Cambio Climático

5 tendencias sostenibles para 2017

Después de un 2016 extenuante, este año se presenta como clave para el medio ambiente y los retos sociales. Esto es a lo que nos enfrentamos.

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Luis Meyer
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11
Ene
2017
Luis Meyer | Foto: Nadav Kander (Prix Pictet)

Después de un 2016 extenuante, en el que la puesta en marcha de los Objetivos del Desarrollo Sostenible se ha visto amenazada por la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, este año será clave para librar las batallas por el medio ambiente y los retos sociales. Esto es a lo que nos enfrentamos.

El ‘tsunami’ Trump

Posiblemente, este ha sido el mayor (y más inesperado) bofetón a las políticas sociales y medioambientales que ya se habían puesto en marcha, especialmente a raíz de los Objetivos de Desarrollo Sostenible firmados en el seno de lo ONU por casi 200 países. Donald Trump es un empresario ‘ombliguista’ y megalómano al timón de la mayor potencia mundial, un negacionista del cambio climático (o más bien que de que el ser humano sea responsable del mismo) que apuesta por fomentar la explotación de recursos propios de crudo y carbón, y pretende cancelar el pago de 3.000 millones de dólares comprometidos por la administración Obama para los programas contra el calentamiento global. Dentro de su agenda de los primeros 100 días como presidente electo, ha nombrado como consejero de Estado a Rex Tillerson, presidente de Exxon Mobil, una de las mayores petroleras del mundo y líder también en la producción de plásticos y pesticidas. Y en el puesto de director de la Agencia de Protección del Medio Ambiente ha colocado a otro escéptico con el cambio climático, Scott Pruit, ministro de Justicia del estado de Oklahoma, que ha luchado gran parte de su carrera contra el organismo que ahora debe dirigir. Una serie de designaciones que suponen un golpe en la mesa del magnate de flequillo imposible, en contra de las políticas de transición energética hacia las renovables que había iniciado el partido Demócrata.

La comunidad científica, con todo, pide paciencia. Para muchos expertos, son reacciones viscerales que no pueden parar una tendencia que ya está puesta en marcha. Veerabhadran Ramanathan, uno de los climatólogos más reputados, puso el ejemplo de California (la sexta economía mundial) y su objetivo de llegar a cero emisiones en unos años, o el de China, que ha anunciado, entre otras medidas, que el uso del carbón ralentizará su crecimiento y aumentará el uso de energía eólica en más de un 20%. El premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz también declaró a Ethic su convencimiento de que la tasa al carbono llegará a aplicarse en Estados Unidos porque sus beneficios económicos a medio plazo son indiscutibles, a lo que hay que añadir el abaratamiento inexorable de las energías renovables y las tecnologías que llevan aparejadas, lo que impondrá su implantación cada vez más extensa por criterios puramente económicos.

Las finanzas se tiñen de verde

El sector financiero no será nunca un abanderado de la lucha contra el calentamiento global, porque su objetivo y razón de ser es el puro rendimiento económico. La buena noticia es que, cada vez más, es consciente de la rentabilidad de invertir en activos sostenibles. Varios ejemplos lo demuestran: las bolsas de valores ahora requieren que se introduzca información sobre impacto climático, y la de Luxemburgo es la más importante actualmente en volumen de bonos verdes, lo que se ve en el mercado bursátil como una ventaja competitiva. En la última reunión del G-20 se estableció, por primera vez en su historia, un grupo de trabajo sobre financiación verde. China también está impulsando por su cuenta políticas financieras en este sentido: hace tres años no existían los bonos verdes en el país asiático, y hoy son ya el 40% de las emisiones globales. Muchos países en Europa están adaptando sus estrategias de este tipo de financiación.

Un mercado laboral intergeneracional

Las empresas, a ojos de los consumidores, especialmente los jóvenes (en quienes tienen puesto su punto de mira) deben dejar de ser máquinas de hacer dinero y aportar algo a la sociedad, más allá de sus beneficios. En una encuesta de Deloitte a nivel mundial entre los denominados millenials (nacidos de mediados de la década de los 90 en adelante), una abrumadora mayoría de casi del 90% manifestó que el éxito de los negocios no debería medirse solo por su rendimiento económico. Un resultado de gran relevancia si se tiene en cuenta que esta generación será la mitad de la fuerza de trabajo dentro de tan solo tres años.

