La receta para descarbonizar la movilidad

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Más de 1.200 millones de coches, motocicletas y furgonetas utilizan derivados del petróleo

La sustitución de coches de combustión por vehículos eléctricos es una medida necesaria pero no la única ni la principal

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Los ingredientes básicos de una política de movilidad sostenible incluyen reducir el número de coches en la ciudad, mejorar la calidad y la extensión del transporte público, electrificar los medios de transporte, habilitar opciones de transporte compartido, posibilitar las opciones no contaminantes de movilidad, como el uso de la bicicleta, y caminar. La receta para descarbonizar la movilidad no funciona si falta uno de los ingredientes o si se sobreutiliza alguno de ellos.

Más de la mitad de la humanidad vive en entornos urbanos. Se estima que en 2050 esta cifra llegará hasta el 70%. Además, el 70% del total de las emisiones de gases de efecto invernadero se producen en las ciudades, la mayor parte debidas al transporte y al uso de energía en los edificios. Lograr cumplir con el objetivo del Acuerdo de París pasa por tener un transporte libre de combustibles fósiles en la mayor parte del planeta, a más tardar, en 2050. El desafío es enorme teniendo en cuenta que existen más de 1.200 millones de coches, motocicletas y furgonetas que utilizan derivados del petróleo para funcionar y a los que cada año se añaden 100 millones más.

Por todas estas razones, muchas de las ciudades del mundo están respondiendo ya a este desafío y están tomando decisiones para renovar la ciudad del siglo pasado, basada en el uso (masivo) de combustibles fósiles y transformándolas en espacios que avanzan hacia la sostenibilidad.

El transporte es una de las principales causas de contaminación del aire que respiramos en Europa. La industria, las plantas de producción eléctricas y la agricultura son los otros dos responsables. Según los últimos datos publicados por la Agencia Europea de Medioambiente, a pesar de las mejoras en calidad del aire experimentadas durante los últimos años, aún el 82% de la ciudadanía europea respira aire con niveles de contaminación por encima de los recomendados por la Organización Mundial de la Salud.

Los ingredientes básicos de una política de movilidad sostenible incluyen reducir el número de coches en la ciudad, mejorar la calidad y la extensión del transporte público, electrificar los medios de transporte, habilitar opciones de transporte compartido, posibilitar las opciones no contaminantes de movilidad, como el uso de la bicicleta, y caminar.

La receta no funciona si falta uno de los ingredientes o si se sobreutiliza alguno de ellos. Lo que significa que la sustitución de coches de combustión interna por vehículos eléctricos es una medida necesaria pero nunca la única ni la principal. Este cambio no reducirá los problemas de congestión, ni de uso de espacio público ni los problemas de acceso. Tendremos el mismo número de atascos y el mismo espacio dedicado al coche privado y seguirá siendo igual de difícil usar la bici o pasear. Tendremos, eso sí, atascos más silenciosos y menos emisiones de gases de efecto invernadero en la ciudad. Pero esto no significa que desaparecerán. Sólo se reducirán globalmente si el mix energético se enverdece y las fuentes de energía renovables pasan a ser el principal suministrador de electricidad del país. Es decir, quemar carbón o quemar gas para producir la electricidad que necesitan los vehículos eléctricos simplemente traslada el problema de la contaminación de las ciudades a los centros de producción, normalmente alejados de las mismas. No podemos olvidar tampoco que la producción de baterías y motores eléctricos requiere el uso de una gran cantidad de materiales tóxicos como níquel, aluminio y cobre.

Aquellas ciudades o empresas que están trabajando en descarbonizar su movilidad lo hacen diversificando sus medidas. En Oslo, conocida como ‘la capital mundial del vehículo eléctrico’, no sólo han apostado por la instalación de miles de nuevos puntos de recarga y por proporcionar incentivos fiscales para su compra, también han tomado medidas para lograr un cambio modal. Algunas pretenden reducir el uso de coches. Por ejemplo, se han aprobado nuevos peajes al uso de carreteras, se ha restringido el aparcamiento dentro de la ciudad y se ha prohibido la entrada de vehículos diésel al centro. Otras medidas intentan hacer más atractivas las opciones de transporte colectivas y no contaminantes para conseguir ese cambio modal: se ha diversificado las opciones de transporte público, se ha mejorado su calidad modernizando las estaciones y reduciendo el intervalo de tranvías y buses, se ha construido nueva infraestructura de metro y se ha reducido un 20% el precio del billete mensual. Además, el 60% de la energía que utiliza el transporte público de la ciudad es de origen renovable. Todo ello para acercarse al objetivo de la ciudad de ser neutral en emisiones en 2030.

También hay buenos ejemplos de diversificación de medidas tomadas a nivel empresarial. La empresa alemana de correos, Deutsche Post DHL, la mayor empresa de logística del mundo, se ha comprometido a sustituir el 70% de los medios de transporte de comienzo y final de milla por bicicletas y coches eléctricos, a abastecer sus oficinas con energías renovables y a certificar al 80% de sus trabajadores como ‘especialistas verdes’.

Todas estas experiencias pueden servir de inspiración a aquellas ciudades -y también empresas- que quieren descarbonizar su movilidad. Ampliar el foco de las posibles soluciones ayudará a encontrar la mezcla de medidas más conveniente para cada caso.

Ana Belén Sánchez es coordinadora del área de Sostenibilidad de Fundación Alternativas


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