Imaginemos a una adolescente de 12 años que tiene su primera regla durante una mañana en el colegio. No sabe qué está ocurriendo, le preocupa mancharse la ropa y duda si pedir ayuda por vergüenza o miedo a las bromas. Aunque esta situación es frecuente, refleja una realidad que continúa: la menstruación sigue siendo un tema rodeado de tabúes.
Una de las creencias más comunes es pensar que la regla es «cosa de chicas». Sin embargo, no debería ser un tema reservado a quienes menstrúan. Se trata de una cuestión de salud, educación y convivencia que afecta a toda la sociedad.
Hemos investigado recientemente qué saben realmente sobre menstruación los adolescentes, qué mitos siguen vigentes y de dónde obtienen la información. Aunque muchos centros cuentan con actividades sobre salud, el 80 % de los alumnos encuestados considera que necesita más información sobre la menstruación. El dato más llamativo es que esta carencia afecta tanto a quienes menstrúan como a quienes no.
Menstruar no garantiza saber más
A menudo damos por hecho que la experiencia personal basta para comprender la menstruación. Sin embargo, los resultados de estudios sugieren lo contrario.
Aunque las adolescentes que menstrúan muestran un mayor conocimiento sobre algunos aspectos concretos, encontramos importantes lagunas de información en todos los grupos. Persisten dudas sobre fertilidad, ciclo menstrual, productos menstruales y salud sexual, incluso entre quienes llevaban años menstruando. Y es que aprender sobre la regla no es algo que ocurra automáticamente cuando llega.
Esto tiene consecuencias importantes. Tres de cada cuatro adolescentes describen su primera menstruación utilizando términos como «miedo», «dolor», «vergüenza» o «extrañeza». Cuando un proceso biológico natural se vive con emociones predominantemente negativas, es legítimo preguntarse si realmente estamos preparando a los jóvenes para comprenderlo.
Los chicos también necesitan educación menstrual
Aun así, muchos de los mitos sobre este proceso natural aparecen con mayor frecuencia entre adolescentes que no menstrúan. Siguen presentes creencias como que la sangre menstrual tiene necesariamente mal olor o que las personas que conviven sincronizan sus ciclos menstruales. Este último es, de hecho, uno de los mitos más extendidos, aunque la evidencia científica disponible no ha demostrado de forma concluyente que ocurra.
Cuando los chicos quedan excluidos de la educación menstrual, su conocimiento suele construirse mediante comentarios informales
Cuando los chicos quedan excluidos de la educación menstrual, su conocimiento suele construirse mediante comentarios informales, rumores o información procedente de internet y redes sociales. Esto favorece la persistencia de falsas creencias y también contribuye a mantener el estigma de que todavía rodea a la menstruación.
La educación menstrual es una oportunidad de aprendizaje para todos. Comprender qué ocurre durante el ciclo menstrual permite desarrollar empatía, combatir prejuicios y normalizar una realidad que forma parte de la vida cotidiana de millones de personas.
¿Quién enseña sobre menstruación?
La principal fuente de información sigue siendo la familia, especialmente las madres. Antes y después de la primera menstruación, ellas continúan siendo la referencia más importante para resolver dudas. En segundo lugar, aparecen las amistades y, posteriormente, internet y las redes sociales. La escuela ocupa una posición mucho más discreta de lo que cabría esperar para un tema tan relevante desde el punto de vista educativo y sanitario.
Sin embargo, el centro educativo tiene una ventaja fundamental: puede proporcionar información basada en evidencia científica y accesible para todo el alumnado, independientemente de sus circunstancias familiares. Cuando la educación menstrual depende exclusivamente del entorno familiar, existe el riesgo de que también se transmitan mitos, tabúes o conocimientos incompletos heredados de generaciones anteriores. La escuela podría ayudar a romper este círculo.
Más allá de la higiene
Otro problema frecuente es que la menstruación suele abordarse únicamente desde una perspectiva higiénica o biológica. Se explican las fases del ciclo, los productos menstruales o algunos cambios físicos, pero muchas veces quedan fuera aspectos emocionales, sociales y culturales igual de importantes.
La regla influye en la relación con el propio cuerpo, en la autoestima e incluso en las dinámicas sociales dentro de los centros educativos. No es únicamente una cuestión biológica. Por ejemplo, algunas adolescentes pueden sentir vergüenza ante la posibilidad de mancharse la ropa o de tener que solicitar productos menstruales en público, lo que puede llevarlas a evitar determinadas actividades escolares, deportivas o sociales. Los mitos y estereotipos asociados a la menstruación pueden favorecer situaciones de incomodidad, burlas o silencio en el entorno escolar, afectando al bienestar emocional y a la confianza de quienes menstrúan.
Una educación menstrual verdaderamente inclusiva debe reconocer la diversidad de experiencias existentes. Hombres trans y personas no binarias también pueden menstruar, aunque con frecuencia quedan invisibilizados cuando la educación menstrual se plantea exclusivamente para chicas cisgénero. Por ello, es necesario incluir también estas realidades en la enseñanza sobre la regla.
Una tarea educativa pendiente
Resulta paradójico que, en una época en la que hablamos cada vez más abiertamente de educación sexual, la menstruación siga rodeada de silencios, incomodidades y tabúes.
La solución no pasa por añadir una charla aislada al calendario escolar. Requiere una educación continuada que comience antes de la menarquia e incluya a todo el alumnado. A través de tutorías y charlas entre iguales, se podría crear un espacio seguro donde las adolescentes compartan sus experiencias y conocimientos. De esta manera, se contribuye a normalizar la menstruación y reducir los tabúes y estigmas que la rodean. Porque cuando los adolescentes conocen mejor su cuerpo y entienden las experiencias de los demás, no solo aprenden sobre salud, sino también sobre respeto y convivencia.
Marina Gómez de Quero Córdoba es profesora Lectora en Grado en Enfermería, Universitat Rovira i Virgili y Jorge-Manuel Dueñas es profesor en psicología evolutiva y de la educación, Universitat Rovira i Virgili. Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.
COMENTARIOS