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Por qué ha fracasado la COP25

El problema del clima carece de fronteras, como carece de ellas la atmósfera: el CO₂ emitido en Chicago acaba encima de Sri Lanka. Por eso las acciones para frenar el cambio climático tienen que ser de todos.

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16
Dic
2019
COP25

Manifestaciones (escasas), la muchacha Greta Thunberg viajando en catamarán a través del Atlántico, personalidades y empresas españolas subiéndose al carro de las energías verdes. Al mismo tiempo, la Unión Europea no ha sido capaz de tomar una decisión unánime sobre un nuevo acuerdo verde y Polonia puede seguir quemando carbón. La COP25 ha sido incapaz de llegar a ningún acuerdo sobre reparto de la reducción de emisiones y de los intercambios de derechos de emisión de CO₂.

El resultado: los acuerdos de París, como el protocolo de Kioto, se convierten en papel mojado. Otra vez.

Ponerse de acuerdo y ceder todos genera mucha más riqueza para cada uno, pues al final el dinero acaba repartiéndose y los que lo ceden lo recuperan en un plazo breve de los que lo han recibido. Volvemos en 2020 a la estupidez europea de los años entre 1870 y 1945: cada uno tirando del carro en su propia dirección y sentido y todos con más problemas y más pobres.

«Los países ricos deben pagar de acuerdo con lo que emiten, y sobre todo, dejar de emitir»

¿Qué gana el Reino Unido con el brexit? Digamos que el orgullo de poder renegociar con Europa los intercambios comerciales y, según muchos ingleses, poder negociar con los EE.UU. otros acuerdos. ¿Qué pueden querer comprar los EE.UU. a los ingleses que aquellos no tengan ya? Serán esencialmente los ingleses los que compraran a los americanos. Dentro de Europa se puede negociar en pie de igualdad con otros gigantes económicos. Fuera de ella somos demasiado pequeños para tener influencia alguna.

Lo mismo ocurre con el clima. El problema carece de fronteras, como carece de ellas la atmósfera. El CO₂ emitido en Chicago acaba encima de Sri Lanka. El control del clima, las acciones para frenar el cambio climático, tienen que ser de todos. Se dice que los países que han empezado a contaminar más tarde tienen derecho a que los que empezamos a contaminar antes les paguemos el esfuerzo de no emitir.

Esto es un poco traído por los pelos. Es como si los atenienses de ahora demandasen a los iraníes por la quema de Atenas en el 480 AC. Es justo, pero inoperante. Si esos países quieren no tener problemas climáticos, tendrán que pagar por ello. Al mismo tiempo, los países ricos deben pagar de acuerdo con lo que emiten, y sobre todo, dejar de emitir. En estas reuniones o COP, como otras que se hacen y se quieren hacer en España, los diálogos son altamente ineficientes. La solución de los problemas se pone en marcha cuando estos dejan de ser problemas y se convierten en realidades dañinas.

Cuando se inunden las calles de Nueva York, cuando partes de la ciudad de Washington se llenen de agua del mar, entonces querrán los neoyorkinos, los políticos de Washington, enterarse de por qué arde California y reclamarán con voces de amenaza el fin de los combustibles fósiles. Pero quizás para entonces no haya el mismo número de coches eléctricos que los de gasolina y no existirán los tendidos de alta tensión para llevar la electricidad a las ciudades para recargar esos coches.

«A los polacos les interesa, como a los demás, ir anulando el carbón, y montar a toda velocidad energía solar. Pero no lo ven»

Escucharemos el «es tarde, es tarde», como se escuchó cuando los alemanes invadieron Polonia en 1939. La solución para Europa se dilucidó en la cumbre de Munich de 1938, en la cual Chamberlain y Daladier dieron vía libre a Hitler para anexionarse media Europa. Hoy se sigue dando vía libre a los países para llenar la atmósfera de cada vez más CO₂. Se quieren dar permisos para emitirlo.

Las personas, y los países son miopes, y no ven lo que les interesa. A los polacos les interesa, como a los demás, ir anulando el carbón, y montar a toda velocidad energía solar. Pero no lo ven.

Por eso ha fracasado la COP25.

Todo esto es una inmensa estupidez. De lo que se trata no es de aceptar que los países emitan menos CO₂, no es intercambiar derechos de emisión (no existe ese derecho, es preciso anular esas emisiones, más pronto que tarde) sino de eliminar los combustibles fósiles. Y se puede hacer, y no «es caro» pues, al revés del dinero que se abona por las pensiones, es un dinero que se recupera en muy poco tiempo y que genera millones de puestos de trabajo.

Me dicen que lo que yo veo no lo ven los demás. Por eso escribo, para comunicar al resto de las personas eso que yo veo con claridad. También Casandra lo hacía. Y no sirvió de nada a aquellos a quienes lo contaba.


(*) Antonio Ruiz de Elvira Serra es catedrático de Física Aplicada en la Universidad de Alcalá. Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

The Conversation

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