Desigualdad

Filomena, covid-19 y pobreza energética: un triplete imbatible para los más vulnerables

La borrasca Filomena ha vuelto a meter en casa a buena parte de la población. Esta vez, a la pobre habitabilidad de muchas de las viviendas españolas se suma el bajo confort climático, un elemento que acentúa la desigualdad y supone un riesgo para la salud.

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18
Ene
2021
Filomena

Cuando apenas estrenábamos el año nuevo, con todas nuestras esperanzas puestas en el cambio de almanaque, de nuevo nos azota otro fenómeno insólito: la borrasca Filomena y la actual ola de frío. Temporalmente, las noticias sobre casos de covid-19 han sido eclipsados por la aparición de Filomena en toda España. Temperaturas inusualmente bajas, nevadas copiosas en ciudades como Madrid, y la inaccesibilidad a servicios básicos y logísticos complican aún más la situación de los últimos meses por la pandemia.

El antecedente: el confinamiento por la covid-19

En la primavera de 2020, nos confinaban como medida de contención ante el brote del SARS-CoV-2. La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la pandemia el 11 de marzo. Tres días después el Gobierno español estableció el estado de alarma, que se prolongó hasta el 21 de junio.

Las familias tuvieron que permanecer en sus casas. Estas se convirtieron en epicentro de actividades diarias y extraordinarias, como el teletrabajo. Se suspendieron actividades no esenciales, docencia, y salidas al exterior.

Los hogares sufrieron con más intensidad la sobreexposición a las condiciones domésticas. Una habitabilidad básica, calidad ambiental interior, y suficiente energía para vivir, han sido verdaderos desafíos para muchos. La permanencia en las casas propició un mayor consumo energético, asociado principalmente a tareas culinarias y dispositivos tecnológicos.

Incremento de uso del equipamiento doméstico durante el confinamiento. Elaboración propia a partir de los resultados del proyecto COVID-HAB.

El riesgo de vulnerabilidad y pobreza energética se incrementó. Muchos hogares han perdido ingresos, por empleos no reconocidos, o esenciales. Estos últimos entrañaban mayor riesgo de contagio por usar transporte público, por contacto social, en espacios cerrados. A su vez, el mayor hacinamiento exponía más a los convivientes. Por todo ello, las rentas bajas se asociaron al mayor riesgo de padecer covid-19.

Viviendas antiguas, mal aisladas

La pandemia ha puesto de manifiesto la antigüedad de las viviendas. Más de la mitad son anteriores a los 80, cuando se crearon las primeras normativas térmica, y posteriormente acústica. Casi todas son previas a la actual normativa, el Código Técnico de la Edificación (CTE). Creado en 2007, es más estricto en calidad ambiental y confort interiores. Esto explica la escasez de aislamiento al exterior y de mecanismos de respuesta al frío o al calor del parque residencial.

Distribución de las viviendas principales según edad de construcción (miles de viviendas). Elaboración propia a partir de los datos de la Estrategia de Rehabilitación Energética en el Sector de la Edificación en España (ERESEE, 2020), según MITMA a partir de Encuesta Continua de Hogares 2018 (INE).

La presión económica en el hogar

En toda Europa, la pandemia ha agravado la situación de pobreza energética. La caída del empleo, la falta de ingresos, y la subida del precio de la energía son algunas razones.

Existen estudios que relacionan el género con una mayor incidencia de pobreza energética. A nivel global, han proliferado distintas ayudas. Descuentos o congelación de pagos, regulación de precios energéticos, y prestaciones, han sido las más frecuentes. Sin embargo, estas se han aplicado desigualmente, según los países y regiones. En España, la nueva subida del precio de la electricidad coincidente con la ola de frío actual, ha sido un nuevo varapalo.

La llegada de Filomena

Con la llegada del nuevo año, un nuevo fenómeno insólito vuelve a golpearnos. Una borrasca ha traído consigo la mayor ola de frío y nevadas en décadas. Ciudades anegadas por la nieve, problemas en infraestructuras, imposibilidad de accesos a transportes, servicios básicos y logística, y el cierre de centros educativos, de nuevo.

Una calle de Madrid anegada por las consecuencias de Filomena. Author provided.

Las familias con menos recursos se han visto obligadas nuevamente a confinarse. Sin poder acudir a trabajar, con los más jóvenes en casa, y sin suficientes recursos para responder a las necesidades domésticas. La energía para las tareas vitales (cocinar, lavar o calentar la vivienda), para teleestudiar, así como los recursos digitales necesarios establecen brechas en la población, poniendo en desventaja a los más necesitados.

Las olas de frío están asociadas al aumento de mortalidad, siendo su valor diario mayor incluso que para las olas de calor. Las viviendas deben responder ante estas circunstancias con mayores capacidades aislantes y de confort. Así, la salud de las personas no se vería comprometida ante la severidad de eventos como esta ola gélida.

Disponibilidad y tipo de sistemas de climatización en las viviendas españolas. Uso durante el confinamiento. Elaboración propia a partir de los resultados del proyecto COVID-HAB.

El derecho a la energía, más allá del confort

La pandemia ha destapado carencias y asuntos pendientes, habitualmente advertidos con anterioridad por los expertos. Sus avisos han obtenido desigual atención por decisores políticos y administraciones. El gran pacto verde europeo y la ola de renovación de edificios definida por Europa como estrategias para los próximos años, establecen las bases en rehabilitación residencial.

El derecho a la energía e internet deberían garantizarse de forma universal

España, por su parte, ha previsto un presupuesto sin precedentes para tal fin. Sin embargo, esto, además de urgente, resulta insuficiente para satisfacer las necesidades actuales de estas familias. El derecho a suministros como la energía, imprescindible para vivir, e internet, para trabajar y aprender, deberían garantizarse de forma universal y estable.

Respuestas para una población desgastada

Una sociedad desfavorecida, golpeada por la pandemia y el temporal, requiere respuestas reales, efectivas, y rápidas. Su salud es más vulnerable ante la adversidad. Es imprescindible atender sus necesidades para evitar más desgracias.

Para poder aportarles calidad y esperanza de vida, se deben asegurar los bienes y servicios básicos. Se precisan planes de prevención frentes a las olas de frío, así como planes de contingencia ante emergencias sanitarias como la actual.

Urge el compromiso real con la población, por aquellos que toman las decisiones políticas, administraciones, y otros agentes involucrados. Partiendo del interés por las demandas sociales, se deben diseñar políticas y ejecutar estrategias centradas en los usuarios. Esto, junto a la rehabilitación residencial, mitigaría la pobreza energética, además de mejorar la salud pública y disminuir el gasto asociado.

Mientras tanto, se debe incrementar la ayuda social, para minimizar los efectos devastadores de la covid-19, Filomena, y quién sabe qué otro evento inesperado (o no) más.The Conversation


María Teresa Cuerdo Vilches, Dra. Arquitecta. Investigadora, Instituto de Ciencias de la Construcción Eduardo Torroja (IETcc – CSIC) y Miguel Ángel Navas Martín, Personal Investigador Predoctoral. Departamento de Epidemiología y Bioestadística. Escuela Nacional de Sanidad (ENS), Instituto de Salud Carlos III. Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.
The Conversation

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