Opinión

Humanos, S. Coop.: Un modelo alternativo a la energía del miedo

Ahora que ya sabemos que la alegría es mucho más poderosa que el miedo y que ningún ser humano es tóxico o ilegal, podemos hacer un cambio de modelo: podemos pasar de la competitividad a la colaboración y alcanzar un gran acuerdo por el que todos los seres humanos tengan los mismos derechos y la misma dignidad.

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Valeria Cafagna
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20
May
2020
miedo monstruópolis

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Valeria Cafagna

Me acuerdo todavía del monstruo que venía a visitarme cuando tenía tres años. Aparecía tras el marco de la puerta y se desvanecía al encender la luz. Pienso que seguramente los creadores de Monstruos S.A. tenían un recuerdo así y, como yo, se preguntaban qué querían aquellos seres que nos visitaban por la noche. «Necesitan nuestros gritos de terror», debió ser su respuesta. Y así empezaron a imaginarse un mundo fantástico basado en el miedo: Monstruópolis. El miedo no solo mantiene sus tecnologías en funcionamiento a modo de combustible, sino que protege su frontera. Los monstruos han crecido creyendo que los humanos son tóxicos y que solo tocar a uno de ellos podría matarlos. Los monstruos y los humanos se consideran monstruos mutuamente, pero lo cierto es que los primeros explotan el miedo de los segundos para vivir más cómodos. Aunque eso se está acabando, pues Monstruópolis está sufriendo una crisis energética por escasez de gritos.

Es muy sugerente esta metáfora del miedo como combustible y su analogía con el petróleo. Cuando no nos paraliza, el miedo es un gran impulso vital y creativo. El temor a la intemperie nos llevó a inventar la arquitectura, el miedo al futuro nos impulsó a descubrir la agricultura y el recelo del pasado nos empujó a desarrollar la industria. Puede que también sea la fuerza que nos mueve en nuestro día a día: ¿no es acaso el miedo a no poder pagar las facturas, a no ser aceptados o a no encajar lo que nos hace estudiar, trabajar y comportarnos dentro de los parámetros esperados? A lo mejor sí hemos estado explotando nuestros temores para llegar más lejos como sociedad. Pero imaginemos que, como en Monstruos, S.A., la energía del miedo estuviera escaseando y ya no fuera sostenible por más tiempo.

En la película, todo cambia cuando los protagonistas encuentran una niñita que se ha colado en su mundo, aunque luego descubrimos que en realidad los antagonistas querían esclavizarla como fuente permanente de combustible. Mientras intentan devolverla al mundo de los humanos, no solo descubren que la niña no es tóxica, sino también que la risa es 10 veces más potente que los gritos de miedo. Esta información les servirá para cambiar a un nuevo modelo energético: ahora los monstruos hacen reír a los niños en vez de asustarlos. La historia queda tan cerrada y abierta que es casi imposible imaginar el resultado de semejante revolución.

«Las grandes civilizaciones no se forjaron con miedo, sino con la complicidad de personas que ríen juntas»

¿Y si pudiéramos hacer lo mismo? ¿Y si hubiera una energía mucho más poderosa que el miedo? Puede que la haya. Pienso en la energía que impulsaba a grandes investigadores como Marie Curie o Albert Einstein. No pudo ser el miedo: de haberlo querido, habrían vivido una vida plácida y segura, pero eligieron arriesgarse e ir más allá. Sí, tuvo que ser una energía distinta, mucho más fuerte, más libre, una fuerza que emerge directamente desde el centro de la persona, justo lo contrario que el temor, que nos condiciona desde fuera. Si miramos dentro de nosotros mismos descubriremos que el miedo ha sido un impulso importante en nuestra vida, pero estoy seguro de que los logros de los que estamos más orgullosos han sido impulsados por esa otra fuerza que es diez veces más potente.

Puede que la alegría y la ilusión sean una energía más poderosa, pero es también mucho más difícil de conservar y gestionar; el miedo, en cambio, es más estable, aunque solo a corto plazo. A largo plazo acaba por ser insostenible, porque nos separa los unos de los otros, haciéndonos más débiles. Las grandes civilizaciones no se forjaron con él, sino con la complicidad de personas que ríen juntas. Además, el terror necesita de un otro, de alguien a que temer y alguien a quien explotar. ¿Qué pasará cuando ya no haya otros, o cuando todos seamos el otro a quien temer?

Monstruos S.A. habla más de nosotros de lo que pensamos. Hemos explotado el miedo como fuente de energía civilizatoria, el nuestro y el de los otros humanos. Hemos entrado en sus habitaciones con nuestra monstruosidad, con nuestras empresas, con nuestra forma de hacer y de pensar: donde había paz, hemos dejado guerras; donde había un sistema económico en equilibrio, hemos dejado un caos mercantil; hemos explotado su miedo, pero también el nuestro, pues hemos cerrado nuestras fronteras a otros seres humanos creyendo que eran tóxicos para nuestro sistema y nuestra comodidad, dejando claro así quiénes somos los monstruos y quiénes los humanos.

Ahora que ya sabemos que, como en Monstruópolis, la alegría es mucho más poderosa que el miedo y que ningún ser humano es tóxico o ilegal, podemos hacer un cambio de modelo y pasar del miedo a la ilusión, de la competitividad a la colaboración y del enfrentamiento a la comunicación. Así, lograremos alcanzar un gran acuerdo por el que todos los seres humanos tengan los mismos derechos y la misma dignidad, y, aunque el miedo siga estando presente, conseguiremos que la auténtica energía que mueva al mundo sea la pasión y la alegría compartidas. Esta revolución es posible, pero hay que dejar ya de temer, o por lo menos, dejarse llevar por la ilusión de ver un mundo así. Aún estamos a tiempo de dejar de ser Monstruos, S.A. y convertirnos en Humanos, S. Coop.

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