La lección del ozono

Ozono

El Tratado de Montreal ha evitado que las dos terceras partes de la capa de ozono se hayan destruido

El O3 es capaz de absorber casi el 99% de la radiación ultravioleta, letal para la vida sobre
la tierra

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La Humanidad estuvo a un paso de conseguir que el calentamiento global, previsto para este siglo en dos grados, hubiera sido de muchos más. El motivo está una forma alotrópica del oxígeno contenido en la atmósfera, que comúnmente conocemos como ozono. O más bien, en nuestro empeño por cargárnoslo a finales del siglo pasado. Faltó poco.

La capa de ozono ocupa una franja en la atmósfera de entre 15 y 40 kilómetros de grosor, y es capaz de absorber casi el 99% de la radiación ultravioleta de alta frecuencia que nos llega del sol, extremadamente nociva para la vida de nuestro planeta, animal y vegetal. Durante unos cinco millones de años cumplió su función perfectamente, pero bastaron unas pocas décadas para que empezara a deteriorarse. El principal motivo: el uso profuso de aerosoles de todo tipo (desde productos de limpieza hasta laca para el pelo), tan de moda en la década de los ochenta. O más bien de los compuestos clorofluorocarbonados (CFC) que contenían: el cloro de su molécula destruye el O3, o sea, el ozono. Los CFC también se contenían en el fluido refrigerante de los equipos de aire acondicionado.

A mediados del siglo pasado, los científicos descubrieron que esta concentración de ozono estaba disminuyendo, especialmente sobre los polos. En los años ochenta saltaron las alarmas cuando se descubrió que la reducción de la capa de ozono en un área que ocupaba casi toda la Antártida era de un 50%. Quien tuviera uso de razón en aquella década, recordará que el ozono llenaba todos los días los telediarios, con mensajes apocalípticos. No era para menos: si este gas seguía desapareciendo a ese ritmo, en unos pocos años bastaría una exposición al sol de menos de 10 minutos para provocar quemaduras en la piel.

El 16 de septiembre de 1987 se reunió la Asamblea General de las Naciones Unidas para firmar el Protocolo de Montreal. En uno de sus puntos, se obligaba a sustituir los freones (fluido refrigerante) por otros libres de CFC. Lo mismo en el caso de los aerosoles. Según un informe reciente de la NASA, el Tratado de Montreal ha evitado que las dos terceras partes de la capa de ozono se hayan destruido del todo. De haber sido así, hoy la temperatura mundial ya habría aumentado en más de un grado centígrado y muchos cultivos habrían desaparecido.

Los efectos habrían sido devastadores: la intensidad de los rayos ultravioleta se habría multiplicado por seis, dañando el ADN de cualquier ser vivo expuesto unos pocos minutos al sol. La catástrofe evitada, por poco, es de tales dimensiones, que ya en 1994, la Asamblea General de las Naciones Unidas instauró el 16 de septiembre como el Día Internacional para la Preservación de la Capa de Ozono.

La buena noticia es que la Humanidad, aunque parece perseguir su autodestrucción y la del planeta contumazmente, también es capaz de hacer las cosas bien. Según estimaciones de Naciones Unidas, a partir de 2020, el mundo estará libre, en su totalidad, de CFC.

La concentración de ozono en la atmósfera no ha vuelto a ser la misma que en los cinco millones de años anteriores, pero al menos no ha descendido a niveles preocupantes. De esto deberíamos sacar una lección: las grandes tragedias medioambientales se evitan con medidas unificadas y radicales. El cambio climático es una de esas tragedias, y la reacción de la comunidad internacional, por el momento (aun con la firma del Acuerdo de París), sigue siendo demasiado tibia.


COMENTARIOS

  1. ¿La NASA no se cargó la capa de ozono?


  2. !una noticia medianamente buena!


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