Economía

Nobel de Economía a la lucha contra el cambio climático

William Dawbney Nordhaus y Paul Michael Romer, ganadores del premio Nobel de Economía de 2018, incluyen el medio ambiente y la innovación tecnológica como claves macroeconómicas.

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Luis Meyer
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08
Oct
2018
Nobel

El Premio Nobel empieza a hacer justicia. En 1993, cuando el calentamiento global era todavía una preocupación residual circunscrita a unos pocos agoreros, William Dawbney Nordhaus advertía en su libro Reflections on the Economics of Climate Change: «La humanidad está jugando a los dados con el medio ambiente con sus acciones: inyectando en la atmósfera gases traza de efecto invernadero y productos químicos que agotan el ozono, edificando de forma masiva, deforestando a lo bestia, aniquilando a multitudes de especies en sus hábitats naturales y acumulando suficientes armas nucleares para destruir civilizaciones humanas».

El economista estadounidense, también profesor de Yale, ha sido pionero en establecer una relación directa entre el mercado (y su buena o mala marcha) y el cambio climático y sus consecuencias. Su compatriota Paul Michael Romer, exvicepresidente del Banco Mundial, fue el primero en asociar el crecimiento macroeconómico a los avances tecnológicos, y no a los meros factores productivos que, según su teoría, desembocan en una economía regresiva. O, dicho de otro modo: la única base para una economía sostenible es el conocimiento.

Los dos han recibido el premio Nobel de Economía por vincular, por primera vez, el desarrollo de la humanidad a elementos que van más allá del concepto de riqueza, e incluyen el cambio climático y los avances tecnológicos como pilares indispensables.

Nordhaus apuntaba maneras desde mucho antes de que el deterioro del planeta estuviera en la agenda científica: en 1972, junto con el profesor de economía de Yale James Tobin, publicó Is Growth Obsolete?, un artículo que introdujo, por primera vez, el índice Sustainable Economic Welfare como el primer modelo para la evaluación de la sostenibilidad económica, e incluía variables medioambientales.

En 2016, Nordhaus advirtió en un estudio del impacto de un cambio climático acelerado durante el próximo siglo si no hay políticas importantes al respecto. Apuntaba que será extremadamente difícil lograr el objetivo de un aumento máximo de dos grados señalado en el Acuerdo de París, incluso si se introducen políticas ambiciosas a corto plazo, porque la industria del carbón es aún demasiado poderosa, e influyente en los precios, para anular su uso con la celeridad requerida.

Paul M. Romer, por su parte, es muy crítico con la evolución teórica de la macroeconomía y los economistas más ortodoxos: critica que se recurre en exceso la ciencia matemática que, en su opinión, «se ha revelado inútil y peligrosa para el manejo de la economía real, una visión puramente ideológica que obvia episodios como la Gran Recesión o la última gran crisis». Sus tesis han integrado siempre la investigación y el desarrollo como agentes indispensables de la productividad de un trabajador. Es pionero, por tanto, en ampliar el espectro más allá de exprimir jornadas laborales y contabilizar el número de artículos fabricados. Según el experto, una sociedad solo avanzará si impregna todos sus estadios de conocimiento y avances tecnológicos.

Los dos son defensores de la reflexión a medio plazo, frente a la frenética productividad inmediata que promueve el capitalismo actual. Que hayan sido galardonados con el Premio Nobel abren una puerta al optimismo sobre un futuro sostenible… siempre que tomen nota los poderes fácticos. Si no, todo se quedará en teorías volátiles. Justo contra las que pelean los economistas galardonados.

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