Opinión

Por qué Albert Rivera y Pablo Iglesias deberían leer a Kant

José Luis Fernández, catedrático de Ética Económica y Empresarial, apela al entusiasmo por aprender y preguntar sin restricciones ni miedo a la equivocación.

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26
Feb
2016
José Luis Fernández Fernández | Universidad de Comillas

En un opúsculo breve que lleva por título Was ist Aufklärung? se dice que la Ilustración consistía en el hecho de salir el hombre de su minoría de edad, siguiendo una consigna latina: Sapere aude! Lo que viene a sugerir: ¡Sé osado a la hora de saber! ¡Atrévete a pensar!

El 27 de noviembre de 2015 participaba yo en una mesa redonda en la Universidad Pontificia de Salamanca. Había profesores y autoridades académicas; investigadores, profesionales y empresarios. Pero junto a aquellos, el auditorio estaba formado por un buen número de universitarios de pre-grado. El tema de la mesa tenía que ver –creo recordar– con la sostenibilidad y con el papel que la empresa estaba llamada a desempeñar en futuro.

Un compañero de mesa había lanzado el guante: «Una generación debe empezar la lucha, para que otra gane la guerra… Y va a ser a la vuestra, la de los que ahora tenéis veinte años, a la que le toque resolver estos problemas…», advirtió.

En el turno de preguntas, una chica levantó la mano y dijo: «Ustedes afirman que vamos a tener que resolver nosotros esos problemas. Pero la realidad es que, hoy por hoy, no me considero ni siquiera capacitada para votar en las próximas elecciones. No sé a quién debiera votar ¿Qué me pueden decir?».

El moderador, sorprendido ante tan inesperado cambio de tercio, miró a diestra y siniestra por ver si alguno de los oradores entrábamos en semejante jardín. Como mis dos compañeros ponían cara de póker y declinaban, por no dejar un balón tan bien colocado a media altura sin rematar, yo, mientras con una mano acercaba el micrófono, hice ademán con la otra al presidente. Éste, con alivio, dándome la palabra, dijo: «Te va a responder el profesor Fernández».

Entré por derecho a ganar la distancia corta, propicia a la confidencia. «¿Cómo te llamas?», dije. «Carolina» respondió. «Mira, Carolina: No lo sé. Ni yo ni nadie puede decirte a quién debes votar. No es ésa la misión de la universidad; ni debes esperar de ella que te dé recetas. Lo único que puede darte -y nosotros, como sus peones de brega, proponerte- es un enorme signo de interrogación para tu cabeza».

«¡Sé osada! ¡Atrévete a pensar! Y por cierto: si lo haces y descubres algo que merezca la pena y sientes que podría servir al bien común, no dudes en proponerlo a los demás. Hazlo con sinceridad, con convicción, con entusiasmo. Esas son las características del verdadero liderazgo, del que tan escasos andamos hoy en España».

Ese mismo 27 de noviembre me llegó la noticia de que, mientras yo participaba en la conferencia de la Universidad de Salamanca, Pablo Iglesias y Albert Rivera debatían en la Carlos III de Madrid.

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En el turno de preguntas, uno de los alumnos les pidió a ambos que dieran su opinión sobre la filosofía y que recomendasen un libro. Iglesias le sugirió la «Ética» de la razón pura, de Kant (refiriéndose a la Crítica de la razón pura). Rivera, por su parte, tuvo que admitir que no había leído títulos concretos. Ni siquiera la «Ética» de la razón pura.

Y ahora la moraleja: sería muy recomendable que los adalides de la «nueva política», el señor Rivera y al señor Iglesias, leyesen a Kant… Quizá así no lo citarían en vano y no correrían el riesgo de levantar una liebre peligrosa. No fuera a ser que a muchos Carlos y Carolinas les diera por seguir el consejo del maestro de Königsberg y se atrevieran a pensar más allá de la consigna.

José Luis Fernández Fernández es director de la Cátedra de Ética Económica y Empresarial en la Universidad Pontificia Comillas.

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