TENDENCIAS
Cultura

Siete citas imprescindibles con la historia y la cultura para entender por qué París arde otra vez

Francia vuelve a la «revuelta» con unas formas actuales que invitan a mirar al pasado y ver de dónde viene esta tradición de lucha en las calles.

¿QUIERES COLABORAR CON ETHIC?

Si quieres apoyar el periodismo de calidad y comprometido puedes hacerte socio de Ethic y recibir en tu casa los 4 números en papel que editamos al año a partir de una cuota mínima de 30 euros, (IVA y gastos de envío a ESPAÑA incluidos).

COLABORA
23
octubre
2026
Eugène Delacroix, La libertad guiando al pueblo. Wikimedia Commons

Francia está de revuelta, y nunca mejor dicho. Vuelven las multitudinarias manifestaciones, huelgas y movilizaciones de varios sectores sociales. Hasta aquí, todo entra dentro de lo normal y legítimo. Quizá lo que ya no lo es tanto son los llamados casseurs, derivado del verbo casser (romper), personas que, lejos de sostener las movilizaciones y reivindicaciones, las empañan con su comportamiento, destrozando, vandalizando y robando.

Es necesario señalar que la historia de Francia demuestra que las revueltas en las calles, las barricadas e incluso episodios muy violentos y sangrientos han sido capaces de influir profundamente en el devenir nacional, provocando cambios, derrocando reyes y cambiando gobiernos.

Francia vuelve a la «revuelta» con unas formas actuales que invitan a mirar al pasado y ver de dónde viene esta tradición de lucha en las calles.

Revueltas de 2005 y 2023

Ambos episodios compartieron causas y efectos. En 2005, dos jóvenes murieron electrocutados al esconderse en un transformador mientras huían de un control policial rutinario. En junio de 2023, Nahel Merzouk, adolescente de origen argelino sin carné, murió por disparos policiales tras no detenerse en un control de tráfico. La respuesta fue inmediata.

En el primer caso, la tensión aumentó cuando el entonces ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, llamó «racaille» (escoria, chusma) a los jóvenes de los barrios populares. Estos reaccionaron de manera consecuente con el argumento de que tenían derecho.

Miles de personas salieron a la calle a manifestarse, pero también a mostrar de la forma más violenta posible su rabia y rechazo. Lo hicieron rompiendo mobiliario, enfrentándose a la policía y quemando coches. Esta escalada violenta podría interpretarse como una agresión simbólica contra los bienes materiales que separan la periferia marginal del centro.

Las revueltas duraron semanas y en ambos casos se tuvo que imponer el toque de queda. Hubo numerosos enfrentamientos, cientos de detenidos y un debate todavía abierto sobre el racismo y la actuación policial.

Mayo de 1968

La película La chinoise, de Jean-Luc Godard (1967), predice lo que estaba a punto de pasar en mayo de 1968. El autoritarismo de las instituciones, la falta de libertades en el ámbito universitario, el rechazo a las normas sociales tradicionales y la crítica al capitalismo fueron la gasolina que incendió a los universitarios de París en aquella primavera. A ellos se unieron millones de trabajadores que reclamaban mejores salarios y condiciones laborales.

Daniel Cohn-Bendit, uno de los líderes de Mayo del 68, defendía que los jóvenes no podían limitarse a manifestarse pacíficamente y volver a casa. En las calles levantaban barricadas contra el sistema, mientras las huelgas y revueltas superaban las reivindicaciones estudiantiles y movilizaban a trabajadores y a gran parte de la sociedad.

Daniel Cohn-Bendit, uno de los líderes de Mayo del 68, defendía que los jóvenes no podían limitarse a manifestarse pacíficamente y volver a casa

El movimiento colectivo puso en jaque al gobierno de Charles de Gaulle, que tuvo que disolver la Asamblea Nacional y convocar elecciones legislativas. Hubo avances en derechos laborales y mayor libertad de expresión.

La Comuna de París (1871)

Tras diez meses de guerra, Francia fue derrotada por las tropas prusianas de Bismarck en la batalla de Sedán (2 de septiembre de 1870). El emperador francés, Napoleón III, fue capturado y, el 4 de septiembre, se proclamó la Tercera República, presidida por el conservador Adolphe Thiers.

