Sociedad

Tiempo de responsabilidades

El catedrático emérito de Economía y Ética Empresarial, Antonio Argandoña, debate con el profesor Joan Fontrodona, director del departamento de Ética Empresarial en IESE Business School sobre cómo afrontar con responsabilidad el día después del COVID-19 en las empresas.

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El coronavirus ha impactado ferozmente como un rayo en la economía de todos los países. En España, el Banco Central estima para 2020 una caída del PIB de hasta el 13% y una tasa de paro superior al 20%. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ya ha puesto nombre a lo que viene: la peor crisis desde el crack de 1929. La tormenta del virus todavía aún no ha cesado y pocas son las empresas que se salvan de tener que ajustar sus cuentas para garantizar su viabilidad y supervivencia. Vienen momentos de tener que tomar decisiones difíciles, momentos también para poner en valor la ética de la empresa.

El manido win-win del entorno empresarial puede que irremediablemente en algunos casos se convierta en un win-lose, advierte el profesor Joan Fontrodona, director del departamento de Ética Empresarial en IESE Business School. «Hay que evitarlo por todos los medios, pero si llega el momento y no hay otra opción, despedir no es una falta de ética. Lo que hay que ver es cómo se hace, si hay alternativas y si se efectúa en unas condiciones de justicia; en estas circunstancias la ética nos hará ir a lo importante y a no a políticas oportunistas», así ha comenzado Fontdrona su intervención en el diálogo online que ha mantenido con Antonio Argandoña, catedrático emérito de Economía y Ética Empresarial en el IESE, titulado Cómo afrontar con responsabilidad el día después del COVID-19 en las empresas. «Esta pandemia es la prueba del algodón de todo lo que se ha dicho antes, si vuelven a perder los mismos significará que no hemos cambiado el chip», ha subrayado Argandoña en la conversación organizada por Caixabank.

«Un buen directivo aplica la ética e hila fino cuando hay que tomar decisiones complejas»

En situaciones excepcionales como la actual se toman decisiones excepcionales y se pone de manifiesto el verdadero propósito de las empresas, es la hora de vincular y activar los principios corporativos con el contexto actual. «Un buen directivo aplica la ética e hila fino cuando hay que tomar decisiones complejas, tenemos el reto de salir de esta situación y de sentar las bases del futuro de la empresa», señala Antonio Argandoña. El experto ha ejemplificado cómo actuaría un buen jefe en estas situaciones delicadas. «En una tesitura de despidos habría que intentar hacerlos de una manera en la que se ayude a esa gente a encontrar otro trabajo y se tengan en cuenta las características personales de los empleados, y no olvidemos a los compañeros que se quedan: las despedidas de los colegas definen el orgullo de pertenencia». Y si alguno tenía alguna duda sobre cuál es el grupo de interés que las compañías tienen que priorizar en estos tiempos el profesor Joan Fontdrona lo ha dejado claro: los empleados son los primero. «Hay que buscar ese balance entre lo eficiente y lo responsable: la ética hay que conjugarla en plural, uno no puede adoptar actitudes oportunistas y apretar a empleados para pensar más allá. Siempre uno debe reflexionar sobre las responsabilidades que se tienen con los stakeholders», explica.

Hasta que haya fecha para la vacuna contra el coronavirus, la sociedad será muy distinta a la que conocíamos hace unos meses, y muchos de los cambios que ha traído la crisis sanitaria se adherirán como un imán en nuestro día a día. «El COVID-19 va a suponer también un golpe de humildad para las empresas: ¿quién podía imaginar que algo tan milimétrico vaya a trastocar y acelerar los movimientos de las compañías? Saldremos más resilientes pero con nuevos retos que afrontar», reflexiona Joan Fontrodona. Para el catedrático Antonio Argandoña es obvio que ahora se dejarán de cuestionar ciertas cosas como el teletrabajo pero a su vez se va a poner sobre la mesa ciertos debates relacionados con la cultura empresarial. «Si los empleados apenas se ven y tratan entre sí habrá que reformular las dinámicas para crear y potenciar la cultura empresarial, también las compañías deberán reflexionar sobre su relación con los proveedores porque no podemos pretender abastecernos únicamente del comercio local». Para concluir, uno de los asistentes al encuentro lanzó la pregunta que muchos se hacen en esta época en la que parece que hay tiempo para parar y reflexionar: ¿saldremos de esta pandemia valorando más el desarrollo sostenible?Ambos asistentes coincidieron en que no habrá un cambio radical, pero sí hay una gran esperanza con las nuevas generaciones de jóvenes. Bendita juventud.

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