'Splinternet'
¿La red también se está dividiendo en bloques?
Aunque la promesa de internet era unir al mundo en una sola red global, aquella visión de una red abierta y sin fronteras se aleja cada vez más debido a la geopolítica digital.
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Internet empieza a fragmentarse. Se conoce este fenómeno por su término en inglés, splinternet. Aunque también se dice que se está produciendo una «balcanización» de la red. Este término procede de la historia de los Balcanes, que a lo largo del siglo XX se fue dividiendo en Estados pequeños tras la desintegración de grandes imperios y, más tarde, de Yugoslavia. Esa fragmentación estuvo marcada por fronteras rígidas, tensiones políticas y numerosos conflictos. Trasladado a internet, el concepto no implica violencia, pero sí una ruptura de la idea de una red única y universal.
En lugar de un espacio digital compartido, estamos avanzando hacia múltiples «internets» nacionales o regionales, condicionados por intereses geopolíticos, leyes locales, modelos de control de la información y estrategias de soberanía digital. Lo que una persona puede ver, publicar o usar en internet depende cada vez más de dónde se encuentre y de bajo qué sistema político y normativo navegue.
La idea de splinternet fue mencionada por primera vez en 2001 por el investigador Clyde Wayne Crews, quien hablaba de «internets paralelos» que funcionarían como universos autónomos. Desde entonces, distintos expertos han advertido de la creciente fragmentación de la red de redes. El investigador Julien Nocetti, en un informe del Institut Français des Relations Internationales (IFRI), sostiene que esta fragmentación refleja estrategias geopolíticas más amplias de países como China, Rusia, India y la Unión Europea para proteger sus intereses tecnológicos y económicos, lo que puede llevar a un internet con zonas cada vez más autónomas y reguladas de formas distintas.
La fragmentación de la red no es un fenómeno casual ni puramente tecnológico. Detrás de ella hay decisiones políticas y geopolíticas muy concretas, tomadas por los gobiernos en función de sus intereses, temores y estrategias a largo plazo. En muchos casos, la www deja de verse como un espacio neutral y pasa a considerarse un territorio más que debe ser gestionado, protegido o controlado.
Detrás de la fragmentación de la red hay intereses económicos y geopolíticos concretos
Uno de los motivos principales es el deseo de controlar mejor la información dentro de las fronteras nacionales. Algunos Estados buscan decidir qué contenidos pueden circular libremente y cuáles no, ya sea por razones ideológicas, culturales o de estabilidad política. Este control se ejerce a través de leyes, censura directa o filtros tecnológicos que condicionan lo que los ciudadanos pueden ver o compartir en la red. A esto se suman las tensiones internacionales y los conflictos geopolíticos, que llevan a muchos países a desconfiar de infraestructuras digitales controladas desde el extranjero. Plataformas, servidores o sistemas operativos se perciben como posibles puntos de vulnerabilidad, lo que impulsa a los Estados a crear redes propias o a limitar la dependencia de empresas tecnológicas de otros países.
También entran en juego argumentos de seguridad, como la prevención del terrorismo, la desinformación o la protección a los menores. Bajo estas justificaciones, algunos gobiernos restringen el acceso a determinados servicios o contenidos que consideran peligrosos o contrarios a sus valores, aunque estas medidas a menudo generan debates sobre hasta dónde debe llegar ese control.
Por último, existe un interés económico y estratégico por fomentar industrias tecnológicas nacionales. Al limitar la presencia de grandes plataformas extranjeras, algunos países buscan dar espacio a empresas locales y reforzar su soberanía digital. El resultado de todos estos factores es la construcción de muros digitales, normativas específicas y sistemas cerrados que, poco a poco, van alejando a los ciudadanos de una internet verdaderamente global.
China, Rusia y otros casos de ‘splinternet’
Uno de los ejemplos más conocidos de splinternet es la estructura que China ha construido desde finales de los años 90 para controlar el acceso a la información. Popularmente conocida como el Gran Cortafuegos (Great Firewall), esta red de filtros y bloqueos impide que muchas páginas y servicios globales, como Google, Facebook o X, sean accesibles en el país. El sistema forma parte de un proyecto mayor llamado Escudo Dorado, que incluye herramientas técnicas y legales para monitorear y filtrar el tráfico de internet. El objetivo oficial del gobierno chino es «proteger la seguridad de la información» y mantener la estabilidad social, aunque para muchos esto significa restringir la libertad de expresión y el acceso a información crítica. El resultado es que los usuarios en China acceden a una versión de la red muy distinta de la que se usa en Europa o América, con plataformas locales como WeChat, Baidu o Weibo dominando el espacio digital.
Rusia también ha avanzado hacia una versión más cerrada de la red. Desde 2019, con la implementación de la llamada Ley de Internet Soberano, el país ha desarrollado lo que se conoce como RuNet, una parte de internet controlada por el Estado. Esta normativa permite a las autoridades rusas desconectar el país de la red global en caso de «amenazas» a la seguridad nacional, y controlar qué servicios y contenidos son accesibles desde dentro de sus fronteras. Más recientemente, nuevas leyes han ampliado el control sobre el tráfico de datos y el contenido. Los expertos han señalado que esta tendencia podría llevar no solo a bloqueos temporales de plataformas, sino a un internet ruso cada vez más cerrado e independiente de la global.
El gobierno iraní es otro de los ejemplos en los que se aplican restricciones y filtros que bloquean servicios internacionales, obligando a muchos usuarios a buscar herramientas alternativas como VPNs para conectarse a plataformas en el exterior del país. Además de censurar contenidos, estas restricciones también afectan a cómo los ciudadanos interactúan online, obligándolos a adaptarse a entornos digitales más cerrados y controlados.
Y no solo China, Rusia e Irán han adoptado estas medidas; en distintos grados, otros países de Medio Oriente, Asia y África también implementan filtros, bloqueos temporales o requisitos de datos locales que afectan la experiencia global de internet.
La pregunta sobre si es posible volver a un internet verdaderamente unificado no tiene una respuesta sencilla. Algunos analistas sostienen que, mientras la tecnología fundamental (como los protocolos técnicos) siga siendo compartida, siempre existirá la posibilidad de reconectar fragmentos aislados. Sin embargo, si los países desarrollan distintos internets técnicamente incompatibles o completamente soberanos, los desafíos para volver a una red global podrían ser enormes.
Desde un punto de vista práctico, muchos gobiernos occidentales también han discutido medidas de control de contenidos por motivos de seguridad o protección de menores, lo que muestra que incluso en democracias consolidadas hay presiones para regular el acceso a la información. La geopolítica digital influye cada vez más en qué se puede ver y compartir en la red. Tanto para ciudadanos como para empresas, entender el splinternet es clave para navegar un mundo en el que las barreras digitales pueden ser tan importantes como las fronteras físicas.
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