Cultura

«Los ordenadores son el peor enemigo del pensamiento crítico»

«Faltan entre tres y cinco años para que el Internet invisible sea una realidad», afirma Leornard Kleinrock, uno de los padres de la red de redes.

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23
Jun
2015

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Marta H. Vázquez

Leonard Kleinrock estudió en la Bronx High School of Science, el mismo instituto donde se formaron premios Nobel de Física como Leon Cooper, Steven Weinberg o Robert J. Lefkowitz. Dado que no podía sufragarse los estudios universitarios, durante el día trabajaba como técnico electrónico y, al acabar la jornada, acudía a las clases del turno de noche de la diplomatura de Ingeniería Eléctrica en el City College de Nueva York. Posiblemente, Kleinrock nunca hubiera imaginado que se convertiría en uno de los padres de Internet.

Todo comenzó en 1959, cuando Kleinrock fue becado para ingresar en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) con la vista puesta en su proyecto de investigación doctoral, en el que abordaría un territorio hasta entonces prácticamente inexplorado: las redes de datos. En concreto, se empeñó en desarrollar la base matemática que permite compartir recursos en la red y posibilita así el tráfico eficiente de datos. Diez años más tarde, sería el responsable de la primera transmisión de información entre ordenadores a larga distancia. Precisamente por esta aportación, Kleinrock acaba de ser galardonado en la VII edición del Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Tecnología de la Información y la Comunicación.

«Soy un freak de la tecnología, desde luego, pero no hasta el extremo de otros techies más jóvenes», dice Kleinrock, que se precia de tener un hogar casi del todo controlable desde su teléfono móvil. Está al día de todas las novedades de la era digital, y no titubea a la hora de hacer predicciones sobre su evolución: «La interfaz con Internet y la web será mucho más natural y flexible; interactuaremos con Internet hablando, con la postura, mediante expresiones y gestos, de forma muy parecida a como los humanos interactuamos entre nosotros», adelanta.

Hoy Distinguished Professor of Computer Science de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), Kleinrock hace memoria de su trayectoria: «En 1959 yo era un estudiante en el MIT en busca de un problema (…) Estaba rodeado de ordenadores, y me di cuenta de que antes o después necesitarían hablar entre sí. La tecnología de red era entonces del todo inadecuada, y yo vi cómo resolver el problema», cuenta. Un aspecto clave estaba en las diferencias entre las características del tráfico de voz y el de datos: «En el de voz [analógico] los hablantes están en silencio alrededor de un tercio del tiempo, y a una conversación se dedica una línea en exclusiva; pero el tráfico de datos funciona a borbotones, en picos, y durante el 99,9% del tiempo no se envía nada».

Kleinrock se dio cuenta del desperdicio que supone dedicar una línea en exclusiva para una comunicación de esas características –sería comparable, afirma, a que las autopistas fueran usadas por un único coche cada vez-, e ideó una manera para que los usuarios compartieran los recursos de la red: fragmentar los mensajes y usar todos los canales disponibles para enviar los paquetes de datos resultantes –que se ensamblan de nuevo en destino-.

Esta idea de Kleinrock, basada en que los paquetes pequeños viajan más rápido que los grandes, es aún hoy la fórmula más eficiente de ordenar el tráfico de información en Internet, y la razón de ser de los routers.

El primer mensaje

El joven ingeniero se dirigió con su desarrollo teórico al sector de telefonía, que por entonces (a principios de los años sesenta) trabajaba con una red. Sin éxito: «¡No pudo importarles menos!». Las telefónicas alegaron que su negocio estaba en la voz, y que eso no iba a cambiar.

La innovación llegó de otro sector: el espacial. Tras el lanzamiento del Sputnik, en 1957, Estados Unidos «creó como respuesta la Agencia Estadounidense de Investigación en Proyectos Avanzados (ARPA), para fomentar la ciencia, la ingeniería y la tecnología», y surgió así la necesidad de poner en comunicación las computadoras de los grupos ARPA repartidos por el país. «¡El sueño de la red por fin iba a convertirse en realidad!», recuerda.

Así, el 29 de octubre de 1969, dentro del proyecto ARPAnet, funcionó por primera vez el llamado ‘primer tramo’ de lo que hoy es Internet, con Kleinrock al frente de la operación. El objetivo era enviar, entre dos ordenadores separados por varios kilómetros, la palabra LOG, y recibir IN: «Login», es decir, conexión. Sin embargo, el sistema se colapsó al enviar las dos primeras letras… «¡Lo! Ese fue el primer mensaje de Internet!», dice Kleinrock -que ve en ello cierto aire profético, porque Lo forma parte de Lo and behold!, traducible como ¡mira por dónde!-. Meses antes de la famosa primera conexión había declarado: «A medida que crezcan, las redes de computación se volverán más sofisticadas y los ‘servicios de ordenador’ serán como la electricidad y el teléfono, estarán en todos los hogares».

La tecnología del futuro

Hoy afirma: «La única de mis predicciones que no se ha realizado es que Internet se volverá invisible -desaparecerá en la infraestructura, como lo ha hecho la electricidad-. De hecho, las interfaces actuales con Internet siguen siendo demasiado complicadas, poco intuitivas. Aún nos falta un poco, quizás entre tres y cinco años, para que el Internet invisible sea una realidad». El proceso se acelerará, vaticina, con la implementación de espacios inteligentes, con tecnología inserta en objetos y en el entorno. Los principales problemas que hay que resolver son los relativos a la duración de las baterías y el radio de alcance de las comunicaciones. A la interacción con gestos y posturas, Kleinrock añade los hologramas y sensores «que en sí mismos explotarán la visión y el tacto humanos».

Igualmente destaca las muchas sorpresas que ha traído la red: «Es interesante el que casi todas las aplicaciones de más éxito nos han pillado por sorpresa». Desde la primera, el correo electrónico, en 1972, «a los motores de búsqueda, la World Wide Web, los blogs, las redes sociales, el auge de los contenidos generados por los usuarios…». Kleinrock reconoce que no vio venir la faceta social que hoy domina la red: «Pensaba que la red sería usada para conectar ordenadores con ordenadores, no personas con personas». A Kleinrock no le cabe duda de que «Internet se convertirá en un sistema nervioso mundial», aunque también ha advertido en una entrevista al diario ABC, que «los ordenadores son el peor enemigo del pensamiento crítico».

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