Energía

¿Por qué hay grupos ecologistas que defienden la energía nuclear?

La energía nuclear está, más que nunca, en el centro del debate. Algunos pugnan por su desaparición debido a su peligrosidad y a los problemas derivados de la generación de residuos. Otros la ven fundamental como vía hacia la descarbonización.

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Thomas Millot
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24
Jul
2018
nuclear

El hecho de que Francia, un país con una histórica autosuficiencia energética gracias a sus plantas nucleares, haya anunciado que cerrará hasta 17 reactores en los próximos ocho años, hace pensar en un cambio de rumbo definitivo. Pero tal vez pequen de excesiva anticipación quienes auguran la desaparición total de esta fuente de energía a medio plazo. La nuclear representa, hoy, el 75% en el país galo. En 2025 será un porcentaje menor, pero la mitad de la electricidad seguirá generada en reactores.

Mientras países como Alemania ya tienen avanzado el calendario para cerrar todas sus plantas nucleares, Francia las mantiene como un pilar de su independencia geopolítica y energética. Con la salida de Reino Unido de la Unión Europea, nuestro país vecino será el único miembro con una bomba atómica, y hoy sigue siendo primero del mundo en producción per cápita de energía nuclear.

Fue en los años setenta, tras el crack del petróleo, cuando París aceleró la apuesta por una fuente de energía que no emite gases contaminantes, pero de enorme potencial destructivo en caso de accidente, y productora de residuos peligrosos durante centenares de miles de años. Y precisamente, en estas características reside el debate: el mundo, azuzado por los Acuerdos de París contra el cambio climático, inicia una carrera hacia la descarbonización. Esto lleva a las nucleares a un punto inédito hasta hace poco: algunas organizaciones ambientalistas las apoyan como parte de la solución para evitar que la temperatura mundial suba más de dos grados este siglo, frente al habitual (y mayoritario) sector ecologista que las defenestra.

En España, centrales abiertas actualmente como la de Vandellón II, Ascó I y II, Trillo, Cofrentes y Almaraz I y II están en el punto de mira de asociaciones ecologistas, partidos políticos y de la propia sociedad (especialmente, la que reside en las cercanías). Por su parte, el Gobierno acaba de suspender la construcción del cementerio nuclear previsto en Villar de Cañas, en Cuenca, que debía albergar los residuos de todas las centrales españolas.

Sea como fuere, el debate, hoy más que nunca, está servido.

A favor

Energy for Humanity, es un grupo de defensa del medio ambiente con sede en Londres, partidario de la energía nuclear. «En los últimos años algunos prominentes defensores del medio ambiente se han convertido en defensores de la energía nuclear. Directores de cine, parlamentarios, periodistas y activistas medioambientales: personas que una vez se opusieron a la energía nuclear cambiaron de opinión», explican sus portavoces. «Algunas organizaciones hasta ahora hostiles con esta fuente de energía han suavizado sus actitudes y la mayoría están debatiendo la evidencia sobre esta cuestión. Hasta el punto de que hay debate en el movimiento ecologista acerca de si la energía nuclear debería ser, de hecho, parte de un futuro energético bajo en carbono. Gran parte del debate sobre la energía nuclear es económico: si los subsidios para esta parte del sector de la energía vendrían a expensas de otros, si la infraestructura energética debería ser subsidiada y si las propuestas específicas para nuevas plantas nucleares tienen sentido. Pero la energía nuclear tiene un legado de sospecha, que en el pasado dio lugar a algunas afirmaciones sobre la seguridad que resultaron no siempre ciertas, y que continúan influenciando discusiones sobre las opciones, económicas o de otro tipo. Por eso nos hemos juntado con organizaciones científicas para crear una guía y tratar de actualizar las discusiones».

Algunos sectores plantean la energía nuclear por la velocidad del cambio climático

Según esta organización, algunas de las personas que han revisado sus opiniones sobre la energía nuclear se basan en la velocidad a la que está ocurriendo el cambio climático. «Para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y al mismo tiempo crear energía asequible para el mundo, la gente tiene que reconsiderar las ventajas y desventajas entre los diferentes métodos de producción, especialmente, si no significa más combustibles fósiles».

