Transparencia

Más normal de lo que pueda parecer: camino a un futuro sostenible

A pesar del drama y del suspense que ha traído consigo el coronavirus, el ser humano saldrá adelante, y la fórmula para hacerlo se llama sostenibilidad.

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16
Jun
2020
futuro sostenible

Entramos en una nueva normalidad. De eso no cabe duda. Lo que quizá no esté tan claro es qué es normal y qué no lo es. Para más del 80% de los españoles–es decir, aquellos que tenemos menos de 65 años–, la «normalidad» es una etapa de crecimiento sin precedentes en la historia de la humanidad. Jamás avanzó tanto la ciencia, ni se alcanzaron cotas más altas en cualquier disciplina humana. Nunca el mundo fue testigo de una reducción tan rápida de la pobreza y de las desigualdades. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta hace poco más de una década, la agenda de desarrollo –sostenible o no- fue una agenda continua, de generación de riqueza, de gran moderación y libre de grandes sobresaltos. Por supuesto, hubo momentos de tensión, como la Guerra Fría o la crisis energética. Pero nada que viniera a cuestionar el modelo. Esto, por suerte o por desgracia, forma parte de otro capítulo de nuestra historia. Pero, ¿qué nos deparará el siguiente?

En poco más de diez años, hemos vivido no una, sino dos crisis sistémicas. Una estrictamente financiera –la crisis famosa crisis de las subprime– y otra estrictamente extrafinanciera –la de la pandemia–. Probablemente esta sí sea nuestra verdadera historia, un nuevo capítulo excitante donde predominarán el drama y el suspense. Unas pocas semanas antes de que la COVID-19 dominara toda nuestra atención, los expertos hicieron una advertencia en Davos. Por primera vez desde su primera edición, el 100% de los riesgos principales del Global Risk Map correspondían a aspectos vinculados a la sostenibilidad, o a la falta de ella. No podemos decir que nos cogiera por sorpresa: durante los últimos cinco años, siete de cada diez riesgos críticos respondían a la dimensión social o ambiental. Y llegó el coronavirus que, agravando algunos de los riesgos de nuestro mapa, puso de manifiesto un buen número de vulnerabilidades de nuestro sistema socio-económico.

Vimos cómo las desigualdades generaban un círculo vicioso con la pandemia. Un mundo con miles de millones de personas que no pueden permitirse dejar de trabajar es un campo fértil para una pandemia. La gente acude a su trabajo aunque no se encuentre bien y, al mismo tiempo, las personas más vulnerables tienen aún más dificultad para acceder a la sanidad o a la educación, lo que perpetúa la desigualdad. Si esto no fuera suficiente, la indispensable intervención de los bancos centrales –que inflan con liquidez el valor de los activos financieros– y la de los gobiernos –que, en pos de reactivar la economía y prestar apoyo a desempleados y personas en riesgo de pobreza– disparan el déficit y con él la deuda. A esto tendrán que hacer frente nuestros empobrecidos yos y mini-yos del futuro.

«La valoración de los aspectos extrafinancieros nos hará dar un nuevo salto cualitativo en nuestra historia»

Otra vulnerabilidad profunda viene de nuestra estructura económica. Durante los últimos treinta años hemos construido complejísimas cadenas de suministro globales, haciéndolas mucho más eficientes y rentables pero, al mismo tiempo, hemos ido construyendo de manera silenciosa una nueva fragilidad: la mayor correlación de la economía mundial que hace que, lo que antes era una crisis localizada, ahora corra como la pólvora poniendo en peligro a todo el sistema. Los modelos de lean manufacturing que producían con cero stocks, pasaron del just in time al just too late.

Y por supuesto, no debemos olvidar el clima y la naturaleza. Si miramos bien, la COVID-19 es el relato del salto de un virus de animales a humanos. La comunidad científica lleva años advirtiéndonos que la destrucción de hábitats, la mayor invasión del medio natural –con la expansión de las ciudades y de las operaciones industriales– facilitaría este tipo de procesos adaptativos en virus, bacterias y parásitos. El incremento de las temperaturas, por su parte, traería de vuelta a la vida enfermedades erradicadas en los países desarrollados.

Sin embargo, a pesar del drama y del suspense, el ser humano saldrá adelante. Y la fórmula se llama sostenibilidad. Es precisamente la valoración de nuestros aspectos extrafinancieros, la mayor atención a los impactos sociales y ambientales que generamos y el dotarnos de una sólida gobernanza, lo que nos hará dar un nuevo salto cualitativo en nuestra historia. Curiosamente –y esto puede sorprender a algún escéptico–, los mercados ya se han dado cuenta: todos los activos sostenibles han experimentado un comportamiento infinitamente superior a los tradicionales. Así llevan haciéndolo durante los últimos doce años. Los fondos con una estrategia basada en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) han generado una rentabilidad superior a la bolsa mundial en más de un 8% en lo que va de año, y esto es un incentivo fundamental para una nueva agenda de crecimiento. Ahora que claramente entramos en una nueva normalidad, hagamos que esta vez sea sostenible.


Jaime Silos es director de Desarrollo Corporativo y director del clúster de Transparencia, Buen Gobierno e Integridad de Forética.

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