La humillación de la derrota, el hambre durante el asedio prusiano de París y el descontento con el Gobierno provocaron una insurrección popular en los barrios obreros. Durante poco más de dos meses, la Comuna intentó crear una organización social autónoma, basada en la democracia, la participación ciudadana directa y la igualdad social.

El 18 de marzo de 1871, el gobierno intentó retirar los cañones de la colina de Montmartre para recuperar el control de las armas y reforzar su autoridad, pero la población se opuso y numerosos soldados se negaron a disparar contra los ciudadanos.

Thiers reorganizó el ejército en Versalles para recuperar París. Entre el 21 y el 28 de mayo de 1871, durante la Semana Sangrienta, hubo violentos combates callejeros, con barricadas, tiroteos y fusilamientos de revolucionarios, además de asesinatos de rehenes por algunos comuneros. Murieron miles de personas y muchas fueron encarceladas o deportadas, poniendo fin a la Comuna de París. En este caso, las calles fueron derrotadas. El pintor Edouard Manet plasmó el momento en su acuarela titulada Barricada (1871).

Rebelión de 1832 y Revolución de 1848

La novela Los miserables, de Victor Hugo (1862), refleja la pobreza, las injusticias, las desigualdades sociales y las luchas políticas de su época, así como la insurrección republicana y estudiantil de 1832 contra la monarquía de Luis Felipe I.

El descontento surgió por el derecho al voto limitado a los más ricos, la influencia desmedida de la burguesía y las condiciones de extrema precariedad de los obreros y las clases populares.

Por ello, los días 5 y 6 de junio de 1832, los republicanos levantaron barricadas en las calles de París con muebles, adoquines y carros. Allí se enfrentaron al ejército y a la Guardia Nacional mediante tiroteos y combates cuerpo a cuerpo. Murieron decenas de insurgentes y soldados, pero la rebelión fue reprimida y la monarquía recuperó el control de las calles.

Por su parte, La educación sentimental (1869), de Gustave Flaubert, refleja las causas y consecuencias de la Revolución de Febrero de 1848. Frédéric Moreau caminaba por París cuando escuchó disparos y gritos. Los obreros, afectados por el desempleo y el encarecimiento del pan, se unían a estudiantes y republicanos. Cerca de la calle Saint-Honoré, contempló a cientos de ciudadanos levantando barricadas y enfrentándose a las tropas de Luis Felipe I.

Las reivindicaciones políticas y sociales, junto con la prohibición de un banquete organizado para reclamar reformas, llevaron a miles de personas a las calles. Los gritos de «¡Viva la reforma!» resonaban entre los adoquines, los disparos y las barricadas. La lucha se extendió por París hasta que la insurrección triunfó: Luis Felipe I fue derrocado y se proclamó la Segunda República Francesa. Esta vez, la lucha en las calles consiguió cambiar el destino de Francia.

Las Tres Gloriosas (1830)

En Las ilusiones perdidas, Balzac refleja la importancia de la prensa y la censura en la sociedad francesa, un conflicto relacionado con las causas de la Revolución de 1830.

El 26 de julio, el rey Carlos X restringió la libertad de prensa y disolvió la Cámara de Diputados, provocando la indignación popular. Durante los días 27, 28 y 29 de julio, los ciudadanos levantaron barricadas en las calles de París y se enfrentaron al ejército entre disparos y combates.

Como representa Delacroix en La Libertad guiando al pueblo, la lucha callejera acabó con la abdicación de Carlos X y el ascenso de Luis Felipe de Orleans al trono. Una vez más, las calles ganaron al poder.

Las revueltas registradas en Francia en las últimas semanas tienen raíces específicas y se desarrollan con una lógica propia, pero en cierta manera beben también de esa tradición histórica y de un sentido de transformación política y social que se gesta a pie de calle. A buen seguro, la puesta en escena y la representación de los sucesos actuales darán lugar a nuevos hitos culturales e imaginarios.


Ana María Iglesias Botrán es profesora especialista en estudios culturales franceses y análisis del discurso, Universidad de Valladolid. Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

The Conversation

ARTÍCULOS RELACIONADOS

COMENTARIOS

SUSCRÍBETE A NUESTRA NEWSLETTER

Suscríbete a nuestro boletín semanal y recibe en tu email nuestras novedades, noticias y entrevistas

SUSCRIBIRME