Respecto al talón de Aquiles de esta fuente de energía, esto es, la deficiente seguridad, desde esta organización aclaran: «La tecnología ha avanzado mucho, y el mundo ahora tiene mejores datos sobre los efectos a largo plazo para la salud de la exposición a la radiación, más experiencia en la gestión de la energía nuclear y nuevas y mejores soluciones para aumentar la seguridad y la eficiencia y reducir los residuos». Sus portavoces apuntan: «En Reino Unido, el apoyo público a la energía nuclear aumentó del 26% en 2005 al 32% en 2013, y mientras que en décadas anteriores los políticos lo debatieron como un problema, los debates recientes se han centrado en él como parte de una solución». La organización aclara: «No tratamos de promover la energía nuclear como la única ruta hacia un sistema de energía con bajas emisiones de carbono. Pero ninguno de nosotros quiere tomar decisiones basado en información obsoleta».

Finalmente, para asentar su teoría, ponen el ejemplo de Alemania: «Tras el incidente de Fukushima, anunció que sus 17 centrales nucleares se cerrarían para 2022. Alemania ha superado su déficit de producción de energía al aumentar la contribución de fuentes renovables y al seguir utilizando el carbón a pesar de una eliminación planificada. Como resultado, las emisiones de gases de efecto invernadero de Alemania han dejado de disminuir (ha estado disminuyendo constantemente desde principios de la década de 1990 hasta 2010). De hecho, aumentaron en un 0,7% en 2015, después de que la mayor planta de energía nuclear de Alemania, Grafenrheinfeld, bajara su productividad. Está claro que eliminar la energía nuclear como fuente baja en carbono hace que sea más difícil reducir las emisiones de CO2, porque las energías renovables deben financiarse y construirse para reemplazar a los combustibles fósiles mientras las plantas nucleares son desmanteladas prematuramente al mismo tiempo, y eso exige mucho dinero. Por tanto, durante mucho tiempo ese país seguirá recurriendo al petróleo y al gas. Algo que puede suceder en el resto de los países si la transición no se hace de una forma ordenada, y a su debido tiempo».

En contra

Greenpeace es una de las organizaciones más activas contra las centrales nucleares. Tiene un nutrido argumentario al respecto: «En sus más de 50 años de existencia, no solo no ha logrado resolver sus problemas de seguridad, sino que además ha dejado evidencias claras de su capacidad de generar catástrofes, como la de Chernóbil o Fukushima. Ha producido residuos radiactivos que, debido a su alto nivel de radiactividad, se prolonga durante cientos de miles de años, y su elevado potencial radiotóxico, supone un importante problema ambiental y de salud pública, que la industria atómica tampoco ha sido capaz de resolver. Por otro lado, a pesar de sus pretendidos usos pacíficos han contribuido a la proliferación de armas nucleares».

Según esta organización, mantener las centrales nucleares no es necesario para una transición ordenada a un mundo bajo en carbono: «Lo que hace falta es apostar definitivamente por las renovables», apuntan sus portavoces. Un informe del Instituto de Investigaciones Tecnológicas de la Universidad Pontificia Comillas ha demostrado que existe un gran número de combinaciones de las distintas energías renovables (solar termoeléctrica, eólica terrestre, eólica marina, biomasa, solar fotovoltaica, hidroeléctrica, energía de las olas y geotérmica) que permitirían satisfacer al 100% la demanda eléctrica peninsular, las 24 horas del día, los 365 días del año, a un coste menor que el de un sistema basado en las tecnologías convencionales.

«Del citado estudio se deduce también que, por sus características de funcionamiento dentro del sistema eléctrico, las centrales nucleares son un gran obstáculo para el despliegue a gran escala de las energías renovables», infieren desde Greenpeace, y concluyen:  Los últimos datos científicos demuestran que hay poco tiempo para actuar sobre el modelo económico y energético de esta sociedad y poder evitar las consecuencias más graves del cambio climático. Es urgente actuar con eficacia. En ese sentido, está demostrado que para mitigar el cambio climático y el declive del petróleo hay otras opciones más limpias, seguras y menos costosas que la energía nuclear. Discutir sobre la conveniencia o no de apostar sobre energía nuclear en lugar de poner en marcha programas de cierre de las centrales nucleares existentes es absurdo, contraproducente y peligroso. En definitiva la energía nuclear es prescindible».

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