Economía

¿Cuánto cuesta la polarización?

El viraje de la vida política española hacia posiciones cada vez más extremas pasa factura a la economía. La historia demuestra que no hay nada como una crisis económica para hacer florecer los grupos políticos extremos.

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05
Mar
2021

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El viejo dilema irresoluble de «qué fue antes, ¿la gallina o el huevo?» ha mutado en una nueva cepa de planteamiento socioeconómico que trata de buscar relaciones de causa-efecto entre la polarización política y la crisis económica. Un maridaje en el que resulta difícil aclarar cuál es el detonante y cuál la consecuencia. En otras palabras, no queda claro si el viraje de la vida política española hacia posiciones cada vez más extremas deriva en una serie de consecuencias económicas negativas, o si, por el contrario, es la mala coyuntura económica la que arrastra a partidos, medios y votantes hacia los extrarradios ideológicos.

Algunas cosas sí que sabemos: la aversión que sienten los mercados financieros hacia los contextos de inestabilidad, verdaderos repelentes del dinamismo económico. El dinero es cobarde por naturaleza, y en situaciones de alta incertidumbre política, inversores y consumidores son reticentes a mover el suyo. A veces, cargados de razones. A veces, solo «por si acaso». El «vamos a darnos un tiempo hasta que amaine» suele ser la estrategia predilecta en este tipo de coyunturas. Un buen ejemplo es la etapa interina del primer Gobierno –electo– de Pedro Sánchez en 2019, donde la perspectiva de una repetición electoral en apenas seis meses bloqueó numerosas operaciones, tanto públicas como privadas.

El PIB catalán se ha desplomado por debajo de la media europea tras el inicio del ‘procés’

La parálisis no le sienta bien a la economía, pero ese es precisamente el destino de aquellas naciones en las que sus políticos ejercen con el cuchillo entre los dientes. El insulto y el desplante al «enemigo» no facilitan el acuerdo. El sistema está viciado desde el momento en el que cualquier concesión al adversario se interpreta como debilidad o derrota. Como señalaba recientemente el gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos,«la polarización política ralentiza la aprobación de las reformas estructurales y las debilita en el tiempo». Algo que también puede aplicarse a las empresas.

¿Es posible cuantificar esa merma? En algunos casos, se ha hecho prácticamente en tiempo real. El último recuento de las empresas que han abandonado Cataluña desde aquel 1 de octubre de 2017, el inicio de el procés, se sitúa en más de 7.000. También el PIB per cápita catalán, tradicionalmente, uno de los más altos de España, se ha desplomado hasta situarse por debajo de la media europea. 

Pero las consecuencias negativas de la polarización política van más allá de las cifras más evidentes. En un reciente informe elaborado por CaixaBank Research, su economista jefe, Enric Fernández, llamaba la atención sobre el deterioro de la cohesión social que provoca la fractura política. También un estudio internacional de referencia, el informe sobre Riesgos Globales del Foro Económico Mundial, ha hecho mención en su última edición al problema de la polarización política en clave económica. En concreto, denuncia cómo la falta de entendimiento y colaboración entre los responsables políticos resta capacidad a los países para hacer frente a un escenario de recesión.

Carothers: «La polarización crea una enfermedad de la gobernanza»

¿Es la polarización gasolina para el fuego de la crisis económica? Un ambiente de abierta hostilidad en las calles, el Congreso o las asambleas autonómicas, no ayuda. Aunque, volviendo al dilema de la gallina y el huevo, desde la Alemania nazi hasta los movimientos populares post-Lehman Brothers de Grecia, Francia o España, pasando por los triunfos de Donald Trump o Boris Johnson, la historia demuestra que no hay nada como una crisis económica para alimentar el descrédito de los partidos moderados y el florecimiento de grupos políticos extremos. Y, por imitación, el desplazamiento de los tradicionales desde el centro hacia los márgenes del espectro.

¿Cuánto nos cuesta la polarización? Según Thomas Carothers, de la Fundación Carnegie, en declaraciones a infoLibre, «la polarización crea una enfermedad de la gobernanza: menos cooperación en la elaboración de políticas, menos cumplimiento social en la aplicación y menos disposición a sacrificarse por el bien común». Y en el contexto actual, es imposible que las cuentas salgan bien.

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