pública que España destina a los cuidados de larga duración y atención a la dependencia, lo que se traduce en un incremento del número de trabajadoras del hogar. Según explica la portavoz de la organización, «allí donde el Estado no ha cubierto las necesidades de cuidado es donde hay más trabajadoras del hogar. El sistema de dependencia descansa sobre un colchón de trabajadoras baratas». Se calcula que hasta 85.000 trabajadoras del hogar cuidan de dependientes porque el sistema público no llega. Si pasaran a trabajar en él, el número de mujeres desarrollando su labor en asistencia domiciliaria aumentaría en un 47%.

Oxfam Intermón recuerda la importancia de integrar al colectivo de forma plena en el Régimen General de la Seguridad Social

Un total de tres millones de hogares, el equivalente al 16,2% de las familias, pagaron por trabajo del hogar y de cuidados en 2019, destinándose  7.247 millones de euros al pago de salarios y seguridad social. Este porcentaje aumentó al 21% en los hogares formados por una persona sola de más de 65 años, que dedicaron, de media, uno de cada tres euros a pagarlo. En los países con mayor inversión en servicios públicos, en cambio,  el número de trabajadoras del hogar se desploma para hacer crecer con fuerza el de empleadas en servicios sociales. Las cifras hablan por sí solas: el 28% de las trabajadoras del hogar de toda la Unión Europea están en nuestro país.

En esta línea, Oxfam reclama la modificación de las prestaciones económicas que reciben las familias del sistema de atención a la dependencia, ya que muchas de ellas se invierten en pagar a trabajadoras del hogar sin control sobre sus condiciones laborales o la calidad de los cuidados. Hasta 650 millones de euros podrían estar abandonando las arcas públicas para pagar este trabajo y, parte, dirigiéndose a la economía sumergida.

Los mismos derechos que el resto

Oxfam recuerda la importancia de equiparar los derechos de las trabajadoras del hogar al del resto de asalariadas e integrar al colectivo de forma plena en el Régimen General de la Seguridad Social. Una medida que, pese a haberse planteado hace casi una década, continúa posponiéndose. «Se mantiene sine die a un amplio colectivo de mujeres en la precariedad para que su labor sea asequible. No es coherente con una sociedad que se dice comprometida con la igualdad de género», destaca Liliana Marcos.

El compromiso del Gobierno con la ratificación del Convenio 189 de la Organización Mundial del Trabajo puede ser un punto de inicio en el camino hacia la igualdad real y la puesta en marcha de políticas que permitan el reconocimiento formal de sus derechos. Así, Oxfam, bajo el nombre Mirar de otra forma, quiere dar visibilidad y captar fondos para apoyar a un colectivo profundamente esencial pero desproporcionadamente vulnerable.

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