Ciudades

Agua potable para regar las calles: bienvenidos al mundo desarrollado

La mentalidad del derroche es la principal enemiga de la sostenibilidad, y la economía circular, la terapia irrefutable contra la inminente escasez de recursos.

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Luis Meyer
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23
Feb
2017

Para que usted abra un grifo y pueda beber despreocupadamente, el agua ha seguido varios procesos: la eliminación de sólidos de gran tamaño con sistemas de rejas físicas y tratamientos químicos, el ajuste del PH mediante la adición de ácidos y agentes coagulantes, la decantación en tanques para extraer los lodos, la filtración vía arena y carbón activo y, finalmente, la desinfección de microorganismos patógenos por medio de radiación o productos químicos. Todo esto implica complejas infraestructuras y tecnología que pagamos todos, y está bien pagado: beber agua cristalina y sana es uno de los grandes logros de las sociedades avanzadas. El problema es cuando a los países desarrollados se les va la mano, y las administraciones usan ese mismo agua para limpiar las calles. O los ciudadanos, para regar sus plantas. Muchos de esos países, azotados por la crisis, han ahorrado en justicia social, como la sanidad o la educación, y en el mundo existen, hoy, 750 millones de personas no tienen acceso a agua potable. Es solo un ejemplo que se extiende a la gestión y el consumo en general. La mentalidad del derroche es la principal enemiga de la sostenibilidad. El tratamiento que le damos al agua (y no solo el purificador) es el que le damos a cualquier producto susceptible de ser consumido que se nos venga a la cabeza. Todos entran en esta terrible ecuación.

En España, en los años 80, el 75% de los residuos acababa en vertederos

La economía circular es la terapia irrefutable contra la inminente escasez de recursos y estos comportamientos, que además están ocasionando el cambio climático. «Frente a la economía lineal que practicábamos hasta hace bien poco, implica cambiar de mentalidad: que los desechos dejen de ser tratados como tales y pasen a ser recursos», reclamaban ayer los ponentes durante la jornada Reciclaje y economía circular organizada por el diario El Español. Los expertos en gestión de residuos y en medio ambiente también apuntaron a la obsolescencia programada como uno de los grandes males del mercado: «Se están impulsando leyes a nivel internacional para prohibirla, pero hoy por hoy es una realidad. Muchos de los bienes consumidos tienen su vida útil predestinada de antemano. Y cada vez es más corta», advertía la directora de la Fundación para la Economía Circular, Anabel Rodríguez. Su parlamento, con todo, no fue pesimista: «En los años 80 llevábamos al vertedero más de un 75% de los residuos. Con la nueva legislación y los nuevos sistemas de gestión y tratamiento ha habido un aumento considerable del reciclado». Y dio una llamada de atención. «En otros países europeos prácticamente nada acaba ya en un vertedero, y la media está en el 25%. Nosotros aún seguimos en el 50%. La economía circular es la vía que pone en valor los recursos naturales y los mantiene el mayor tiempo posible en el ciclo económico. Hablamos de agua, energía, materiales…».

Un frigorífico, fuera de casa, es un objeto nocivo

Esto pasa necesariamente por el reciclaje. Luis Moreno, director general de la Fundación Ecolec, dedicada a la recogida, tratamiento, valorización y eliminación de los aparatos electrónicos y eléctricos desechados, alerta de que «en el mundo se generan al año 50 millones de toneladas de residuos de estos aparatos, es una de las fracciones de residuos que más crece, entre el 15 y el 25% cada cinco años. Pero tenemos que empezar a verlo como una oportunidad, no como un problema». E introduce el concepto de minería urbana. «Dar una nueva vida a esas materias primas secundarias, para que no terminen de nuevo en la naturaleza, y reducir las extracciones. Con eso se ahorra en el proceso de fabricación, en agua y en emisiones de CO2». Además, claro, de reducir el impacto ambiental que supone, por ejemplo, un frigorífico, que contiene metales pesados y gases nocivos, desechado un vertedero. En Ecolec aumentan cada año la cantidad de residuos gestionados: de 65.000 toneladas en 2014, han pasado a 87.000 en 2016.

«El reto es conseguir que un residuo sea una oportunidad para la economía circular», añade Gabriel Leal, director general de Signus, entidad sin ánimo de lucro que gestiona y promueve el reciclado de los neumáticos fuera de uso. Con el apoyo de una legislación férrea al respecto, han conseguido que las montañas de ruedas desechadas dejen de ser un elemento habitual de nuestro paisaje. A día de hoy, prácticamente, estamos en un porcentaje de reciclaje cercano al 100%. «El neumático contiene acero, textiles, caucho… Todo es reutilizable. Desde ropa hasta asfaltos para carreteras y barreras, sus usos son innumerables. No solo se trata de evitar que impacten negativamente en el medio ambiente, sino de verlos como una ventaja en términos económicos», dice Leal.

Hoy estamos en el 50%, pero aún queda mucho para llegar al 25% de la media europea

A raíz de su planteamiento, Germán Granda, director general de Forética, asociación de empresas y profesionales de la responsabilidad social y de sostenibilidad, añade: «La economía es lo que mueve a las empresas, no lo olvidemos, y la economía circular cada vez se ve más como una ventaja competitiva, antes que una obligación. Las empresas ya no solo se atienen a resultados económicos: también ambientales y responsabilidad social. Ser sostenible es igual a ser más competitivo, y eso cada vez lo tienen más interiorizado».

La directora de Desarrollo Sostenible de Suez Spain (organización dedicada al tratamiento del agua), Dulcinea Mejide, apunta que, en su sector, «la economía circular implica que la energía es necesaria para el ciclo del agua, pero también el agua es necesaria para la generación del agua». Spain Suez valoriza el 60% de los residuos que generan sus instalaciones, aunque tienen el objetivo de llegar al 85%. Sabe, por tanto, de lo que habla cuando se refiere al uso del agua, y el problema de escasez al que nos enfrentamos: «Hace falta un cambio de mentalidad. Hasta el punto de que seamos capaces de beber como potable agua reutilizada, porque ya hay tecnología para eso». Pocos ejemplos definen tan claramente lo que es la economía circular.

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