Diversidad

«¿Superación? Bueno, yo solo quería una vida normal»

A los 18 años, la vida de Cristian cambió por completo: un accidente de moto le dejó en silla de ruedas. Ahora tiene 30 y durante estos más de dos lustros han ocurrido muchas cosas.

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08
Mar
2015
Por Sandra Gallego Salvá

A los 18 años, la vida de Cristian cambió por completo: un accidente de moto le dejó en silla de ruedas. Ahora tiene 30 y durante estos más de dos lustros ha logrado las metas que trazan el fragoso camino de la superación a la normalidad: se ha licenciado en Ciencias Empresariales, ha conseguido un trabajo cualificado en una importante multinacional española, está felizmente casado y ha tenido un hijo, que también se llama Cristian y que ya tiene 16 meses. 

«Cuando te ocurre algo así, hay un antes y un después en tu vida. En cierto modo es como si volvieras a nacer. De hecho, tengo una tía que cada 4 de agosto [fecha del accidente] me llama para felicitarme». Cristian reconoce que el camino «ni ha sido ni es fácil», pero él tuvo claro muy pronto que iba a seguir con su vida y a pelear por construir muchas cosas. En un entorno en el que existe una importante brecha educativa (solo tres de cada diez personas con discapacidad tienen estudios superiores) y laboral (el 62,4% de los jóvenes con discapacidad en España está en paro), el suyo podría considerarse, si recurriéramos al argot de las escuelas de negocio, como un case study o un caso de éxito.

 «¿Superación? Bueno, yo solo quería una vida normal. Lo que sí puedo deciros es que el apoyo de familiares y amigos es fundamental», subraya Cristian, que recuerda que tanto su instituto como la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona contaban con instalaciones accesibles y condiciones especiales para facilitar la integración, como el servicio de taxi que le llevó durante años a la facultad. «Pero esto no quiere decir, por supuesto, que en la sociedad no haya barreras físicas, hay muchas, muchísimas, y el trabajo que queda para hacer realmente accesibles las ciudades es enorme. Eso sí, hay otras barreras, las culturales, que pueden ser incluso más difíciles de derribar. Falta mucho civismo en relación con la discapacidad», explica a este cronista de Ethic en un encuentro en la sede barcelonesa de Gas Natural Fenosa, la empresa que le brindó la oportunidad de integrarse en el mercado laboral hace siete años, nada más licenciarse por la Universidad Pompeu Fabra.

Luis Cayo, presidente del Cermi, nos ofrece una imagen panorámica del peso social de este colectivo: «En España las personas con discapacidad suman más de 4 millones de ciudadanos y más de 12 millones si incluimos a sus familias. Esto significa que en uno de cada cuatro hogares se da una situación de discapacidad». Es evidente que las administraciones públicas tienen un rol decisivo, pero sin la proactividad de la sociedad civil y del sector privado parece imposible provocar un cambio profundo que de un vuelco a esas estadísticas que elevan a un 35% la tasa de paro de las personas con discapacidad. En la actualidad, existe una tendencia favorable en la gran empresa, que cada vez tiene más claro que la integración, más allá de las siempre loables buenas intenciones, supone una ventaja competitiva. «La gestión de la diversidad tiene un impacto positivo en la competitividad de la empresa, que ha pasado del enfoque del cumplimiento legal al de la orientación al negocio, usando la diversidad para ganar ventaja competitiva»,  explica Nacho Cendón, responsable de Desarrollo Humano y Diversidad de Gas Natural Fenosa.

«La diversidad es un puente al futuro que va a ayudar a cambiar la forma en que la empresa gestiona la organización», añade el directivo de esta compañía, que en los últimos años ha apostado fuerte al aumentar en relación a 2012 un 50% el número de trabajadores con discapacidad, que en la actualidad supera el 2% de la plantilla. Este año ha recibido, además, el certificado Bequal Plus, un sello impulsado por la Fundación ONCE que reconoce a las empresas que se sitúan a la vanguardia en este terreno.

Cristian mira con cierto temor cómo los recortes públicos pueden tirar por la borda las conquistas sociales que se forjaron en las últimas décadas. «Para que te hagas una idea, una silla de ruedas cuesta unos 4.000 euro. Cuando desaparecen estas ayudas, la gente que tiene que afrontar esos gastos y que no tiene poder adquisitivo se encuentra con un problema muy serio», apunta. En efecto, el coste de la vida para una persona con discapacidad no es una cuestión baladí: según los datos del Cermi, estos ciudadanos se enfrentan a un sobrecoste de hasta un 40% a la hora de adquirir los mismos productos y servicios que el resto de la población.

Cuando cambiamos de tema y le preguntamos por cuestiones más alegres, como la posibilidad de ampliar la familia, nuestro protagonista no puede evitar sonreír y girarse para mirar cómo el mar inunda las vistas desde La Barceloneta. «Bueno, es que el pequeño Cristian, o Cristian junior, como prefiráis, nos da las noches. ¡No hemos tenido ni una tranquila en estos dieciséis meses, así que dejadme respirar!», bromea.

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