Amanda Castillo
Tenemos derecho a envejecer como los hombres
«Empecé a mentir sobre mi edad a los 10 años. Sistemáticamente, me quitaba un año, cuando no eran dos. Un poco joven para avergonzarse de su año de nacimiento, pensarán algunos. Tienen razón», señala Amanda Castillo.
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Empecé a mentir sobre mi edad a los 10 años. Sistemáticamente, me quitaba un año, cuando no eran dos. Un poco joven para avergonzarse de su año de nacimiento, pensarán algunos. Tienen razón. Esa cifra enseguida me pareció una desgracia, una condena. Hacia los 12, empecé a encerrarme en mi cuarto la víspera de mi cumpleaños. En mi diario secreto de entonces, aparecen las siguientes frases: «Forever twelve», «Forever thirteen» o «I am fourteen, will always be fourteen» («Siempre doce», «Siempre trece» o «Tengo catorce y siempre tendré catorce»). Desde la adolescencia, mi cerebro nunca ha dejado de mostrarse hipervigilante. Todavía hoy interpreto la menor alusión a mi edad como una amenaza. La vivo como una presión psíquica insoportable, como un escupitajo destinado a humillarme. Entonces me escabullo. Me niego a contestar. Jamás digo mi edad.
La cultura, repleta de estereotipos edadistas y sexistas, parece haberse confabulado contra mí. No hay día en que un artículo de prensa, una encuesta, una película, un programa de radio o un anuncio no echen sal en la herida abierta. «¿Dónde están las viejas? ¿Dónde están sus cuerpos? –pregunta la periodista Titiou Lecoq–. Tengo 41 años ¿Qué modelos me propone la sociedad? Mujeres más jóvenes, cinco o diez años menores, o mujeres a las que claramente les doblo la edad. En todas partes. Constantemente». Nadie se escapa al envejecimiento, pero cuando se trata del de las mujeres, ese fenómeno sufre un cruel sesgo. La publicidad, el cine, las ficciones, que se consideran el espejo de la sociedad, solo reflejan imágenes de extrema juventud o ancianas que preparan mermeladas. Cuando una mujer de mediana edad busca su reflejo en ese espejo, no encuentra nada. «¿Cuál es mi futuro como mujer de 40 años? –sigue preguntándose Titiou Lecoq–. La sociedad me dice que no existe». Que ha llegado la hora de dirigirse hacia el rincón tranquilo de la no-existencia. Como si nuestra obsolescencia estuviera programada y fuera inevitable.
Desde la adolescencia, mi cerebro nunca ha dejado de mostrarse hipervigilante. Todavía hoy interpreto la menor alusión a mi edad como una amenaza
Es falso pensar que esa desaparición es un problema de las mujeres de 40, 50 o 60 años. Es un problema que atañe a todas las mujeres. Cuando mi amiga Coco, de 56 años, me cuenta que ahora, en la calle, tiene el superpoder de la invisibilidad, no lo interpreto como un triunfo. Veo lo que me espera. Siempre lo he visto. Como Annie Ernaux, yo también me observaba pensando: «Mi reflejo en el espejo. Satisfactorio. Pero a los 22 años, detrás del rostro real, ya la amenaza de otro, imaginario, terrible, piel ajada, rasgos endurecidos. Vieja igual a fea igual a soledad».
¿A qué edad se convierte una mujer en un objeto caducado? Según un estudio realizado en Finlandia, la edad ideal de una mujer para los hombres –tengan 40, 50 o 60 años– es de 22 años. Otro estudio llevado a cabo por Kitae Sohn, investigador de la Universidad de Konkuk, en Seúl, asegura que, sea cual sea su edad, su estatus social, su cultura y la relación deseada (corta, larga o esporádica), la inmensa mayoría de los hombres heterosexuales se sienten atraídos por mujeres de entre 17 y 25 años. El 24 de agosto de 2018, el periódico francés Le Monde publicó el siguiente titular, basado en un estudio estadounidense acerca de la seducción a través de internet: «En los portales de citas, la edad de máximo atractivo de las mujeres es a los 18 años y la de los hombres, a los 50». Christian Rudder, el fundador de OkCupid, uno de los portales de citas más importantes de Estados Unidos, explica: «Una mujer acostumbra a buscar hombres que tengan más o menos su edad. Para un hombre, la mejor edad de una mujer se sitúa al principio de la veintena. Y punto. Las mujeres con más likes de hombres siempre tienen entre 20 y 24 años, incluso entre los hombres de más de 40. En cuanto una chica alcanza la edad legal para consumir alcohol, ya es demasiado vieja».
¿A qué edad se convierte una mujer en un objeto caducado?
Otra encuesta realizada entre 2.000 personas de 18 años o más por Ifop para Wyylde, una red social de citas, revela que uno de cada cinco hombres no quiere una mujer mayor que él, ni tampoco más alta. A la altura y al año de nacimiento se suman otros criterios. Así, el 48 % de los franceses jamás aceptarían como pareja a una mujer que no cumpliera con los estándares de belleza; el 45% se negaría a acostarse con una mujer que tuviera vello en las piernas; el 47% con una que tuviera vello en las axilas; el 40% con una mujer que llevara el pubis al natural; y un hombre de cada tres desdeña a las mujeres con sobrepeso.
Esas cifras abstractas aparecen escenificadas constantemente por todos los actores de la cultura, tanto hombres como mujeres, cosa que aumenta su impacto. «Noto que estoy jodida físicamente –confiesa Blanche Gardin a propósito de su 40 cumpleaños–. Estoy cascada, estoy cansada. Cuando llueve, cojeo. Se ha acabado. Mis células ya no se reproducen, mis órganos degeneran». La humorista también menciona una ley omnipresente en la sociedad. «Si eres una mujer, debes aceptar esa ley, totalmente injusta, según la cual los hombres de mi edad, a los que antes podía aspirar, de repente pueden aspirar a otras mucho más jóvenes que yo. Es una ley aceptada con absoluta espontaneidad [por el conjunto de las mujeres]».
Este texto es un extracto de ‘Tenemos derecho a envejecer como los hombres’ (Continta me tienes, 2026), de Amanda Castillo.
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