Desigualdad

Empleo y maternidad: dos realidades inconciliables

Según un estudio elaborado por Forética, la maternidad penaliza las carreras laborales para el 70,6% de las mujeres. La falta de medidas de conciliación refuerza la brecha de género.

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07
Mar
2019
maternidad

Un año después de que miles de mujeres salieran por primera vez a la calle con motivo de la huelga feminista general del 8M, el Día de la Mujer sigue siendo un recordatorio de que en el camino hacia la igualdad, el tramo por recorrer es todavía demasiado largo. Tanto es así, que uno de los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 hace referencia a la necesidad de acabar con la desigualdad entre géneros. En España, según el informe Global Gender Gap Report 2018 publicado por el World Economic Forum, la brecha entre hombres y mujeres es más apreciable en el ámbito laboral y económico. En este contexto, la maternidad, y la falta de medidas para asegurar su conciliación con el empleo, emerge como uno de los mayores escollos a la hora de alcanzar una igualdad salarial, de ocupación y de responsabilidades.

Un estudio elaborado por el Clúster de Impacto Social de Forética, formado por 66 grandes empresas y profesionales de la responsabilidad social empresarial, indica que la maternidad penaliza la carrera profesional para el 70,6% de las mujeres. No sucede así con la paternidad, algo que solo el 56,9% de los hombres consideran un obstáculo en la trayectoria laboral. Las percepciones no se alejan de la realidad. Un informe elaborado por el Ministerio de Empleo y Seguridad Social en 2017 muestra cómo el 16,9% de las mujeres renuncian a su carrera profesional al ser madres.

«Dos de cada tres contratos parciales están ocupados por mujeres»

Visto de otro modo, cuando una mujer tiene un hijo, la brecha de género en la ocupación de puestos de trabajo aumenta hasta llegar al 19,3 puntos porcentuales. Así, en un país en el que la tasa de natalidad lleva años en caída libre según datos ofrecidos por el INE, la maternidad se presenta como un lastre para el progreso laboral. A pesar de ello, la penalización que implica tener hijos no es el único reto al que se enfrentan tanto las mujeres como las empresas que buscan acabar con estos desequilibrios.

Existe, según el informe de Forética, una doble segregación intrínseca al sistema empresarial: la horizontal y la vertical. La primera hace referencia a la concentración de hombres y mujeres en diferentes áreas de actividad. En este aspecto, el estudio indica que un gran número de mujeres se dedica a ocupaciones de baja remuneración y cualificación, lo que genera una mayor precariedad en el empleo femenino y, en general, una falta de oportunidades en el desarrollo profesional. Esta precariedad está estrechamente relacionada con la maternidad y se refleja en el número de mujeres que tienen un horario parcial. Representan en la actualidad dos de cada tres contratos parciales existentes.

La segregación vertical, por su parte, da lugar al conocido techo de cristal. Esta metafórica expresión que hace alusión a las barreras invisibles con las que se topan las mujeres a la hora de escalar hacia puestos de mayor responsabilidad, es una realidad en ocasiones asociada, ya no a la maternidad, sino a la simple potencialidad de poder tener hijos. Contra esto, muchos Gobiernos buscan igualar las bajas de maternidad y de paternidad, y muchas empresas ofrecen ya la posibilidad de realizar horarios flexibles.

«Acabar con la brecha de género en España generaría un beneficio de 30.700 millones de euros»

Con todo, la segregación laboral está condicionada en el origen. Es decir, a la hora de estudiar una carrera. La presencia de las mujeres en carreras STEM –un acrónimo de las palabras en inglés, Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas–, entendidas como los estudios con garantías de éxito, es todavía muy reducida. Solo en la promoción de 2016-2017, en titulaciones como Educación y Logopedia, había un 90% de mujeres y sólo un 15% en ingeniería, según datos ofrecidos por el INE. Diversos estudios sociológicos apuntan a que este sesgo realizado inconscientemente está influenciado en muchos casos por factores culturales o de estereotipos sociales.

Frente estos datos, combatir la desigualdad de género se presenta, ante todo, como una cuestión de justicia social. Sin embargo, su erradicación tendría también un impacto positivo en la economía. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) cifra en un 25% los beneficios que aportaría a la economía española acabar con la brecha de género. Esto son, ni más ni menos, que 30.700 millones de euros. A pesar de esto, la propia OIT ha calificado de «escasos e insuficientes» los pasos realizados hasta fecha de hoy, en materia de combatir la desigualdad entre hombres y mujeres.

Sobre todo, y además de las diferencias en el mundo laboral, existe otra brecha que según  la OIT, va a tardar más de 200 años en cerrarse: la de las tareas no remuneradas. Se trata de las tareas domésticas y de cuidado de los hijos,  a las cuales las mujeres dedican el doble de tiempo que los hombres. De esta manera, las mujeres doblan su jornada laboral sin cobrar parte de ella. Cambiarlo, apuntan desde la organización, es cuestión de educación social.

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