La Universidad de Deusto, por su parte, ha marcado en un estudio las tendencias del mercado laboral para 2017. Entre ellas, destaca la coexistencia, más que nunca antes, de generaciones dentro de los puestos de trabajo, motivada por la reintegración en el mercado laboral de profesionales ‘senior’ después de la crisis, y la entrada masiva de jóvenes nativos en la era digital. Elena Cascante Pérez, presidenta de Generacciona y socia directora del Observatorio GT, lo adelantó el año pasado en estas páginas: «Por primera vez en la historia cuatro generaciones coinciden en el mismo tiempo y espacio en el trabajo: Veteranos, Baby Bommers, Generación X, Generación Y. Cuatro generaciones que comparten circunstancias temporales, experiencias, valores y modos de vida comunes que marcan su esencia vital». Según concluye la Universidad de Deusto, uno de los retos inmediatos es que los departamentos de recursos humanos tendrán que adaptar sus políticas de motivación, incentivos y productividad. «Podemos seguir negando la realidad y seguir gestionando personas por criterios de costes, lo que seguirá descapitalizando a las empresas de compromiso y conocimiento. O bien, dar un giro de 360º y hacer una gestión efectiva donde se una y potencie el talento intergeneracional en beneficio de todos», añade Cascante Pérez.

Turismo sin secuelas

2017 es el Año del Turismo Sostenible designado por la Asamblea de Naciones Unidas. Desde la organización inciden en «la importancia del fomento de una mejor comprensión entre los pueblos en todas partes, que lleve a una mayor conciencia de la rica herencia de diversas civilizaciones y al logro de una mejor apreciación de los valores inherentes de las diferentes culturas, de manera que se contribuya así al fortalecimiento de la paz en el mundo». El turismo está considerado en tres de los 17 ODS, en concreto, el objetivo número 8 habla de «Promover un crecimiento económico sostenido, sostenible e integrador, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos». Por su parte, el objetivo 12 es lograr un «Consumo y producción sostenibles», mientras que el 14 consiste en la «Conservación y utilización sostenible de los océanos, los mares y los recursos marinos para el desarrollo sostenible». Está por ver si tendrá efecto o se quedará en una mera declaración de intenciones. Según Ecologistas en Acción, «el actual modelo turístico dominante, principalmente de alcance internacional y de masas, tiene graves consecuencias sociales y medioambientales, no sólo en los destinos sino también en el conjunto del planeta y la biosfera. Asimismo, el turismo es interdependiente de otras actividades que conllevan perjuicios ambientales, como el transporte motorizado nacional e internacional, las fuentes de energía no renovables o la construcción, entre otros. Consecuencias que se agravan cuando los desplazamientos internacionales son de Norte a Sur, ya que esta actividad se enmarca en unas relaciones económicas, comerciales y laborales injustas». El primer crucero de lujo culminado con éxito por el Ártico el año pasado, aprovechando el deshielo, es un ejemplo de que un sector tan rentable como el turismo aún tiene que afrontar cambios de paradigmas para los que hará falta mucho más tiempo que un año.

La economía crece; las emisiones, no

El año pasado culminaba con la dramática noticia de que los niveles de CO2 en la atmósfera han llegado a un pico histórico que la comunidad científica define como un punto de difícil retorno. Otra información abría una puerta a la esperanza: la economía mundial logró crecer en 2016 sin aumentar las emisiones de este gas, uno de los principales causantes del efecto invernadero. Más de 20 países de las principales economías han disociado ya el crecimiento de su PIB del de los niveles de CO2, y uno de los principales acaparadores energéticos, el sector de las tecnologías de la información, ha nivelado el consumo de los centros de datos. Se habla nuevamente del «pico de petróleo» pero, a diferencia de la década de los 90, no es en cuanto a escasez, sino que se refiere de la demanda: a partir de aquí, la única tendencia posible es que baje. Desde la ONU advierten, con todo, que si se mantener el cambio climático se quede dentro de unos márgenes aceptables (un aumento máximo de dos grados de aquí a 2030), no basta con un estancamiento de las emisiones. Este, posiblemente, es el mayor reto de todos, para 2017 y los años venideros.

[La fotografía que ilustra esta noticia pertenece a las imágenes con las que Nadav Kander fue reconocido con The Global Award In Photography and Sustainability de Prix Pictet en el año 2009]

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